Película: Criaturas luminosas (2026)
Dirigido por: Olivia Newman
Disponible en: Netflix
Por Candela Melpignani //
chande.melpi@gmail.com
En un mundo donde estamos conectados todo el tiempo, muchas personas siguen sintiéndose profundamente solas. La película Criaturas luminosas habla justamente de esa paradoja tan presente hoy: la sensación de estar rodeados de gente y, aún así, sentir que nadie termina de comprender realmente lo que nos pasa. A través de sus personajes, este film muestra personas que continúan con sus rutinas mientras cargan dolores, pérdidas y emociones que casi nunca logran expresar.
Eso es algo muy presente también en la realidad de muchos adolescentes y jóvenes. Muchas veces parece más fácil responder “estoy bien”, hacer un chiste o distraerse con el celular antes que mostrar lo que realmente sucede por dentro. Existe miedo a sentirse juzgados, incomprendidos o a creer que los propios problemas pueden molestar a los demás. Y así, aunque haya comunicación constante, no siempre existe una conexión verdadera.
El acuario de la película funciona como una metáfora muy fuerte de esa realidad. Las criaturas están visibles detrás del vidrio: todos pueden observarlas, pero siguen separadas del resto del mundo. Algo parecido ocurre muchas veces entre las personas. Compartimos espacios, conversaciones y momentos cotidianos, pero aun así podemos sentirnos emocionalmente lejos unos de otros.
Por eso resulta tan importante el vínculo que se genera entre los personajes y Marcellus, el pulpo. Aunque parezca extraño, es justamente esa relación la que empieza a romper el aislamiento en el que viven. La película muestra que muchas veces no necesitamos que alguien resuelva nuestros problemas, sino sentir que realmente le importamos a alguien y que nos está escuchando.
Don Bosco esto lo entendió muy bien, sabía que los jóvenes necesitan sentirse escuchados, acompañados y valorados de verdad. Por eso insistía con estar en medio de ellos, compartir con ellos y construir vínculos cercanos y sinceros.
La película invita entonces a preguntarnos cuánto mostramos realmente de nosotros mismos, cuánto escondemos detrás de silencios o apariencias y cuánto estamos dispuestos a mirar desde el corazón a quienes nos rodean. Porque, a veces, que alguien se acerque un poco al vidrio con pasos sinceros, alcanza para que dejemos de sentirnos tan solos del otro lado.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2026
