Payasos que hacen reír y soñar a pacientes

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Viajar en avión a una playa paradisíaca, dirigir una orquesta de ópera, ser maestra de inglés. Todo esto es posible cuando «Petardo», «Puchini», «Colorete», «Cachete» y «Fainá», clowns integrantes de Alegrañatas, hacen de las suyas mientras buscan hacer estallar sonrisas en distintos hospitales.

Disfrazados con ropa colorida y narices de payaso, estos 5 voluntarios recorren los pasillos y las habitaciones de diferentes hospitales públicos y privados. Allí, se disponen a cumplir los sueños de los pacientes, a llevarlos a sus recuerdos más felices, a abrazarlos, hacerlos cantar, y regalarles una fiesta inolvidable.

«Vivimos en el mundo de las sorpresas todo el tiempo. No hay técnicas, sólo el corazón. Nosotros venimos a acompañar, a estar a su lado y jugar con ellos. Somos mucho de abrazar, de mirar a los ojos, de regalar sonrisas», dice Hernán Rodríguez -alias «Colorete»-, que en 2006 empezó a estudiar clown y encontró una vocación que necesitaba compartir con otros.

El objetivo es llevar alegría, a través del juego y la fantasía, a las personas que se encuentran en situación de internación. Sin recetas, sin planificación. Sin más secretos que poner el cuerpo y el corazón.

«Un día me metí en el hospital de San Martín, en Buenos Aires, y empecé a ver la transformación de las caras de los pacientes y sus familias. Entré en la terapia intensiva y una señora me pidió un abrazo. Son emociones muy fuertes. Entonces arranqué en el Hospital Houssay, de Vicente López, y descubrí que tenía un don que me apasionaba.

Cada vez que salía del hospital me sentía diferente y empecé a vivir sin peros», cuenta Rodríguez, que empezó a invitar a amigos a esta cruzada, que hoy está integrada por más de 60 clowns.

Además de las recorridas por los hospitales en las que llegan a un promedio de 180 pacientes por mes, Alegrañatas funciona como un lugar de aprendizaje y desarrollo del clown. Actualmente cuentan con una escuela con orientación al trabajo en hospitales, de la cual los voluntarios tienen que participar para poder hacer las prácticas con los pacientes.

Saludan a la gente que espera ser atendida en los pasillos, o que están en la cafetería. Regalan señaladores a las personas que están leyendo, abrazan a una señora en silla de ruedas, invitan a un adolescente a que le diga a su mamá que la quiere, juntan a personas para hacer una ronda y jugar en el pasillo. Todo es sorpresa, alegría, carcajadas y energía positiva cuando los Alegrañatas se adueñan del hospital.

«Hay que sacarles el miedo a los pacientes y a los familiares. Los payasos se saben alimentar de los que viven con los pacientes. Por eso tenemos psicólogos que siguen a nuestros voluntarios», explica Rodríguez mientras le pregunta a las enfermeras en qué habitación pueden entrar a hacer su magia.

A Julia, una joven de 23 años, le dicen que le van a cumplir su sueño. «Ir de viaje a alguna playa», dice ella. Y así es como los cinco clowns se transforman instantáneamente en avión y la llevan de vacaciones.

A Vicky, una señora mayor que acaba de salir de una operación en la cabeza, le cantan una ópera mientras ella hace las veces de directora de orquesta. «Yo tengo buen oído», dice orgullosa, con una sonrisa plena.

Fuente: www.lanacion.com

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