Don Bosco va al barrio

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Los oratorios de Curuzú Cuatiá, en Corrientes.

Por Josefina Vera

josefinaveraprof@gmail.com

Hay lugares que se iluminan cuando llegan nuestros “gurises”. Una canchita, una plaza o algún espacio junto con la capilla pueden convertirse en lugar de encuentro. Así son los oratorios de la ciudad de Curuzú Cuatiá en Corrientes. 

Si bien cada uno de esos espacios tiene su propia realidad todos comparten una característica: llevar la misión salesiana directamente a los barrios. Así San José Obrero y María Auxiliadora se encuentran en el barrio Yaguá Rincón; Teresa de Calcuta, en barrio Santa Rita; Domingo Savio desarrolla su propuesta en barrio Nueva Unión, en un espacio abierto junto a las vías; y San Antonio acompaña a chicos de los barrios Las Palmas y La Calera.

Si bien cada oratorio tiene su propia realidad todos comparten una característica: llevar la misión salesiana directamente a los barrios.

En uno y otro lado cada fin de semana, los animadores se encuentran para preparar la jornada. Piensan los juegos, distribuyen responsabilidades, preparan los materiales y organizan la merienda. Después llega el momento de salir al encuentro de los chicos: algunos son buscados por los propios animadores, otros llegan directamente al lugar. 

La jornada transcurre entre juegos deportivos, dinámicas, talleres y actividades recreativas, para cerrar con la merienda, que muchas veces se convierte en uno de los momentos más esperados. Sentarse juntos, conversar y compartir algo para comer, también construye vínculos. Y todo eso no sería posible sin la colaboración de Cáritas Don Bosco, parte de la obra y expresión concreta de una comunidad que busca responder a las necesidades de las familias y acompañar especialmente a quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.

La actividad no termina el fin de semana, porque en los barrios también hay comunidades parroquiales, merenderos y apoyo escolar, que permiten una presencia constante y sostenida. 

Antes de volver a casa llega un momento que nos distingue como salesianos: los buenos días o las buenas tardes, donde con una oración o una reflexión ayudamos a mirar la vida desde la fe. 

En lo de todos los días

Pero la presencia salesiana no empieza ni termina allí, sino que se construye durante toda la semana. En los barrios donde funcionan los oratorios hay comunidades parroquiales y merenderos que reciben a familias y niños los días de semana, ofreciendo también espacios de apoyo escolar para acompañar las trayectorias educativas. Allí se comparte una comida, se conversa, se escucha y se conoce lo que cada uno está atravesando. Además se acompañan trayectorias y se refuerzan aprendizajes

Y eso es posible gracias al compromiso de jóvenes y adultos, que ofrecen su tiempo para acompañar a los más pequeños. Rosario, es asesora laica del Movimiento Juvenil Salesiano y referente del Oratorio María Auxiliadora. “Lo que más me gusta del oratorio es el cariño y los abrazos que recibo de los animadores y de los niños que asisten. Es como una curita para el alma. El oratorio me salvó y lo sigue haciendo cada sábado. Por eso lo sigo eligiendo, me siento a salvo, me siento en casa”.

El protagonismo juvenil es la característica principal de la propuesta salesiana. Los jóvenes no son solamente destinatarios de actividades: pueden asumir responsabilidades, participar en la organización y tomar la iniciativa al servicio de otros.

Tomás es animador y referente del Oratorio Teresa de Calcuta, al que ingresó como destinatario y donde hoy acompaña a otros. “Lo que más me gusta del oratorio es el momento del juego, porque ahí empiezan a concurrir los chicos y sus infancias se ven reflejadas. Yo también fui chico en el oratorio”. Y, aunque trabaja durante toda la semana, elige dedicar sus domingos a esta propuesta. “Me parece que es una manera de acercarme a Dios, y además me gustaría devolver todo lo que el oratorio me dio a mí cuando era chico. Por eso elijo estar y quiero acompañar a los animadores en este camino”.

Con el aporte de muchas manos

Ser animador o voluntario también significa aprender. Quien asume esta tarea descubre que acompañar a otros requiere paciencia, creatividad, responsabilidad y capacidad de trabajar en equipo. Muchas veces no hay una solución preparada para cada situación. Hace falta conversar y buscar juntos la mejor manera de actuar.

Y ahí es donde la comunidad cobra todavía más valor, porque para que todo esto sea posible hace falta una comunidad que sostenga. Donaciones de alimentos, de útiles escolares, aportes económicos, tiempo destinado en la semana, venta de comida,  colaboraciones de los propios animadores, la presencia salesiana en los barrios se sostiene entre muchas manos. Los religiosos, los animadores, las familias, los educadores, los colaboradores y quienes participan de las distintas propuestas forman parte de una misma misión, que hace nueve décadas comenzaba a echar raíces en esta ciudad.

Hoy, esas raíces siguen creciendo en los barrios, no solamente los sábados y domingos, sino a lo largo de toda la semana, en cada merienda compartida, cada tarea acompañada, cada conversación, cada juego y cada oración.

Quizás allí esté una de las imágenes más sencillas y hermosas de la misión de Don Bosco: un patio que se llena de chicos y una comunidad que se hace cercana y acompaña.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – OCTUBRE 2026

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