Me llamo José María Beauvoir

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Por: Néstor Zubeldía, sdb

nzubeldia@donbosco.org.ar

Me llamo José María. Nací en Turín. A los dieciséis años llegué al Oratorio de Don Bosco para aprender un oficio. Un tiempo después comencé el noviciado con el deseo de ser salesiano. El 18 de marzo de 1871 recibí el hábito de manos de don Rua. Como era habitual en esa época, mientras estudiaba filosofía y teología, hacía también de maestro y asistente para los más chicos. En el Oratorio había trabajo para todos y a toda hora. Fui ordenado sacerdote en 1875, un mes después de la partida de los primeros salesianos a América. No pasó mucho tiempo hasta que Don Bosco me propuso también a mí viajar a tierras lejanas. El 2 de enero de 1879, un grupo de salesianos e hijas de María Auxiliadora, zarpamos del puerto de Génova rumbo al río de la Plata. Al comienzo fui párroco en Las Piedras, cerca de Montevideo. Después, vicepárroco en San Carlos y maestro en el colegio Pío IX de Almagro. Por último, a La Boca del Riachuelo, hasta que sonó por fin la hora de la Patagonia y zarpamos nuevamente rumbo al sur. Cuando me nombraron vicepárroco en Viedma, cambié el tranvía porteño por el caballo. Remontando el río Negro primero y el Colorado después, pude catequizar a varias comunidades mapuche. También acompañé como capellán las tropas del General Villegas. Desde Roca, sobre el río Negro, llegamos a la confluencia y remontamos el Limay hasta las nacientes en el lago Nahuel Huapi y la cordillera. Eran los lejanos confines de mi parroquia de Viedma.

Como ya habíamos trabajado juntos en Patagones, cuando don Fagnano fue nombrado prefecto apostólico de la Patagonia Meridional y la Tierra del Fuego, me convocó a la nueva sede que planeaba establecer estratégicamente en Punta Arenas. En ese tiempo era apenas un caserío, a orillas del estrecho de Magallanes, escala obligada para los barcos de medio mundo. Yo debía llegar primero para buscar dónde vivir, pero el vapor Magallanes naufragó  frente a Puerto Deseado. El pueblo ni existía todavía y los doscientos pasajeros pasamos el invierno como pudimos hasta que otro barco fue a rescatarnos. Tardé más de un año en llegar a Punta Arenas y monseñor Fagnano ya me esperaba allá. ¡Compartimos tantas historias con él! Algunas parecen de película. Tal vez la más increíble fue la de la goleta María Auxiliadora. Fagnano se dio cuenta de que, sin transporte propio, no hubiéramos podido hacer nada en ese archipiélago desconocido. Así que me mandó a comprar un barco al norte de Chile. En Ancud conseguimos esa goleta que pusimos bajo la protección de la Virgen de Don Bosco. Allí cambié las riendas por el timón y volví al estrecho de Magallanes al mando de la María Auxiliadora. No me alcanza esta página para tantas aventuras. Déjenme al menos contarles, ahora que se cumple el centenario, que en el mismo lugar de aquel naufragio en el que salvamos la vida por milagro, muchos años después, al celebrar mis cincuenta de sacerdote, pudimos inaugurar el colegio salesiano de Puerto Deseado, que tanto bien ha hecho por la educación de los niños y jóvenes de aquellas regiones desamparadas.

José María Beauvoir nació en Turín, Italia, el 1 de junio de 1850. A los dieciséis años llegó como aprendiz a Valdocco y conoció a Don Bosco. Hizo su primera profesión como salesiano en 1873 y la profesión perpetua en 1876. El 18 de diciembre de 1875 fue ordenado sacerdote. A comienzos de 1879 llegó a América en la cuarta expedición misionera salesiana. Fue el primer capellán de la gobernación de Santa Cruz y recorrió a caballo buena parte de su territorio. Navegó por la región chilena de Magallanes y fundó la Misión Salesiana de la Candelaria, donde hoy se levanta la ciudad de Río Grande, en la parte argentina de la Tierra del Fuego. Evangelizó a los mapuche, a los tehuelches y a los selknam. Escribió un libro sobre la lengua de los fueguinos originarios y muchas cartas contando historias increíbles. Murió a los ochenta años en el colegio Pío IX de Almagro, en Buenos Aires, el 29 de abril de 1930. Desde 1960 sus restos descansan en Puerto Deseado, la última obra que fundó en la Patagonia, exactamente cien años atrás.

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