«Descubrí que Don Bosco es mi papá»

Compartir

Entrevista al padre Luis Timossi.

Por: Redacción Boletín Salesiano

boletin@donbosco.org.ar

“A veces me confundía, pensaba que todo lo que hacía estaba bien, llegaba a la noche pensando ‘hoy entregué mi vida por los jóvenes’. Con el tiempo descubrí que no, que ese soy yo, Luis. Pero Luis, ¿qué le puede dar a los jóvenes? Muy poco, si yo soy poca cosa. No soy yo el que tiene que darse, sino el Dios que está en mí, que tiene que pasar por mi corazón para llegar al chico, si el chico se encuentra con Dios, Dios sí puede hacer algo con él.

Don Viganó, en una frase muy linda y muy fuerte, nos decía a los salesianos, «Ojo que Dios hizo su alianza con los jóvenes. El amor de Dios es hacia los jóvenes. Los salesianos somos instrumentos, mediadores de ese amor para que los jóvenes se encuentren con Dios y para que Dios llegue a los jóvenes”. 

El padre Luis Timossi es uno de los salesianos que más conoce y estudió a Don Bosco. Actualmente integra la comunidad del Centro Salesiano de Formación Permanente América en Quito, Ecuador. Una vez por año intenta pasar algún tiempo en Argentina, su tierra natal. En su última visita conversó una mañana con el Boletín donde compartió algunos tesoros que fue descubriendo en cada etapa de su vida.

Su vocación nació desde muy pequeño, ¿cómo fue esa infancia y cómo conoció a los salesianos?

Nací en Bernal, a unas quince cuadras del colegio Don Bosco, en una familia italiana de seis hermanos. Siempre me llamaron Luisito. De chiquito iba con toda la familia a la capilla del barrio. Ahí conocí a los salesianos. Me gustaba mucho jugar al fútbol en el oratorio, era muy bueno, y los curas jugaban con nosotros. Después mi mamá y mi papá nos anotaron en el colegio y a mis hermanas en el María Auxiliadora.

Con mis hermanitos jugábamos a rezar misa. Mis hermanas abrían el ropero de mi mamá, y me vestían de cura con el alba y la estola. Hacíamos latines y cantos. Reproducíamos lo que veíamos en la iglesia. 

A los once años le dije a mamá que quería ir al aspirantado, pero ella decía que era muy chiquito. Al final de quinto grado gané una medalla de plata en el colegio por mejor alumno, y al final de sexto grado, te daban una medalla de oro. Mi mamá me dijo: «¿Por qué no te quedas un año más? Así ganás la medalla de oro». Y yo le respondí: «La medalla de oro la querés vos. Yo quiero ir al aspirantado”. Y ahí me dejó ir. En aquel entonces no sabía que iba a vivir la vida que tuve, pero eso es lo que Dios quiso para mí.

¿Por qué estudiar a Don Bosco? ¿Y qué certezas encontró al conocer más sobre su vida?

Yo estuve un tiempo el Roma y cuando regresé el padre Tony Fierens me contó sobre la posibilidad de los cursos en Quito. En el 2000 hice el primer curso sistemático. Por primera vez entendí quién era Don Bosco. Descubrí que Don Bosco es mi papá. Los que me ven ahora me dicen: «te pareces a tu papá», que ya falleció hace años. Mis hermanos y yo tenemos los genes de mi papá y mi mamá. Algo semejante descubrí con Don Bosco. Yo soy hijo de Don Bosco porque tengo sus genes: su estilo de vida espiritual, el modo de interpretar el Evangelio, el modo de servir a los jóvenes.

Descubrí que sus Memorias son como cartas de padre, como si revolviera los cajones de casa y encuentro una carta que él me escribió, con su letra. Ese es Don Bosco para mí. Entonces me dediqué un poco a eso, la parte lingüística del estudio Don Bosco analizando los escritos originales de él. Don Bosco es un ser extraordinario. Todo lo que hizo por la Iglesia y todo el empeño que puso en la salvación de los jóvenes en el mundo entero y la Congregación y la Familia Salesiana. Es un hombre creativo, inteligente, pensador, no se quedaba atado a lo que estaba haciendo, miraba lejos, y por eso la obra salesiana creció tanto. Nosotros somos sus hijos que queremos continuar con su obra y por eso tenemos que estudiarlo, reeditarlo, reconstruirlo y actualizarlo.

¿Qué es lo que más disfruta de ser salesiano y qué es lo que más le cuesta poner en práctica?

Lo que a mí me alegró siempre fue estar con los jóvenes, escuchando sus problemas, sus dificultades, sus sueños. También me gustó mucho la vida religiosa. Los religiosos entendemos que renunciamos a todo para vivir a Don Bosco. Es una opción total, radical, dejar todo, no construir una familia, no tener tus hijos, no tener tu trabajo, es full time, las 24 horas al día y toda la vida disponible para los jóvenes. Y eso he vivido en comunidad, que no siempre es sencillo, pero cuando logramos compartir la vida, crecer juntos en la oración, ayudarnos, corregirnos, emplear todas nuestras capacidades creativas, de conocimiento, de habilidades, al servicio de los jóvenes, es hermoso. 

Después atravesé momentos de crisis de fe, por ejemplo en ese periodo de cambio de época con el Concilio, fue como una especie de reaprendizaje. Tuve que dejar caer al Dios en el que yo creía, el Dios del catecismo que había aprendido, que se le temía más que se sentía amado por él, a una Iglesia mucho más estructura que comunión. Era el estilo de la religiosidad de la época, pero tuve que desaprender para volver a aprender a conocer al Dios de Jesús. 

¿Qué significa María Auxiliadora en su vida? 

Yo creo que el carisma que recibí es una gracia de la Virgen. Ella es la madre de Jesús y es la primera discípula, la primera creyente y te hace ir a Jesús. El carisma salesiano es mariano. Don Bosco habla con la Virgen, la sueña, la escucha. En una carta dice: “Basta con que un chico entre en una casa salesiana para que inmediatamente la Virgen la tome bajo su cuidado”. ¿Por qué? Porque el carisma salesiano está destinado a los chicos más pobres y abandonados. El primer afecto para un niño es el materno, de una mujer. No excluye la paternidad, pero los primeros contactos con los chicos más sufridos, más marginados, más dolidos, más dañados por la ausencia del amor, requieren un amor semejante al de una mamá. ¿Y quién le enseñó eso a Don Bosco? Una mamá, que es la Virgen. 

Fue inspector, fundador de una revista, director del centro de Quito y un gran jugador de fútbol… ¿Cuáles son los próximos partidos?

Estoy en las manos de Dios. Pasé por dos episodios de salud que me hicieron tocar más de cerca el paso definitivo. Entonces no quiero hacer nada que no tenga que ver con el Dios con el que me voy a encontrar. Yo puedo vivir y estudiar a Don Bosco en cualquier lugar y darlo a conocer en cualquier rincón de la tierra. Me veo haciendo eso, pero de la forma que Dios disponga.

De hecho estoy haciendo el ejercicio de morirme cada noche. Cuando me voy a acostar digo: «Esta noche me muero. Esta es la última noche en mi vida”. Entonces, le agradezco a Jesús: «Gracias por el día de hoy, gracias por la vida que me regalaste, gracias por todo lo que viví, te pido perdón de todas mis miserias, porque siempre soy el mismo y me abandono en vos. Si esta noche me muero, yo ya estoy. Y me duermo. A la mañana, si no me despierto, vendrán los salesianos, golpearán la puerta, entrarán y encontraran mi cuerpo, pero yo ya no estoy ahí. Pero hasta ahora me vine despertando, entonces digo: «Estoy vivo. Este día lo voy a vivir como el último, porque tenía que haberme muerto anoche, pero Dios me regala un día más». Y descubrí que el día está lleno de infinidad de oportunidades para vivir el amor, la caridad, la atención, la dedicación a los demás. Entonces estoy libre de toda atadura, me siento en manos de Dios.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MAYO 2026

Noticias Relacionadas

“¿Se acuerda de los campamentos?” 

Historia de vida. Entrevista al padre Pablo Kolomi.

“Don Bosco me permitió conocer el amor de Dios”

Historia de vida. Entrevista al padre Rafael Mañas.

Salió de suplente y fue feliz

Historia de vida. Entrevista al padre Joaquín López Pedrosa.

“Estoy feliz de haberle dedicado mi vida a Dios”

Historia de vida. Entrevista al padre Vicente Ricchetti.