“La devoción a María nos lleva sí o sí a Dios”

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 Entrevista al padre Néstor Boretto.

Por: Redacción Boletín Salesiano

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El padre Néstor Boretto tiene 88 años, y lleva más de 60 como sacerdote. Nació en un pequeño pueblo en Santa Fe, conoció a los salesianos estudiando y trabajando en el campo y decidió quedarse con ellos para toda la vida. A lo largo de los años pasó por distintas obras del país brindando servicios como director, párroco, consejero. 

Hoy nos comparte algunas anécdotas y aprendizajes que le dejaron tantos años viviendo la fe desde el carisma salesiano.

¿Cómo fue su infancia? ¿Cómo conoció a los salesianos?

Nací en Garibaldi, en Santa Fe, en una familia con dos hermanas mayores. Era un pueblito chiquito, habitado por gringos y piamonteses. El pueblo tenía vida porque pasaba el ferrocarril, pero la vida grande la daba el campo. Íbamos a la escuela en caballo, los atábamos en el alambrado, después terminaba y nos volvíamos. Yo no pisaba mucho el pueblo porque me quedaba ayudando en el campo. 

En cuarto grado empecé la escuela salesiana en Vignaud. Era un colegio pupilo y estudiábamos latín. También comencé a tocar el piano en sexto grado, tocaba mucho en los recreos, me enseñó el padre Roberto Croche, todos los días practicaba media hora. Hasta di un pequeño concierto en el teatro con un compañero. Hacíamos música de Chopin, de Bach, todo de memoria.

Yo veía a los salesianos que nos acompañaban en el patio, en el aula, en el estudio. Y me entusiasmé. Entonces me fui a Villada en Córdoba para estudiar teología, era todo campo en aquella época. Cuando termine cuarto año, ya en Rosario, llegó el momento de hacer la ordenación sacerdotal. El obispo de acá estaba muy enfermo, entonces, ¿quién vino a ordenarnos? Monseñor Angelelli. Todavía no era obispo, sino auxiliar, y no era conocido. El 8 de agosto de 1964 empecé mi sacerdocio. 

¿Cómo fue pasar de vivir en el campo a tener que brindar sus servicios como salesiano en la ciudad?

Un mundo distinto, un mundo muy receptivo. Ellos vivían preguntándome: «¿Te sentís bien?», para ver si me encontraba a gusto. Para mí fue todo una novedad porque no conocía un río. No había puente, no había asfalto en la ruta. Tomar la lancha era todo un mundo aparte.

El padre director me dijo: «Mirá, aquí es costumbre que el tirocinante de primer grado”. Ay, me desinfle. Después me explicó que esas familias son jóvenes, lo que les enseñas al chiquito se lo repiten a la familia. Entonces de esa forma, poco a poco, van conociendo a Dios.

En Corrientes recuerdo que aprendí lo que es un oratorio festivo. Todos los días había algo. Atendía a los lustrabotas, a los canillitas… fue la primera vez que veía que un chiquito llevaba el diario más grande que él y vendía el diario. Los domingos era fútbol, fútbol y fútbol. Se terminaba el día con cine, estaba la famosa máquina 16 mm muy buena que se proyectaba en una pared que tenía como un telón pintado, y los chicos entusiasmados veían “El zorro”, y otras cosas que estaban muy de moda en aquella época. Cada uno tenía su momento. 

Padre, usted estuvo muchos años en la formación. ¿Qué diferencia encuentra entre aquellos años y los tiempos actuales?

Nada que ver uno con otro. El mundo de aquel momento los aspirantes venían de familia, más o menos, religiosas. Ahora hay más diversidad. Pero en la educación en general es importante que no haya distancia entre el salesiano educador y los chicos, sino estar cada vez más cercano, estar presentes, cuando los chicos nos ven, se acercan.

En general se acuerdan de mi cercanía, de que era bueno con ellos, que nunca los retaba fuertemente, sino que les hablaba, convivía con ellos, así que eso es lo único que me quedó como fijo. Sí me enojaba, pero no lo manifestaba.

Como exalumno, como salesiano, ¿qué significa María Auxiliadora en su vida?

Y comencé por mi pueblo, que ya hablaba de María Auxiliadora, quién era, porque había exalumnos. Ella es todo. Invocando a la Auxiliadora en los momentos duros, difíciles, en los momentos lindos, para dar gracias a ella y a través de ella a Dios. La devoción a la Virgen lleva sí o sí a encontrarnos con Dios.

Y hoy que ya recorrió tantas obras, si tiene que destacar dos características de Don Bosco, ¿cuáles remarcaría? 

Su gran devoción a la Eucaristía, que él decía que era la columna vertebral de la congregación salesiana. La Eucaristía y la devoción a la Virgen, como dos columnas que van a sostener la congregación salesiana. Esa es la idea que sostuve toda mi vida.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JULIO 2026

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