Acorde a los sueños

Compartir

Algunas pistas sobre la música en la vida y la pedagogía de Don Bosco.

Por Rubén Camino //

boletin@donbosco.org.ar

En aplicaciones, plataformas o playlist. Como fondo o con auriculares. En soledad o con otros. En casa o en recitales, conciertos o festivales… La música es esencial en nuestras vidas

En la época de Don Bosco la forma de escuchar música estaba concentrada en teatros, o en los festivales de los pueblos y las celebraciones religiosas. También existían músicos ambulantes, y en cada familia se trataba de cultivar el canto o de contar con algún instrumento musical. En las largas noches de invierno, era común que la familia se reuniera en torno a quienes tocaban instrumentos musicales, a cantar o contar historias. Como hacía el pequeño Juanito en I Becchi. 

Luego, Don Bosco fue músico: aprendió a tocar el violín, el órgano y el piano, se ejercitó en el canto coral y hasta compuso un par de obras musicales para los chicos del Oratorio: “Angioletto del mio Dio” y “Noi siam figli di Maria”.

Por qué cantamos

Para muchos educadores, sobre todo quienes desarrollan su tarea en contextos periféricos o de extrema vulnerabilidad, el poder “hacer música” es un elemento educativo fundamental.

Animarse a aprender un instrumento es animarse a dar un paso más, ampliar horizontes de vida, a despertar y desarrollar sueños, a creer que se puede. Y más cuando este aprendizaje es en conjunto: formar parte de un coro, una banda o una orquesta nos enseña a hacer con otros, a respetar los tiempos de todos, aprendemos que la variedad es enriquecedora y que es posible lograr una armonía entre lo distinto.

Implica también no conformarse, tratar de dar lo mejor, pero no esperar a que todo esté alineado para comenzar. Requiere disciplina, constancia, perseverancia. Y lo principal no estará tanto en las actuaciones que hay que desarrollar, sino en el crecimiento de cada uno. Cada logro es primero techo y luego piso para ir un paso más.

Para muchos, la música tiene un valor reparador. Cuando toman un instrumento en sus manos, se transforman. Muchos con serias dificultades y trastornos en la expresión, encuentran en la música una vía donde mostrar sentimientos, una forma de hablar, de conectarse con otros, un espacio donde sentirse y reconocerse parte de un todo.

A su vez, chicos y chicas se definen a partir de las bandas o cantantes que siguen: la música que escuchan pasa a ser una referencia personal y una de las maneras más potentes de “ser uno mismo”, diferenciándose del todo, y a la vez de construir comunidades, entre quienes siguen a los mismos estilos y cantantes.

Digo que Don Bosco vive

Don Bosco identifica en la música el potencial que tiene para generar un ambiente de alegría y serenidad. Despertaba la imaginación y la creatividad, evitaba el ocio y acompañaba los espacios religiosos y de oración. Coros, bandas de música, ceremonias religiosas, paseos y excursiones, funciones teatrales y veladas musicales, todo se desarrollaba en Valdocco. No se trata de ser simplemente “consumidores” de música, sino que estamos invitados a ser protagonistas.

Don Bosco también se preocupa de que aquellos muchachos con mejores cualidades musicales puedan desarrollar estos dones, y los envía a estudiar música con profesores de prestigio. Así hará con los salesianos coadjutores José Dogliani, Bartolomé Molinari y Esteban Belmonte, y con uno de los más conocidos de todos los músicos salesianos: Juan Cagliero.

¿Un detalle que evidencia la importancia que Don Bosco daba a la música? En el primer grupo de diez salesianos que llegaron a Argentina en 1875, están tres de estos músicos ya reconocidos: Cagliero, Belmonte y Molinari, como diciendo “para este paso importante, necesitamos que vayan aquellos que puedan dar lo mejor y lo más expresivo de lo que somos y queremos hacer”. 

Don Bosco identifica en la música potencial para generar un ambiente de alegría y serenidad.

Pero Don Bosco tampoco duda en actuar cuando la dimensión musical se desorienta, y la música y los músicos corren el riesgo de transformarse en una élite y perder su sentido de servicio al conjunto de la comunidad a la que pertenecen.

Uno de los orgullos del Oratorio era la banda de música conformada por quienes estaban alojados allí. Además de participar en las celebraciones y eventos en Valdocco, era llamada a animar acontecimientos en diversos pueblos, y en los paseos otoñales.

En 1859, luego de varias situaciones en donde quienes formaban esta banda de música actuaron más por hacerse ver que por animar a la comunidad entera, Don Bosco interviene: llama uno a cada uno de quienes forman la banda y están contrariando las indicaciones del Oratorio, y los envía de regreso a su casa. Da indicaciones de que se guarden los instrumentos en otro lugar, para poder luego ver qué hacer. 

Es de imaginar el impacto que causó a todos esta disolución de la banda de música del Oratorio que fue reabierta algunos años más tarde, luego de que Don Bosco escribiese un reglamento específico donde quedase en claro el sentido educativo y de servicio que debiera tener

Quisiéramos traer aquí unas palabras dichas por el entonces Rector Mayor Egidio Viganó, en 1988, al comentar las diversas celebraciones realizadas por el centenario de la muerte de Don Bosco: Debo decirles que la música es algo importantísimo en la pedagogía y en la pastoral salesiana. Dando vueltas por el mundo, cuando encontramos lugares donde funciona un coro, una banda o alguna iniciativa de este tipo, nos damos cuenta de que la vida salesiana es mucho más intensa y resulta más simpática para el entorno social donde se desenvuelve. (…) Una presencia salesiana privada de esta actividad, se empobrece y no posee esa capacidad de comunicación pastoral y pedagógica que caracteriza a nuestro espíritu”.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MAYO 2026

Noticias Relacionadas

Me llamo Ernesto Benedetto Stefano

En primera persona. Un relato en primera persona de Ernesto Benedetto Stefano.

La Mater

Primer tiempo La iglesia de los italianos, y de los salesianos.

Para no vender humo

Jóvenes. El cigarrillo electrónico: una propuesta riesgosa que se ofrece a adolescentes y jóvenes.

Me llamo Caterina Dabbene

En primera persona. Un relato en primera persona de misionera Caterina Dabbene.