Los salesianos custodian las Catacumbas de San Calixto.

Por José Sobrero sdb
jsobrero@donbosco.org.ar
Las Catacumbas de San Calixto han sido, desde su origen, el cementerio cristiano más grande de la ciudad de Roma.
Ya estaba terminando el siglo II de nuestra era, entonces el papa Ceferino decidió ofrecer un lugar particular para la sepultura de los difuntos de los cristianos. Necesitaban tener ese lugar para resucitar, es decir, para vivir para siempre con Dios. La palabra cementerio –dormitorio en griego– significa justamente eso: un lugar para descansar, para dormir, para reposar, pero para despertarse. Ese despertar era el encuentro con Dios en la resurrección prometida por Jesús. Las necrópolis romanas no ayudaban para dar ese paso, pues los romanos se burlaban de los cristianos que allí sepultaban a sus deudos. El Papa Ceferino encomendó a su diácono, Calixto, que se hiciera cargo de la administración del nuevo cementerio. Calixto algún día será Papa y también será martirizado: San Calixto.
Desde el origen de la construcción de las catacumbas encontramos este motivo religioso, motivo de fe en la vida eterna, que ellos construirán en la fatigosa tarea de cavar una roca de origen volcánica llamada “toba”, con palas y picos, tarea encomendada a los “fossores”, cristianos libres reunidos en un gremio de artesanos que se empeñaron durante tres siglos en diseñar este ambiente de galerías, escaleras y tumbas con la increíble cifra de 500 mil sepulcros y más de veinte kilómetros de corredores, galerías y pasillos llegando hasta los veinte metros de profundidad, impedidos de seguir construyendo hacia abajo porque el agua comenzó a surgir de sus napas naturales.
La fe en la resurrección
Hasta finales del siglo V las catacumbas tuvieron gran actividad: lugar para la sepultura y también meta de peregrinación para venerar las reliquias de los primeros mártires. Luego, poco a poco, por el desgaste de la vandalización, el traslado de los restos de los mártires a las basílicas de la ciudad y la posibilidad de tener cementerios en forma horizontal –cementerios monumentales y mausoleos–, determinaron el cierre y el olvido progresivo de estos primitivos lugares de sepultura.
La fe en la resurrección y en la vida eterna fue plasmada en los símbolos cristianos que ellos pintaban o los esculpían en la lápidas de los “lóculos” –nichos en forma rectangular, horizontal en los cuales las familias traían el cuerpo del difunto y lo depositaban allí, envuelto solamente con una sábana y el agregado de algún perfume o planta aromática, además de cal viva que servía para acelerar la descomposición– o en los “cubículos” –habitaciones funerarias para contener a todos los miembros de una familia, un grupo de amigos o un gremio de trabajadores–. No nos olvidemos que este ambiente era un cementerio. Había que cuidar los olores, la higiene y los contagios de enfermedades.
Custodios de la historia
Los Salesianos de Don Bosco administramos y custodiamos las Catacumbas de San Calixto desde el año 1930. La tarea principal que realizamos es acompañar en las visitas guiadas a los peregrinos, a los visitantes y a los turistas que se acercan a este lugar de fe y tierra de mártires. Actualmente formamos una comunidad de dieciocho salesianos, provenientes de diversas partes del mundo.
Les comparto mis impresiones salesianas en estas frases que vivo cotidianamente en este ambiente:
- Descender a la zona subterránea, a doce metros de profundidad, quince grados de temperatura con mucha humedad, donde se encuentran varias regiones, organizadas y explicadas pacientemente por los arqueólogos.
- La mano del arqueólogo toca el objeto, la piedra, el mármol, la materia. La prepara pacientemente, la estudia, la interpreta y nos brinda sus conclusiones para que nosotros podamos revivir la historia y entender la huella que deja cada persona en el universo. Él nos abre las puertas a este mundo antiguo que posee una energía especial, en este caso, el lugar donde los cristianos sepultaban a sus seres queridos.
- Caminamos, hacemos la experiencia. Iniciamos el recorrido, en la superficie, para poder luego descender al mundo subterráneo de las Catacumbas.
- Descendiendo en las profundidades de la construcción de los fossores, nos encontramos con la grandeza de la historia, con el trabajo enorme de los arqueólogos, con la paciente explicación de los historiadores, con la persona individual, única e irrepetible de quien está participando expectante, como espectador privilegiado de este misterio, aun así y con todo este telón de fondo, nos sentimos pequeños, en nuestro espacio, ese lugar personal inviolable, esa conciencia íntima que no podemos renunciar ni negociar.
- La vida cristiana, el cristianismo, están aquí, en sus orígenes. Ha pasado el tiempo, siglos. Han sido protagonistas tantas personas desde que el Papa Ceferino pensó en esta forma de sepultura para los primeros cristianos encomendándole a su diácono Calixto que administrara esta gran empresa, organizando el trabajo de los fossores, la presencia de las familias y la visita de los peregrinos que recorrían esos ambientes venerando las reliquias de los mártires.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2026
