Caras conocidas

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Los primeros salesianos encuentran en América familiares migrantes y exalumnos de Don Bosco.

Colonia de italianos en Rosario.

Por: Néstor Zubeldía, sdb

nzubeldia@donbosco.org.ar

Los miles de italianos que desembarcaron en ambas orillas del río de la Plata en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del XX, trajeron consigo, su lengua, sus costumbres, sus hábitos alimentarios, su música y también su fe.

Más allá de tantas cosas desconocidas que descubrieron de este lado del mar, los primeros salesianos se encontraron también con muchas caras y tonadas familiares, esto especialmente en el triángulo fundacional de Buenos Aires, San Nicolás y Montevideo. 

La familia unida

Casi todas las familias italianas de la época tenían al menos algún pariente que había venido a probar suerte en América y así sucedió también entre aquellos primeros salesianos. El joven padre Juan Baccino, por ejemplo, pudo reencontrarse con dos hermanos en el puerto de Montevideo, en la última escala del vapor Savoie que trajo a los salesianos a la Argentina. Se cree que les había ido bien en esta parte del mapa, porque en los libros de cuentas de Valdocco quedaron registrados sus aportes económicos para ayudar al hermano que, después de años trabajando en el campo, había podido finalmente estudiar y concretar su deseo de ser sacerdote. El abrazo y la conversación a la apurada de esa tarde de verano señalaron el último encuentro en esta tierra entre los hermanos Baccino. Juan Bautista, de 34 años, murió en Buenos Aires un año y medio después de haber llegado a América y en ese tiempo nunca volvió a cruzar el río de la Plata.

El padre Tomatis, doctor en lenguas y cronista de aquella primera expedición, tuvo la grata sorpresa de reencontrarse con su padre Carlos en estas costas. La familia en Italia ya le había perdido el rastro. Así escribió Domingo Tomatis: “La Providencia me lo restituyó sano y salvo después de seis años que lo creía muerto”.

El padre Tomatis, doctor en lenguas y cronista de aquella primera expedición, tuvo la grata sorpresa de reencontrarse con su padre Carlos en estas costas.

El padre Bodratto, al llegar en 1876 al frente de la segunda expedición misionera, tenía un cuñado, de nombre Bartolomé Sardi, viviendo en San José de Flores, en ese tiempo en las afueras de Buenos Aires. Más tarde, el coadjutor Juan Cantú, que llegó a la Argentina en la cuarta expedición de 1879, encontró también en estas costas a su padre.

Otros familiares llegaron tras las huellas abiertas por los misioneros. Antonio y Margarita Fagnano, esta última con su esposo Domingo Bo, se instalaron en marzo de 1877 en San Nicolás de los Arroyos, cerca de donde se levantó el primer colegio salesiano de América. Su hermano José los puso a cargo del campo con miles de ovejas que les donó el generoso don José Benítez, para sustento del naciente colegio. En mayo de 1878 llegaron también de las orillas del río Tanaro a las del Paraná los patriarcas de la familia, Bernardo Fagnano y Magdalena Pero. Antonio Fagnano siguió a su hermano sacerdote primero a Carmen de Patagones y luego a Punta Arenas y Río Grande, en la Tierra del Fuego. Allí continuó viviendo cerca de los salesianos, como encargado de un campo vecino. Más de una vez, especialmente en los primeros años en San Nicolás, esta situación trajo inconvenientes y comentarios adversos a don Fagnano y a los misioneros. 

Nuevos vecinos, antiguos exalumnos

Las cartas de los primeros salesianos cuentan numerosas anécdotas de reencuentros con exalumnos de Valdocco o de las primeras casas salesianas de aquellos tiempos fundacionales. Ya algunos primeros exalumnos los recibieron en el puerto de Buenos Aires al llegar. Cagliero le escribió a Don Bosco que “el joven Camisapa se quedó bizco al vernos en Buenos Aires” Y le comentó que, aunque se había alejado de los sacramentos “ahora frecuenta nuestra iglesia y se acercó a recibir la comunión”. Don Baccino le escribió también al fundador contándole sobre un tal Bevilacqua, un joven que había sido salesiano en Italia, que había dejado el Oratorio y “ahora está en Buenos Aires con los lazaristas”, religiosos de origen francés que monseñor Aneiros había traído poco antes que los salesianos a la Argentina. 

El padre Fagnano escribió en una larga carta a Don Bosco desde San Nicolás: “He encontrado en Ramallo al joven Miguel Riccardini, de Romano Canavese, que quiso venir a acompañarme hasta San Nicolás y vernos a todos. Recuerda con cariño a Don Bosco, a don Durando y a don Cagliero. Es boticario y vive solo en Ramallo. Me preguntó por todos y se mostró muy satisfecho de la educación allá recibida. Pero se ha olvidado de algo. Hace siete años que vive en América y todavía no se ha confesado. Me ha prometido que lo hará cuando venga don Cagliero”.

Don Bosco confió en que, más allá de la distancia y las diferencias, de este lado del mar tendrían varios motivos para seguir sintiéndose en casa. 

También varias de las primeras vocaciones salesianas en América fueron de origen italiano, tanto en Buenos Aires como en San Nicolás. Los hermanos Luis y Enrique Botta, de una familia migrante proveniente de Como, formaron parte del primer oratorio del padre Baccino en la iglesia de los italianos y estuvieron luego entre los primeros salesianos porteños. Los hijos de los generosos quinteros genoveses de San Nicolás, de apellidos Montaldo, Campora, Ponte, Lanza y Vigo, fueron también de los primeros en sumarse a la actividad de los misioneros recién llegados.

Don Bosco había enviado a sus primeros salesianos a un territorio desconocido. Pero no los lanzó al vacío sin red. Por el contrario, confió en que, más allá de la distancia y las diferencias, de este lado del mar tendrían varios motivos para seguir sintiéndose en casa.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2026

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