Todo el tiempo en emergencia: Don Bosco en Sierra Leona

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En uno de los países más pobres del mundo, en medio de la pandemia de coronavirus los salesianos rescatan a los chicos y chicas de la calle y de la prostitución. Entrevista al sacerdote Jorge Crisafulli.

Por Santiago Valdemoros

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Eran días complicados en Freetown, capital de Sierra Leona. Tras confirmar los primeros casos de coronavirus, el gobierno había decretado una cuarentena de tres días. Y la principal preocupación del padre Jorge Crisafulli era poner en un lugar seguro a los cientos de chicos y chicas que viven en las calles para evitar que sean apaleados por la policía y los militares.

Sierra Leona es uno de los países más pobres del mundo. La mayoría de la población vive con menos de dólar y medio al día. La esperanza de vida es de 50 años para las mujeres y 47 para los hombres. Y como en muchos países de África, la mayor parte de la población son niños y jóvenes. Entonces, allí están los salesianos.

Jorge Crisafulli es argentino y misionero salesiano. Desde 2003 cumple distintos servicios en los países de África occidental. Y en 2016 fue nombrado director de la obra salesiana Don Bosco Fambul de Freetowns: “Es muy reconocida por la gente. Saben que estamos haciendo una obra muy importante, que ni el gobierno ni otras organizaciones pueden hacer”

 

En Argentina hay mucha preocupación por cómo la cuarentena complica la situación social de muchísimas familias. ¿Cómo es esa realidad en Sierra Leona?

Aquí la gente gana lo que come en el día. No pueden hacer una cuarentena muy larga porque morirían de hambre en las casas. Con los puertos cerrados por la cuarentena, la entrada de comida también se ha cerrado. El gobierno ha tratado de llevar calma, avisando que hasta septiembre tiene alimentos. Le tengo más miedo a un estallido social, sobre todo de los miles de chicos y jóvenes que están en la calle, que al virus. 

«Con los puertos cerrados por la cuarentena, la entrada de comida también se ha cerrado. El gobierno ha tratado de llevar calma, avisando que hasta septiembre tiene alimentos».

Lo que hemos tratado de hacer es proteger a los chicos. Hemos construido una nueva obra salesiana en las afueras de la ciudad, en un lugar muy bonito. Entonces habilitamos dos de esos hogares: el de las menores en prostitución y el de las menores abusadas, y trasladamos allí a todas ellas.

Son 43 niñas que salieron de la prostitución, con cien bebés nacidos de esa actividad, y 60 que han sufrido abuso en otro hogar, con unos once bebés. Son chicas que han sido tratadas con crueldad, traficadas, abusadas a edades tempranas, o que han sufrido mutilación genital. 

Todas esas personas acuden a Don Bosco. Y nosotros con nuestro equipo legal tratamos de aprehender a los abusadores, llevarlos a la policía, de ahí a juicio y del juicio a la cárcel. 

 

¿Qué otras acciones realiza la obra salesiana en Freetown?

La guerra civil en Sierra Leona empezó en 1991 y terminó en 2002 con la intervención de las Naciones Unidas. Cuatro años antes surgió esta casa en el centro de la ciudad. Se atendió primero a las niñas y a los niños soldado. Y cuando terminó la guerra, se fue transformando en un programa para niños de la calle.

En 2010 abrimos una línea telefónica para niños y niñas en situación de crisis que funciona las 24 horas. Recibe unas 600 llamadas por semana. Es una especie de “central” donde todos los programas se unifican.

Tenemos un programa que se llama Don Bosco móvil, un autobús adaptado con cocina, enfermería y un aula, donde se brinda comida y atención médica. En el autobús se hace el test del VIH, de la hepatitis B, de malaria y de embarazo para las chicas en prostitución. Es una forma de estar allí donde los chicos viven, trabajan, duermen y también, lamentablemente, mueren. 

El último programa que tenemos se llama Esperanza+. Ofrece educación y formación profesional a niñas que viven en situación de prostitución. Cada año le ofrecemos a 300 chicas menores de 18 años la posibilidad de dejar ese trabajo que destruye su dignidad, ir a la escuela y tener formación profesional. Es muy riesgoso lo que están haciendo: por medio dólar con protección, o por un dólar sin preservativo, en un país con altísimas tasas de infección de SIDA y Hepatitis B. Hacemos todo lo posible, pero para muchas es el único camino para comer algo diariamente. 

 

¿Esta situación de vulneración masiva de derechos se repite en otros lugares del continente?

Hay varios países en África con un elevado porcentaje de miseria, donde la gente vive al día y donde los más vulnerables obviamente son los niños, las niñas y las mujeres. Aquí en Sierra Leona, después de once años de guerra, la violencia en las familias es muy grande: el año pasado hubo más de 16000 casos de violencia familiar contra menores. 

«África nunca ha sido una prioridad para el mundo. Lo es solamente cuando hay que sacar metales preciosos: ahí sí somos prioridad para un mundo hambriento de recursos naturales».

 

Desde que abrimos la casita para niñas abusadas hemos tratado de acompañar unas 2500. Y desde 2016 sacamos 483 nenas de la calle: no ha habido una sola que no tuviera alguna enfermedad de trasmisión sexual. Y un 12%, el VIH.

África nunca ha sido una prioridad para el mundo. Lo es solamente cuando hay que sacar metales preciosos: ahí sí somos prioridad para un mundo hambriento de recursos naturales.

 

¿Los chicos que pasan por Don Bosco Fambul pueden luego acomodar un poco su vida?

Trabajamos con un equipo de 131 trabajadores sociales. Cuando el chico ha estado entre una semana y un mes en la calle hacemos mediación y reconciliación con la familia. Lo llevamos a las zonas rurales, a las aldeas. 

Si es una familia de riesgo, buscamos la familia extendida: una tía, un tío, un abuelo, donde el chico pueda estar seguro. Nunca reunificamos a un chico sin su consentimiento. Si no, buscamos una familia sustituta. Los trabajadores sociales lo acompañan hasta que cumpla los 18 años y ayudamos cubriendo los gastos en educación hasta que terminan la secundaria.

Si el chico tiene más de 13 o 14 años es difícil encontrarle una familia sustituta. Para eso hay seis casas donde los chicos viven de a ocho o diez con un trabajador social. 

«Hay historias hermosísimas de chicos que han estado en la calle, se han encontrado con Don Bosco e incluso han terminado la universidad».

Y cuando los chicos han pasado más de un mes en la calle necesitan una rehabilitación. Están traumatizados, tienen que cambiar actitudes y conductas que son negativas. Se quedan un tiempo con nosotros. Después hacemos el contacto con las familias y las formamos para recibir nuevamente a sus hijos. Y los ayudamos con la educación hasta que cumplen 18 años.

Hay historias hermosísimas de chicos que han estado en la calle, se han encontrado con Don Bosco e incluso han terminado la universidad.

 

Frente a tantas emergencias, ¿queda tiempo para hablar de Dios?

Para el gobierno somos una ONG, pero somos mucho más que eso. Aunque este país sea mayormente musulmán, hacemos una propuesta religiosa. 

Siempre les decimos a los chicos de la calle que Dios los ha creado, que los ama y que cuida de ellos. Me acuerdo una vez que, en unas “Buenas noches”, un chico de la calle se acercó y me dijo que nunca en su vida nadie le había dicho que Dios lo amaba y que cuidaba de él. Que él pensaba que Dios estaba enojado y se había olvidado de él, por estar en la calle y por robar.

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«Qué importante decirle a los chicos que Dios los ama por lo que son y que cualquier niño que nace en este bendito mundo tiene derecho a tener una casa, a poder jugar, a ir a la escuela, a estar contento, a vivir en paz». 

En la foto, los chicos de Sierra Leona aprenden precauciones frente al coronavirus.

Qué importante decirle a los chicos que Dios los ama por lo que son. Que cualquier niño que nace en este bendito mundo tiene derecho a tener una casa, a poder jugar, a ir a la escuela. A tener acceso a cuidado médico, a estar contento, a vivir en paz. Esto es lo que les decimos y lo que transmitimos. Por eso somos Salesianos de Don Bosco: sabemos que Dios no tiene manos, nos tiene a nosotros. 

La gran cantidad de niños y de jóvenes que tiene África no la tiene ninguna parte del mundo. Cualquiera que quiera venir a dar una mano después del coronavirus, no se olviden que África también existe. Dios necesita muchas manos, muchas piernas y muchas corazones.

BOLETIN SALESIANO – ABRIL 2020

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