Un papá como José

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Jesús aprendió de José cómo confiar en un padre, una figura no tan común y muy necesaria.

Fotografía: Gabriel Osorio

Por Gustavo Cavagnari, sdb
cavagnari@unisal.it

En el Evangelio según San Lucas, las primeras y las últimas palabras que Jesús pronuncia durante su vida se refieren al Padre (2,49; 23,46). No es para menos: ¡los dos tienen una relación especial! Él es “el” Hijo (Mt 11,27; Mc 13,32; Lc 10,22; Jn 5,19) y el Padre es “suyo” (Mt 16,17; Lc 22,29; Jn 5,17). Cristo está tan seguro de ser el Hijo único, amado y elegido del Padre (Mt 3,17; Mc 1,11; Lc 3,22; Jn 10,17) que, con una familiaridad insólita, lo llama Abbá (Mc 14,36): “Papá”.

Esto lo sabemos. Pero me gustaría que pensemos juntos en un detalle. Como todo otro chico que crece (Lc 2,52), Jesús no hubiese aprendido qué es un papá, cómo hablarle y escucharle, cómo respetarle y confiar en él… si no hubiese sido por San José. ¿O a quién creemos que el niño Jesús llamó abbá por primera vez? ¿Acaso no le obedecía (Lc 2,51)? ¿No estuvo al lado suyo para aprender un oficio (Mc 6,3)? Por tanto, si por el “sí” de María (Lc 1,38) Jesús tuvo una madre, por el “sí” de José (Mt 1,24) Jesús tuvo también un padre con el que aprendió humanamente a ser hijo. 

Jesús no hubiese aprendido qué es un papá, cómo hablarle y escucharle, cómo respetarle y confiar en él si no hubiese sido por San José.

Es cierto: José pudo llevar a cabo la alta misión de criar a Jesús gracias a un don especial del Padre celestial (Ef 3,15). Pero no es menos cierto que él puso todo de sí. Gracias a su fidelidad a la misión encomendada, Jesús pudo ver reflejado en José a ese Padre que sabe qué es lo que el hijo necesita antes de que se lo pida (Mt 6,8.32; 7,11).

“También yo fui hijo para mi padre” (Pro 4,3)

Hay que reconocer que, de José, sabemos poco. Según los Evangelios, era descendiente de David (Mt 1,20; Lc 1,27; 2,4). Se comprometió y casó con María (Mt 1,18-19.24-25; Lc 1,27). Sin haberlo concebido (Mt 1,20), fue padre de Jesús (Mt 1,16.25; Lc 2,51; 3,23) y testigo privilegiado de sus inicios (Lc 2,16; Mt 2,1-12). Trabajó como carpintero (Mt 13,55; Mc 6,3) y emigró con su familia (Mt 2,13-15). Fue un hombre justo (Mt 1,19) y un hebreo piadoso (Lc 2,21-22.39.41-50) a quien Dios guió, en momentos decisivos de su vida, a través de sueños (Mt 1,20; 2,13.19.22). Pero tal vez lo que más nos asombra es que, a diferencia de otras figuras evangélicas, de él no tenemos ni una palabra. De María se recopilan cinco frases cortas y un canto. De José, en cambio, nada de nada. ¡Pensar que era callado y el hijo le salió predicador!

Si por el “sí” de María Jesús tuvo una madre, por el “sí” de José Jesús tuvo también un padre con el que aprendió humanamente a ser hijo.

En su carta apostólica Patris corde (8 de diciembre de 2020), Francisco se suma a aquellos Papas que han reflexionado sobre el papel central de José en la historia de la salvación. Y, en su mensaje, él nos comparte algunas ideas sobre qué tipo de padre fue el custodio del Redentor. No las voy a repetir; te invito a leerlas. Pero te hago notar algo: si en este santo varón todos podemos encontrar un ejemplo, un intercesor, un apoyo o un guía, ¡mucho más los padres de familia!

Se buscan padres

La paternidad es un tema que interesa mucho a Francisco. En primer lugar, porque padre no se nace, sino que se hace. Y hoy aprender a ser padre es complicado. En segundo lugar, porque a menudo los hijos se sienten sin padres, aunque los tengan. Los números 176-177 de Amoris laetitia hablan de esto: en muchas sociedades, la figura del padre está simbólicamente desviada o desvanecida; su autoridad, sospechada; su virilidad, cuestionada; su rol, deslegitimado.

En este contexto, como dice el psicoanalista Massimo Recalcati en su libro El complejo de Telémaco, urge relanzar la figura del padre. Que no es el “padre-patrón”, autoritario o censor, sino el “padre-testigo”, una presencia masculina clara y definida que, junto a la madre, es cercano a los hijos en su crecimiento, les indica horizontes, los acompaña con amor y firmeza, y asume la responsabilidad de transmitirles una herencia de vida y de fe. El Papa lo repite en su carta: “el mundo necesita padres”. Y agrega: “también la Iglesia”. Que, en este Año dedicado a él, San José nos ayude a encontrar estas figuras de padres que estamos necesitando.

BOLETIN SALESIANO – JUNIO 2021

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