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“Sembrar” en los jóvenes el primer anuncio del Evangelio

 

Por Gustavo Cavagnari, sdb • cavagnari@unisal.it

En Christus vivit (2019: ChV), la carta del Papa a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios, Francisco nos recuerda que “la pastoral juvenil implica dos grandes líneas de acción. Una es la búsqueda, la convocatoria, el llamado que atraiga a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor. La otra es el crecimiento, el desarrollo de un camino de maduración de los que ya han hecho esa experiencia” (ChV 209).

Aunque no sean sus únicos objetivos, en este número de la Exhortación la pastoral con los jóvenes queda delineada en dos movimientos: de atracción “a la experiencia del Señor” y de crecimiento en “esa experiencia”.

 

¡No me hagás callar!

“Con respecto a lo primero, la búsqueda,” el Papa dice a los jóvenes lo que podría decirnos a todos los miembros de la comunidad cristiana: confío en que sabrán “encontrar los caminos atractivos para convocar” a otros (ChV 210).

Pero convocar por convocar nos basta. Se trata de atraer a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor. Por eso el Papa continúa diciendo en este mismo número: “Pero lo más importante es que cada joven se atreva a sembrar el primer anuncio en esa tierra fértil que es el corazón de otro joven”.

¿Qué es este “anuncio”? En Evangelii gaudium (2013: EG) Francisco lo define como una proclamación que “se concentra en lo esencial, lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario” de la fe cristiana (35): la persona, el mensaje y la acción salvadora del Señor Jesús, muerto, resucitado, glorificado por el Padre y dador del Espíritu Santo prometido (Hch 2,33).

¿Y por qué es “primer” anuncio? En algunos casos, porque se ofrece por primera vez; en todos los casos, porque es el principal, es la noticia “que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras” y “siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra” (EG 164).

“Nuestra forma de presentarnos, de ser y de actuar son el primer anuncio que otros reciben”

Este anuncio, que vale para todos, incluye obviamente a los jóvenes. “Más allá de cualquier circunstancia, a todos los jóvenes quiero anunciarles ahora lo más importante, lo primero, eso que nunca se debería callar. Es un anuncio que incluye tres grandes verdades que todos necesitamos escuchar siempre, una y otra vez” (ChV 111): Dios te ama, Cristo vive y te salva, el Espíritu Santo es fuente de vida.

 

La primera vez que lo escucho

Nuestra forma de presentarnos, nuestro modo de intervenir, nuestra manera de ser y de actuar son, aún sin quererlo, el primer anuncio que otros reciben. Los cristianos anunciamos a Jesús, antes que nada, con nuestro modo de ser y de ir al encuentro de las personas.

A este anuncio implícito del Señor, se añade un modo más evidente. Éste se refiere a todas aquellas actividades de proclamación explícita, espontáneas u organizadas, realizadas por personas o por grupos, de Jesús y de su Evangelio, tanto a quienes no lo conocen, como a los que lo conocieron, pero se alejaron de él. ¿Con qué fin? Despertar ese interés que puede llevar, a los primeros, a aceptar la fe, y a los segundos, a despertar la fe adormecida para seguir al Señor en el discipulado misionero.

Nos hemos cansado de escuchar que la fe no impone. La fe se “suscita”. Sí, claro, pero ¿cómo? Antes que nada, dando testimonio, no “de vida”, en general, sino “de fe”, en particular. ¡También los no creyentes pueden ser ejemplos de vida! Pero sólo los creyentes podemos testimoniar nuestra fe. 

Pero no basta. ¡La fe se suscita por el oído, no por la vista! “¿Cómo invocar al Señor sin creer en Él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de Él? ¿Y cómo oír hablar de Él, si nadie lo predica?” (Rm 10,14). “El valor del testimonio no significa que se deba callar la palabra” (ChV 176).

 

Una iniciativa irremplazable

La forma común del primer anuncio es ocasional e interpersonal. No hay una estrategia definida. Puede acontecer en cualquier lugar. Pero la presencia y la relación son condiciones básicas. Como cuando Felipe se acercó al funcionario etíope, se puso a charlar con él y, como quien no quiere la cosa, “le anunció la Buena Noticia de Jesús” (Hch 8,26-40).

El primer anuncio no es un discurso ni una discusión: es una “buena noticia”.

Sin dudas, el anuncio será más eficaz cuanto los interlocutores se aprecien y se acepten mutuamente. La buena relación, la empatía, la escucha, ponen “las condiciones para un anuncio del Evangelio que llegue verdaderamente al corazón, de modo incisivo y fecundo” (ChV 38).

Claramente, el primer anuncio no es un discurso ni una discusión. Es una “buena noticia”, capaz de entrelazarse con la vida de personas concretas y hacer emerger sentidos fundados en la fe en Dios y en la relación personal con Cristo. A este fin, está bueno redescubrir la “narración”: contar lo que, por gracia de Dios, hemos llegado a ser. ¡Compartir con otros nuestra fe! (ChV 163).

 

Haciéndola breve

El Papa resume todo esto en Christus Vivit ¿Cuál es el gran anuncio? ¡Somos amados por el Padre, salvados por Jesús, vivificados por el Espíritu! (ChV 130). ¿Para qué hacer este anuncio? Para despertar “una honda experiencia de fe” (ChV 210). ¿Cómo hacer este anuncio? Sobre todo, con un estilo caracterizado por la proximidad y la cercanía (ChV 211). Fundamentalmente, de persona a persona (ChV 218).

BOLETIN SALESIANO – JUNIO 2020

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