Escuela… Educación… JUSTICIA

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¡Don Bosco quería una escuela para los chicos! ¡No, Don Bosco quería el oratorio! Tranquilos, quería una parroquia… Nada de eso, ¡él quería una casa!

Sabemos que la obra de Don Bosco fue el Oratorio, entendido como vincularidad, como modo de relacionarse. Vincularidad que podemos pensar desde esas cuatro dimensiones que nos ayudan a entender de qué se trata esa genialidad que nuestro padre eternizó como modo de vivir el Evangelio. Cuando se traduce en propuestas pastorales concretas, puede ser que resalte alguna de ellas por sobre las otras. Pero sabemos que cada una, como un todo, hacen que sea fiel al espíritu que él nos legó.

Una de esas dimensiones, la de “escuela”, nos convoca este mes por todo lo que implica el inicio de un nuevo ciclo escolar. Pero hablar de “escuela” no es referirse sólo al dispositivo escolar tradicional, sino a la dimensión de nuestra espiritualidad que aporta ese rasgo distintivo y fundamental para nuestro futuro: la educación. Don Bosco sabía bien que los chicos de su oratorio no permanecerían siempre con él, y tampoco lo deseaba, por eso se preocupó mucho por generar en el oratorio el aprendizaje de “artes y oficios”.

La educación nos da las herramientas para pensar todas las propuestas pastorales en términos de promoción social. Si nuestras actividades son fieles al espíritu de la obra de Don Bosco van a buscar, a través de la educación, dar herramientas concretas que sirvan a los chicos y chicas para desenvolverse frente a los desafíos de la sociedad. Pensar nuestras prácticas con la mirada puesta en la promoción social es asumir que la educación es fundamental no sólo para igualar oportunidades, sino para creer que una sociedad más justa es posible; creer que quienes hoy no tienen acceso a bienes —no sólo materiales, sino simbólicos o culturales— tienen en la educación una potente herramienta de justicia.

Cada vez que acompañamos a los chicos y chicas de nuestros barrios en sus estudios, que nos preocupamos —y ocupamos— cuando alguno hace días que no concurre a la escuela; cuando generamos propuestas como apoyos escolares, fortalecemos los centros de formación profesional, pensamos las actividades buscando dejar capacidad instalada… estamos educando, haciendo realidad esa dimensión oratoriana que es “escuela”.

La educación es un derecho social y asegurarlo, especialmente a nuestros pibes en situación de mayor vulnerabilidad, es un acto de justicia.

 

Por Flavio Cuoco

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