La nota discordante

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Problemas de relación y de comunicación entre los primeros salesianos en la Argentina.

Domingo Tomatis y Bartolomé Molinari, atravesaron algunas dificultades vinculares en el primer tiempo luego de su llegada a América.


Por Néstor Zubeldía, sdb

nzubeldia@donbosco.org.ar

A pesar de los miles de kilómetros que lo separaban de los primeros misioneros en América, Don Bosco hizo todos los esfuerzos posibles para mantenerse comunicado con ellos, aun en medio de muchas ocupaciones y con recurrentes problemas de salud. “He recibido tus cartas y las de mis queridos hijos residentes en Buenos Ayres”, le escribió a don Bodratto. Procuraré responder alguna palabra a cada uno. Tu harás después la distribución de las cartas. Bendigamos al Señor que nos favorece de modo tan sensible”

El Fundador trataba de escribir a todos, pero especialmente a los responsables del grupo: don Cagliero y luego don Bodratto en Buenos Aires, don Fagnano en San Nicolás y don Lasagna en Uruguay. A este último le escribió desde Marsella: “En tu carta, que he recibido a comienzos de mes, me di cuenta de que no has recibido ninguna mía desde que estás en América y eso me apena mucho, ya que solo un mes no he podido escribirte, en los otros te he mandado regularmente una carta. Paciencia. Veré el modo de remediarlo en adelante”.

En verdad no había muchos modos de solucionarlo. Las comunicaciones eran inevitablemente lentas y dificultosas, y más de una vez las cartas, escritas con tanto esfuerzo, se perdían en el camino. Sin embargo, Don Bosco no dejaba de buscarle la vuelta al asunto, convencido de la importancia de la comunicación, especialmente en esa etapa fundacional.

Pero a veces no eran solo problemas del correo de la época, sino también modos diversos de comunicarse. En un caso de los comienzos en América, Don Bosco se apenó mucho al enterarse indirectamente por otros salesianos de algunas dificultades de relación en el primer grupo de misioneros. Recién llegado a San Nicolás de los Arroyos, el padre Domingo Tomatis había escrito a su antiguo director en Italia haciéndole algunos comentarios sobre el lugar de misión, las reacciones de la gente y, de paso, también los primeros problemas de relación con sus hermanos de comunidad. Aprovechando la familiaridad en la Congregación con la música y con el latín, Tomatis escribió a don Francesia: “Debo decirle que una de las siete notas desentona y es el MI”. Y para justificarse, agregó a continuación una expresión latina que se podría traducir como: “nadie prohíbe decir, riendo, la verdad”.

No había que hacer mucha disquisición para reconocer “la nota discordante” entre los siete salesianos enviados por Don Bosco a San Nicolás. Era claro que Tomatis se refería al coadjutor Molinari, cuyo apellido empieza con M y termina con I, y que además era buen músico. De hecho, Don Bosco le confiaría en sus cartas más de una vez a Molinari encargos específicos relacionados con sus habilidades musicales.

A Don Bosco le preocupó especialmente que la comunicación no hubiera sido directa y que el comentario sobre esos primeros problemas se hubiera extendido enseguida en Italia junto con las noticias del comienzo de la misión en América.

Al Fundador, que tanto valoraba y recomendaba la confianza en la relación con sus salesianos y con los jóvenes, esa dificultad de relación entre sus misioneros, surgida ya en el largo viaje en barco a América, le provocó una gran tristeza. Pero le preocupó especialmente que la comunicación no hubiera sido directa y que el comentario sobre esos primeros problemas se hubiera extendido enseguida en Italia junto con las noticias del comienzo de la misión en América.

Como suele suceder, a la distancia las cosas se agrandaron. Entonces Don Bosco le escribió el 12 de febrero a don Cagliero, el jefe del grupo, diciéndole: “Don Tomatis ha escrito que no se lleva bien con alguno y que dentro de poco regresará a Europa. Esta carta, escrita a don Francesia, ha producido mala impresión aquí. Dile que un misionero debe sufrir por la gloria de Dios y que cuando haya motivos de descontento los ventile allí con su director o que me escriba inmediatamente.

Cuando finalmente llegó a Turín la carta de Tomatis, Don Bosco le respondió el 7 de marzo de 1876 con estas palabras que vale la pena leer atentamente: 

Mi querido don Tomatis: He recibido tus noticias y experimenté una gran alegría al saber que has tenido buen viaje y que tienes buena voluntad para trabajar. Continúa. 

Y enseguida después fue a lo que más le preocupaba: 

Una carta tuya escrita a Varazze ha hecho saber que no estás en buenas relaciones con algún hermano. Esto ha impresionado mal, especialmente porque se leyó en público.

Escúchame, querido don Tomatis: Un misionero debe estar pronto a dar la vida por la mayor gloria de Dios ¿y no será capaz de soportar un poco de antipatía hacia algún compañero, aunque tuviera defectos notables? Escucha lo que dice San Pablo: ‘Ayúdense mutuamente a llevar las cargas y así cumplirán la Ley de Cristo’ (Gál 6,2).  ‘El amor es paciente, es servicial (…) todo lo soporta’ (1 Cor 13,4.7).

Por lo tanto, mi querido, dame este gran consuelo, o más bien, hazme este gran favor: es Don Bosco quien te lo pide: en adelante, Molinari será tu gran amigo. Y si no puedes amarlo por sus defectos, ámalo por amor a Dios, ámalo por amor a mí. ¿Lo harás, no es cierto? Por lo demás, yo estoy muy contento contigo y todas las mañanas en la santa misa encomiendo a Dios tu alma y tus trabajos.

“Un misionero debe estar pronto a dar la vida por la mayor gloria de Dios ¿y no será capaz de soportar un poco de antipatía hacia algún compañero, aunque tuviera defectos notables?”.

Y como no daba puntada sin hilo, antes de concluir, Don Bosco le recordó también un encargo que ya le había hecho anteriormente, de aprovechar su conocimiento avanzado de español para comenzar enseguida a traducir los textos escolares que la Congregación ya publicaba en Italia. De paso, era otra muestra de confianza hacia el joven misionero interpelado: 

No te olvides de traducir la aritmética, añadiendo los pesos y medidas de la República Argentina. 

Y concluye:

Dios te bendiga, querido don Tomatis, no te olvides de rezar por mí, que seré siempre afmo. amigo en Jesucristo.

Sac. Juan Bosco.

Finalmente la relación se recompuso. Cagliero y el mismo Tomatis escribieron a Don Bosco comentando los progresos. Al año siguiente, Molinari dejó la Congregación. Por lo que sabemos, unos años después se desempeñaba como organista en Fray Bentos, Uruguay. Hasta que se perdió su huella. Fue el único de los diez primeros que no perseveró en su vocación. 

Tomatis, en cambio, continuó como misionero salesiano en América, primero en San Nicolás y luego en Chile, donde llegó en 1888 para fundar la obra salesiana de Talca. Vivió en el país trasandino hasta su muerte en Santiago, el 8 de octubre de 1912, a los sesenta y tres años. Cuando todavía era un niño, en el oratorio de Valdocco, Don Bosco le había predicho que sería sacerdote, que viviría muchos años y que le ayudaría a salvar muchas almas.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2026

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