Una aproximación pastoral y pedagógica a la nueva Encíclica del Papa León XIV.

Por: Fernando Contarino
fcontarino@donbosco.org.ar
Hace unos días el Papa León XIV publicó su primera encíclica Magnifica Humanitas, dedicada a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial”. Este tema, como miembros de la obra de Don Bosco –que se dedica especialmente a la educación de los miles de niños, niñas, jóvenes y adultos– nos interpela y nos llama a reflexionar sobre una realidad que hoy se vive en todas o casi todas las Casas del país: el uso de la Inteligencia Artificial en el aula.
“Síndrome de Babel”
La reciente encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV no puede ser leída como un simple tratado técnico sobre los avances de la era digital, sino como un enérgico llamado de atención sobre la raíz misma de nuestra identidad: la dignidad de la persona humana. En un escenario global dominado por un paradigma tecnocrático voraz, donde grandes corporaciones transnacionales no solo diseñan herramientas, sino que dictan los ritmos del pensamiento y de la interacción social, el Santo Padre nos invita a desarmar lo que denomina con gran lucidez el «Síndrome de Babel».
La tecnología jamás es neutral; responde a intereses concretos y, por lo tanto, exige de nuestra parte un discernimiento ético y pedagógico permanente.
Babel, en el texto pontificio, trasciende el relato mítico de la confusión de lenguas para convertirse en el símbolo de la homogeneización cultural y cognitiva. Es el intento de construir un orden social basado exclusivamente en la eficiencia utilitaria y el lucro, donde un único lenguaje algorítmico pretende predecir, clasificar y, en última instancia, vaciar de misterio la experiencia humana. Frente a este intento de reducir la interioridad y la gracia a meras métricas cuantitativas, León XIV rescata el «Camino de Nehemías». Esta veta bíblica nos propone la reconstrucción comunitaria, orgánica y sinodal, donde la técnica se somete a la primacía de la justicia y los vínculos reales. Para quienes intentamos encarnar el carisma salesiano, este enfoque es una brújula directa: no se trata de caer en una tecnofobia estéril, sino de comprender que la tecnología jamás es neutral; responde a intereses concretos y, por lo tanto, exige de nuestra parte un discernimiento ético y pedagógico permanente.
La encrucijada en las aulas
Al aterrizar las intuiciones de la encíclica en la cotidianidad de las escuelas secundarias y las universidades, nos topamos con una emergencia educativa insoslayable. Los jóvenes de hoy nacieron y crecen en este ecosistema saturado. Para ellos, la Inteligencia Artificial generativa no es una novedad del futuro, sino una prótesis cotidiana a la que recurren masivamente para resolver monografías, tareas didácticas, resúmenes y trabajos de integración.
El problema central que plantea Magnifica Humanitas en su cuarto capítulo no radica en el uso instrumental de estos sistemas de automatización, los cuales pueden optimizar ciertos procesos, sino en el fenómeno de la alienación cognitiva. Observamos con preocupación cómo el clásico «copiar y pegar» ha mutado hacia el «prompt rápido», un mecanismo donde el estudiante delega por completo el esfuerzo deliberativo, la síntesis intelectual y la lucha con el texto escrito. Al suplantar el proceso de maduración personal por la inmediatez de un resultado prefabricado por el algoritmo, se produce un aplanamiento sistemático del pensamiento crítico.
Si el aula deja de ser el lugar del encuentro, de la pregunta incómoda, del debate apasionado y de la búsqueda comunitaria de la verdad, le estamos entregando las llaves de la subjetividad de nuestros jóvenes a una lógica de mercado que los prefiere dóciles, predecibles y profundamente aislados detrás de sus pantallas.
La escuela y la universidad corren el riesgo de convertirse en espacios transaccionales, donde solo importa la acreditación vacía y el intercambio de datos. Como educadores, esto nos interpela hondamente: si el aula deja de ser el lugar del encuentro, de la pregunta incómoda, del debate apasionado y de la búsqueda comunitaria de la verdad, le estamos entregando las llaves de la subjetividad de nuestros jóvenes a una lógica de mercado que los prefiere dóciles, predecibles y profundamente aislados detrás de sus pantallas.
El amor, un núcleo irremplazable
Fieles al legado de Don Bosco, sabemos que no podemos mirar este «cambio de época» desde la distancia del juicio o el lamento. Nuestro lugar es, por definición, estar en medio de los jóvenes, habitando sus mismos espacios para ofrecerles una presencia que prevenga, salve y libere. La encíclica nos habla de rescatar el «más que humano», ese núcleo de interioridad, compasión y capacidad de amar que ninguna máquina podrá replicar jamás.
Para activar este discernimiento en nuestras comunidades educativo-pastorales en nuestras obras, surgen tres preguntas abiertas que brotan directamente de tensionar la encíclica con nuestra praxis cotidiana:
1. ¿De qué manera podemos resignificar la pedagogía de la asistencia y el concepto del patio salesiano en este ecosistema digital? ¿Cómo pasamos de ser meros vigilantes del uso que los alumnos hacen de la IA a convertirnos en compañeros de camino que propicien espacios virtuales y físicos de aprendizaje asociativo, donde la tecnología fortalezca la comunidad en lugar de aislar al individuo?
2. Ante la tendencia de los entornos algorítmicos a homogeneizar las respuestas y automatizar el saber, ¿qué transformaciones urgentes debemos hacer en nuestras propuestas didácticas en la secundaria y la universidad para rescatar el valor del esfuerzo intelectual, la duda filosófica y el error constructivo, ayudando a los estudiantes a desarrollar una verdadera libertad interior?
3. En un contexto que valora a las personas por su rendimiento o por la cantidad de datos que generan para el mercado, ¿cómo podemos ayudar a los jóvenes y adolescentes a internalizar que su valor absoluto e inalienable reside en su corazón, en su dignidad de hijos de Dios y en su capacidad de transformar la realidad a través del amor, evitando que su identidad quede supeditada a las lógicas del éxito algorítmico?
Estas preguntas nacieron de una reflexión que lleva cada vez más a mirar con detenimiento la realidad juvenil, y más ahora donde la Inteligencia Artificial parece tomar la punta en todo lo que concierne al desarrollo cognitivo y vivencial de los adolescentes y jóvenes.
Por eso, esto no pretende cerrar el debate, sino abrirlo de par en par en las salas de profesores, en las reuniones de pastoral y en las aulas. La encíclica nos desafía a no ser meros espectadores de la automatización del mundo, de no quedarme siempre en la vereda de enfrente, sino arquitectos, al modo de Nehemías, de una educación que siga poniendo en el centro el latido del corazón del joven, y sabiendo que detrás de ese latido está el mismo Jesús esperándonos.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JUNIO 2026
