«La dignidad humana no tiene pasaporte»

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La visita del papa León XIV a España.

En el mes de junio el papa León XIV realizó su cuarto viaje apostólico internacional, una visita que lo llevó a diversas regiones de España –Madrid, Barcelona y las Islas Canarias–. Durante el mismo se encontró con representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático, presidió la Eucaristía donde participaron más de un millón de personas, respondió preguntas e inquietudes de los jóvenes y escuchó los testimonios de hombres y mujeres que atravesaron en primera persona las dificultades de ser migrantes.

El deber del Estado

El primer destino de León XIV fue Madrid, donde se encontró con las autoridades, representantes de la sociedad civil y miembros del cuerpo diplomático. Allí el Papa abogó por una “cultura del encuentro” que sustituya a la confrontación. Pidió abandonar “las narrativas divisivas y polarizantes” y afirmó que “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”. 

A su vez advirtió también sobre el riesgo de vivir encerrados en «ideologías prefabricadas» o en relatos alejados de la realidad. Retomando una expresión de Francisco, recordó que «la realidad es superior a la idea», invitando a buscar la verdad sin simplificaciones ni prejuicios.

«La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».

EEn el mismo marco recalcó que la dignidad humana “precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables”. Al hablar del fenómeno migratorio, señaló que “esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica y abogó por una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración. Además realizó un llamado universal para promover “el derecho de cada uno a permanecer en su propia tierra, trabajando para que nadie deba abandonar su hogar por falta de paz, de seguridad o de condiciones de vida dignas, por las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática”.

Finalmente a los creyentes que se hicieron presentes en la multitudinaria misa del domingo del Corpus Christi los animó a dejar el egoísmo y la indiferencia, “una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión”. Y señaló de forma contundente que nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”.

Testigos y profetas

La visita del Papa continuó en Barcelona, donde apenas llegado reivindicó  a quienes “se entregan para construir armonía y comunión más allá de toda polarización”. Además expresó: “En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser ‘mártires’, es decir, testigos y profetas, de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias

Por la tarde del martes 9 de junio se llevó adelante la vigilia de oración con los jóvenes, donde León XIV escuchó sus testimonios y señaló que el bienestar mental está en peligro. Además alertó contra una sociedad que empuja a las personas a «producir siempre y ser vencedores» y reivindicó la necesidad de recuperar espacios de silencio, interioridad y búsqueda de sentido. Por eso alertó sobre “cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales”

Posteriormente luego de escuchar el testimonio de reclusos del centro penitenciario Brians, León XIV insistió una vez más en un concepto sobre el que se viene pronunciando desde el comienzo de su pontificado: la dignidad humana y explicó que la misma no depende de las capacidades, de la posición social o de las riquezas, sino que “todo ser humano es digno por el mero hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios”.

“No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”.

Su paso por Barcelona concluyó con la inauguración de la Torre de Jesús, la nueva torre que convierte a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo. Durante la misa, el papa León XIV volvió a lanzar un llamado a la paz y a la acogida, subrayando que quien cree no puede matar inocentes ni “abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”: “No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”, compartió.

Cruzar fronteras

La última parte del viaje tuvo como destino las Islas Canarias. Tras escuchar los testimonios de quienes sufrieron hasta llegar allí y fueron ayudados por entidades caritativas y asistenciales, el papa León XIV apeló a una Europa que “no puede acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”. Invitó a toda la sociedad a realizar un “examen de conciencia” ante lo que viven las personas migrantes, que llegan “heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad”, ellos “no son números ni expedientes”. Y recordó que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».

“La dignidad humana precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables”.

Así, invitó a las autoridades de los países de origen a “crear condiciones de paz, justicia y desarrollo”; a las naciones de tránsito a “proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales” y, a toda la comunidad internacional, a “una cooperación eficaz y perseverante”.

El Papa denunció también a las organizaciones que “trafican con la desesperación», a quienes explotan mujeres y niños o convierten el sufrimiento ajeno en negocio, y advirtió contra las falsas promesas de quienes ofrecen «paraísos fáciles» a personas vulnerables: “¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos nuestros tienen que arriesgar la muerte para buscar la vida?”, le preguntó a los presentes y agradeció a quienes se implican en los rescates, la acogida y el acompañamiento.

Fuente: ANS, Misiones Salesianas y Vatican News.

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