La colonia de verano: un punto de encuentro para los chicos y chicas de Buenos Aires.

Por: Sol Córdova y Agustina Giuliani
mgiuliani@donbosco.org.ar
Es enero, y desde hace varios días la temperatura solo sube. Las clases terminaron hace algunas semanas y ya no hay que estudiar para ningún examen ni hacer tarea. Los chicos ya no ven a sus maestras y compañeros como todos los días. Los más grandes aprovechan el tiempo libre para ver videos en Tik Tok y dormir hasta tarde. Sin embargo, también existen grupos de jóvenes comprometidos que eligen brindar su tiempo y cuidar la vida de otros.
Es así que, cada mañana, varios micros escolares llegan al predio de Piletas Namuncurá, ubicada en Aldo Bonzi, del partido de La Matanza, en la provincia de Buenos Aires, para comenzar un nuevo día de colonia.
Cientos de chicos y animadores llenos de energía y entusiasmo se bajan rápidamente para empezar a disfrutar de la jornada. Vienen desde diferentes zonas de la provincia y ciudad de Buenos Aires. Algunos de más cerca, otros, recorren un camino más largo.
“Nos unimos para ser una sola comunidad”
Durante las vacaciones de verano, los chicos y chicas que en el año asistieron a diferentes propuestas de las Casas, tienen la posibilidad de seguir disfrutando de tardes de juegos, actividades al aire libre y de la compañía de sus amigos, en un espacio cuidado y pensado para ellos.
Sus animadores ya los conocen, así que previamente prepararon actividades recreativas y catequesis para cada grupo, teniendo en cuenta sus intereses y objetivos grupales. Además, se sumaron a dar una mano animadores de otras Casas Salesianas de la Inspectoría gracias al voluntariado de verano. Vienen desde diferentes lugares, convocados por el espíritu salesiano que transforma el servicio en oportunidades, ponen su experiencia a disposición para enriquecer la propuesta.
“A mí me dan ganas de seguir animando hasta en vacaciones”, expresa Nayara.
“A mí me dan ganas de seguir animando hasta en vacaciones”, expresa Nayara quien tiene diecisiete años y es animadora de la Colonia del Sagrado Corazón de Jesús en Villa Luzuriaga. Además agrega que “con muchos chicos ya tenemos un gran vínculo porque los conocemos de las temporadas anteriores o por compartir en otros espacios salesianos”.
Dentro de la colonia conviven varios grupos. Buen Pastor de Isidro Casanova, San Juan Evangelista de La Boca, Sagrado Corazón de Villa Luzuriaga y Santa Catalina del barrio porteño de Constitución, son solo algunos de ellos. La relación entre todos se desarrolla sin mayores problemas, ya que mediante el diálogo y las buenas prácticas de convivencia, se busca que todos puedan disfrutar del espacio en armonía y compañerismo.
“Es un espacio en donde nos unimos muchas comunidades para ser una sola comunidad”, afirma Jazmín, de dieciocho años. Hace tres que anima en la Colonia Sagrado Corazón y asegura que disfruta mucho compartir con los chicos.
Cuando cae el sol
“Los días en la colonia empiezan con un saludo, y después cada uno se va con su categoría. Jugamos a la pelota, hacemos juegos con agua y después tomamos la merienda y nos vamos a casa”, comparte Ciro, de once años, que asiste hace varias temporadas a la colonia del Sagrado Corazón. Lo que más le gusta es reencontrarse con sus amigos y conocer a chicos de otras colonias.
La propuesta es un espacio de encuentro con un objetivo simple: que los chicos disfruten de ser chicos. Allí son llamados por su nombre y escuchados por animadores que acompañan cada situación con mucho cariño. Juntos se alejan del ruido de la ciudad para disfrutar de un entorno recreativo donde todos tienen lugar. Así, el patio se convierte en un espacio del cuidado de la vida y los juegos en la excusa perfecta para encontrarse.
Micaela, animadora de la Casa Salesiana San Juan Evangelista, explica que dos veces por semana se trasladan a Namuncurá y, otras dos, realizan actividades en el patio. Para ella la colonia de verano es importante: “porque los chicos necesitan un lugar donde puedan expresarse, jugar y vincularse con otras personas de su misma edad”.
Los lunes es el día de los animadores. Se reúnen a planificar, van a la pileta y disfrutan de momentos de esparcimiento con sus compañeros. Se preparan para recibir los martes y jueves a todos los chicos en el predio. El resto de los días, la colonia sigue en el patio de cada Casa.
A lo lejos se escuchan risas y, más allá, un partido de fútbol mixto, de esos peleados que solo tienen lugar una tarde de verano con amigos. Un mate se pasa de mano en mano y, a la derecha, el grupo de ocho y nueve años juega a “Dos perros por un hueso” esperando que llegue el tan deseado momento de pileta.
A la tarde, meriendan todos juntos para dar cierre al día. Una ronda grande y un tupper lleno de galletitas que pasa de uno en uno, mientras los chicos esperan impacientes a que un animador les sirva jugo.
El sol está bajando indicando que la tarde terminó y es hora de ir a casa. Todos se suben a los micros. Algunos aprovechan a descansar, mientras que otros comentan a sus compañeros del partido que casi ganan a último minuto. En sus caras se nota que están listos para volver al día siguiente.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MARZO 2026


