
Rotonda
¿Cuántas veces fuimos a la luna y volvimos?
Ninguna, pero siempre supe lo que sentimos
A veces no confiamos ni en nosotros
Los pies se van solitos por las huellas de otros
No hace mucho tiempo ya perdí la fe
¿Que crecer pasó de moda?
Vuelvo hasta mi casa a tomar un café
Después el tiempo me acomoda
Y es que no estoy perdido, estoy tirado
Y es que no estoy rendido, estoy cansado
Vivo corriendo hacia los ojos de quien
Seguro que se anda corriendo también
(fragmento)
Artista: Adrián Berra
Album: Antes de saltar (2026)
Por Rocío Sponton
rociosponton@gmail.com
Escuchábamos con mi amigo a Adrián Berra en un recital acústico íntimo. Él venía de unos días de repensar y replantearse todo, estaba confundido, abrumado, embolado con la vida. Me decía que estaba cansado de siempre caer en las mismas situaciones en las que no quería estar, y que en vez de poner límites, se dedicaba a decir “está bien”.
Rotonda es una canción que nos habla de lo rutinario, de ese mood automático en el que entramos muchas veces, en donde los “pies se van solitos por la huella de otros” y te encontrás pensando: ¿cómo es que llegué hasta acá?
Adrián habla de esos momentos en los que vemos todo tan pálido que nos gana el dramatismo y los absolutismos, en donde las exigencias se vuelven tan grandes que terminan por agotarnos. Sin embargo, el regalo de caer en la cuenta de que “no estoy rendido, estoy cansado” y “volver a casa a tomar un café” nos puede acomodar las ideas y el corazón para hacernos bajar tres cambios a los pensamientos intrusivos y darnos la calma necesaria para seguir andando la vida.
En medio de la rutina también están las cosas que nos rescatan de perdernos en la inercia de lo cotidiano, entre el despertador que suena a la misma hora todos los días, y las tareas que se repiten como bucle, hay pequeños destellos luminosos que nos conectan con la esencia de quienes somos y con lo que nos importa, nos dan el chispazo que necesitamos para abandonar ese giro interminable en la misma rotonda. “Entre todo lo que tengo y entre todo lo que toco nunca supe que era mucho pero ahora sé que no es poco, y entre todo lo que pasa es la música mi casa”, se repite como si fuera una oración para meditar e interiorizar lo que vale la pena.
Miré a mi amigo mientras sonaba este tema y lo abracé. Se había dado cuenta de que todavía le quedaban pedacitos irrenunciables de él mismo, que aunque hubiera cambiado de trabajo, de relación, de comodidades o de seguridades, aún podía encontrar vida en el sonido de su guitarra, en los mates que compartía en casa, en el partido de play con sus amigos cada viernes y en los sueños que sostenían su porvenir.
El regalo de esta canción es poder descentrarse del drama para abrazar el refugio de lo simple. Para Adrián, la música es su casa; para mi amigo, los rituales compartidos y las nuevas posibilidades. Al final, salir de la rotonda no exige una revolución extrema, sino habitar el presente con la certeza de que en esos pequeños destellos cotidianos reside nuestra calma, nuestro hogar, la luz, la vocación, la ternura, lo bello…
¿Qué cosas sentís que le dan sentido a tu cotidiano? ¿Qué y quiénes te rescatan de “la misma rotonda”?
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – OCTUBRE 2026
