“Él es mi segundo”

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Animar a la Familia Salesiana en un mundo en guerra.

En 1910, Don Pablo Albera fue electo Rector Mayor de los Salesianos. Varios años antes Don Bosco había escrito: “Él es mi segundo”.

Por Manolo Pérez, sdb

Centro Salesiano de Formación Permanente América

Don Rinaldi, quien sería luego el cuarto Rector Mayor de los Salesianos, había entregado a Don Lemoyne un sobre cerrado que decía: “Para luego de las elecciones por la muerte del querido Don Rua”. Después de la elección, 16 de agosto de 1910, lo leyó públicamente: “El 22 de noviembre de 1877, Monseñor Ferré le pregunta a Don Bosco sobre las resistencias a Don Albera (tenía 32 años) de parte de su obispo y del clero, por ser salesiano. Don Bosco respondió: ‘Claro… él es mi segundo’ y cortó la frase”. Don Rinaldi dijo entonces: “Conservé esto esperando…”

En el medio de la “Gran Guerra”

Luego de su elección como Rector Mayor, Pablo Álbera rezó ante la tumba de Don Bosco y le pareció oír: “Conserva lo que tienes…”. Ya había recorrido las casas de América, lo mismo hará como Rector Mayor en Europa. Su objetivo: cuidar los servicios a los jóvenes más necesitados y la Iglesia local, recibir las confidencias personales, consolar, amonestar, dar valor, tomar decisiones oportunas y tratar a cada uno con familiar cordialidad.

A cuatro años de ser elegido, estalló la Primera Guerra Mundial. Durante el conflicto, Don Albera escribió: “Hay numerosos hermanos llamados bajo las armas… tantos pagaron ya su tributo a la patria con el sacrificio de la vida y otros cuando sea… no me pueden negar que el corazón del padre, pensando en todos sus hijos, está inmensamente más probado”.Los salesianos convocados al combate eran unos dos mil, casi la mitad de todos lo que había en ese entonces. Durante los tres años de la guerra, Albera organizó la ubicación actualizada de cada uno y les envió una circular mensual. En 1918 eran sus bodas de oro sacerdotales: pidió encontrarse con los salesianos y sacerdotes exalumnos que eran ex soldados. Su clamor era que se abrieran las puertas a los hijos de los combatientes, muchas veces huérfanos.

Durante los tres años de la guerra, Albera organizó la ubicación actualizada de cada salesiano y les envió una circular mensual

Por la guerra, la celebración del Centenario del nacimiento de Don Bosco en 1915 se redujo a una misa en Valsálice junto a su tumba, en Castelnuovo d’Asti, y una lápida memorial del bautismo; también la piedra fundamental de la capilla a María Auxiliadora en I Becchi.

Un horizonte: la Familia Salesiana

El periódico italiano Corriere della Sera hacía un pronóstico: “Don Albera es de una fisonomía espiritual especial; la obra que desplegó en Francia y América demuestran lo que será, con igual competencia, serenidad y amplitud de miras, para guiar la gran Familia Salesiana sobre las huellas dejadas por Don Bosco y Don Rua”. Y tenía razón… 

Fueron múltiples los encuentros, nacionales e internacionales, con Salesianos, Exalumnos, Hijas de María Auxiliadora, Cooperadores, Bienhechores, autoridades civiles y eclesiásticas. En cada encuentro les habría su corazón y sus inquietudes.

A las Hijas de María Auxiliadora: “Podrán encontrar, entre los salesianos, quienes conozcan más que yo su Instituto, más capaces para darles consejos y ayuda; pero quizás no otro que las quiera más que yo y aprecie su obra”.

A los Exalumnos: “Seríamos bien pobres si los hubiésemos amado sólo en los pocos años que estuvieron con nosotros: los amamos todavía y deseamos amarlos siempre…”. Para ellos impulsó la Federación Internacional de Exalumnos.

A los Salesianos Cooperadores: “Cuando, ante el mal que se propaga o el bien que urge realizar, viene clara de lo alto la invitación a nuevas obras para la gloria de Dios y la salvación de las almas, no dudamos sobre el ejemplo de Don Bosco, a ser también un poco santamente audaces”. Y él mismo abrió 103 nuevas casas.

Una profecía cumplida

El cardenal Rampolla había escrito al 11º Capítulo General sobre el futuro Rector Mayor, en 1910, previamente a la elección de Don Álbera: “Aquel que, por santidad de vida y ejemplo, por bondad de corazón de padre amoroso, por prudencia y sabiduría sea guía seguro, por celo y firmeza vigile la disciplina de la observancia religiosa y del espíritu del venerable Fundador.” .

BOLETÍN SALESIANO – OCTUBRE 2021

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