“Ella lo sabía todo”

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Mamá Margarita: las raíces de una pedagogía del amor y la presencia.

Por: Marina Alcaraz

marina.alcaraz@hotmail.com

La experiencia de familia fue uno de los legados fundamentales que Don Bosco quiso transmitir a jóvenes, religiosos y quienes formaran parte del Oratorio. Conocer a Mamá Margarita, permite comprender el contexto familiar en el que Juan fue educado y por qué buscó que los jóvenes huérfanos y en situación de vulnerabilidad pudieran desarrollarse en un ambiente de familia. También permite aproximarnos a su manera de pensar, sentir, amar, luchar y actuar. 

Margarita es el punto de referencia de todo el proceso educativo. Juan puede descubrir la ternura y firmeza en sus ojos, y sus actitudes de educadora en medio de la convivencia hogareña. En el proyecto del Oratorio, ella fue un apoyo fundamental y una presencia que contribuyó a consolidarlo como hogar.

Mujer y educadora

Margarita Occhiena era una mujer del pueblo, arraigada a su tierra y a su gente. Creció en una comunidad popular, atravesada por una cultura de transmisión oral y con una fuerte experiencia de religiosidad. No asistió a la escuela; en aquella época las niñas no tenían acceso a la educación formal. En el contexto social de la época, la maternidad y el cuidado del hogar constituían funciones centrales atribuidas a las mujeres.

Tras la muerte de su esposo Francisco, asumió nuevas responsabilidades familiares, sosteniendo a sus hijos con firmeza y ternura: era dulce, pero enérgica y fuerte a la vez. Una mujer sabia, con ideas claras y decisiones seguras. Procuraba tener a sus hijos ocupados en trabajos acordes a su edad, ya que creía que el ocio no era un buen amigo de la juventud.

Su tarea educativa atravesaba la vida cotidiana, el trabajo, la solidaridad y la experiencia religiosa. Ella misma preparó a Juan para la primera confesión: lo acompañó y mostró cómo debía hacerse. Realizaba obras de caridad sin importar si ella también estaba en necesidad e invitaba a sus hijos a realizar lo mismo, porque reconocía a Jesús en sus hermanos y eso quería transmitir. 

Don Bosco no presenta a su madre como una figura idealizada, sino que destaca su humanidad y su capacidad educativa: una maestra en la pedagogía del amor y en la vivencia de la fe cristiana piamontesa.

La huella del vínculo

La relación entre Juan y Margarita fue significativa a lo largo de toda su vida. Su presencia y su legado afectivo y espiritual dejaron huellas en su manera de ser, de vivir la fe y de comprender su misión como educador y pastor de los jóvenes.

Los vínculos tempranos de cuidado y protección constituyen una base importante para el desarrollo emocional, señala la teoría del apego de John Bowlby. En una línea complementaria, Erik Erikson destaca el papel de la confianza básica en las primeras etapas de la vida.

Estas perspectivas permiten pensar la influencia de Mamá Margarita en Juan Bosco: el vínculo de confianza que los unía pudo contribuir a configurar su manera de comprender los vínculos educativos y la importancia de ofrecer a los jóvenes un ambiente de cuidado, seguridad y pertenencia. Margarita participa, de forma indirecta, en la configuración de Juan y su pedagogía. 

El propio Don Bosco recuerda ese vínculo cercano: “Les diré que mi madre me quería mucho y yo le tenía una confianza ilimitada y sin su consentimiento no hubiera podido dar ni un solo paso. Ella lo sabía todo.”

De la experiencia familiar a la pedagogía

Margarita comprendía el valor de permanecer junto a quienes la necesitaban. Tras enviudar, rechazó una propuesta de matrimonio ventajosa porque no quería abandonar a sus hijos en el momento en que más la necesitaban. Años después, Juan tomaría una decisión semejante: frente al pedido de la marquesa de Barolo de dedicarse exclusivamente a sus obras como capellán, eligió continuar acompañando a sus muchachos.

Con su llegada, el Oratorio adquiere el sentido de hogar, de casa, de familia. El Sistema Preventivo parte también del corazón y la inteligencia práctica de Margarita. Su presencia no solo organiza las rutinas diarias, sino que también ofrece a los jóvenes una experiencia de amor materno gratuito, sereno y gozoso, que consuela en los días de fracaso, y recuerda a su hijo que lo quiere por lo que es y no por lo que tiene o hace.

“Quiéranse siempre mucho”, dijo Mamá Margarita antes de morir. Años después, Juan Bosco transmitiría un mensaje semejante a Rua y Cagliero días antes de morir.


Los valores que Juan descubrió en su madre formaron parte de su espiritualidad y dejaron huellas en su manera de educar. En ellos reconocemos una pedagogía del amor y la presencia que no se limita a acompañar la realidad de los jóvenes, sino que busca transformarla.

Entre los legados de Margarita que siguen interpelándonos hoy, podemos reconocer:

  • Trabajo y dignidad: el trabajo como medio de humanización de cada persona.
  • Importancia del vínculo para educar: la confianza, la ternura y la firmeza, le ganan a la obediencia que surge del miedo (“saber que son amados”).
  • La experiencia de un Dios tierno y amoroso: una presencia que acompaña la vida cotidiana.
  • La fe puesta en acción: una espiritualidad que se expresa en hechos concretos de servicio, cuidado y compromiso con los demás.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – NOVIEMBRE 2026

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