Una “paloma blanca” y una casa con memoria

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Hace ciento diez años, Julieta Lanteri emitía el primer voto femenino de Sudamérica en el atrio de la parroquia San Juan Evangelista, de La Boca.

Julieta Lanteri visita mesas de votación en la Capital Federal durante las elecciones de 1911. Fuente: Archivo General de la Nación

Por Alejandro León, sdb
aleon@donbosco.org.ar

La parroquia San Juan Evangelista, en el barrio porteño de La Boca, guarda una rica historia, incluso anterior a la llegada de los salesianos. Francisco Bodrato y Tadeo Remotti se hicieron cargo de ella el 20 de mayo de 1877. Se convirtió así en la primera parroquia aceptada por Don Bosco en todo el mundo, debido a la multitud de jóvenes inmigrantes que habitaban el barrio y a quienes los salesianos sintieron la necesidad de acompañar y anunciar el Evangelio. 

Llamados a educar “buenos cristianos y honrados ciudadanos”, encontraron en la vida de la parroquia un ámbito rico para acompañar la realidad ciudadana en un barrio popular. El actual templo parroquial se bendijo el 17 de julio de 1886. Desde entonces su atrio se convirtió en centro de distintos acontecimientos barriales. Son numerosas las placas que lo atestiguan y es por eso que hoy constituyen toda una sala dedicada a esta memoria. 

Hay en ella una placa-relieve en cemento blanco y marmolina, realizada por la escultora Norma Cistaro, que conmemora a Julieta Lanteri. El relieve evoca el apodo de “paloma blanca”, que Lanteri recibía cariñosamente por su forma de vestir.

¿Quién es Julieta Lanteri?

Nacida en Cúneo, Italia, en 1873, y emigrada con sus padres a la Argentina, Julieta fue la primera mujer que pudo ingresar y recibirse de bachiller en el Colegio Nacional de La Plata, que por entonces sólo recibía varones. En marzo de 1896 solicitó al decano de la Facultad de Medicina el ingreso a la carrera. La matrícula le fue concedida en apenas dos días. Seguía así el camino abierto por Elida Paso y Cecilia Grierson. En 1898 se graduó de Farmacéutica en la Universidad de Buenos Aires y años después realizó prácticas de obstetricia en la Escuela de Parteras.

Primera egresada del Colegio Nacional de La Plata, quinta médica recibida en Argentina y primera mujer en votar en Sudamérica: Julieta Lanteri (1873-1932) hizo de los derechos cívicos de las mujeres la causa de su vida.

Julieta, farmacéutica, médica y pionera en el movimiento feminista, fue la primera ciudadana que logró votar en toda Sudamérica, en una elección en la cual todo el padrón estaba compuesto por hombres. Y cuando por ley se asimiló el padrón electoral al registro de la conscripción militar, llegó incluso a ofrecerse como voluntaria para el servicio militar, en un intento por reafirmar el derecho de las mujeres al sufragio, causa a la que dedicó toda su vida.

En 1906 participó del Congreso Internacional de Libre Pensamiento que se realizó en Buenos Aires, e integró el Centro Feminista cuya creación había impulsado Alicia Moreau de Justo. Más tarde, fundaría y presidiría la Liga Argentina de Mujeres Librepensadoras. En lo profesional, en 1907 aprobó su tesis doctoral, ocupando por diez años el cargo de Médica de la Asistencia Pública.

La primera mujer en votar en Sudamérica

En 1911, y en medio de los debates sobre la Ley Sáenz Peña para establecer el voto universal y secreto, Julieta se presentó ante la Justicia para que le reconocieran su derecho a sufragar, y para sorpresa de muchos, le fue conferida la posibilidad en los comicios de ese año. Así, en un fallo ratificado por la Cámara Federal, se estableció que no había impedimento legal para que una mujer ejerciera el derecho al voto.

En abril de 1919 lanzó su candidatura a diputada con una plataforma altamente progresista. En unas elecciones donde sólo votaban hombres, obtuvo 1.730 votos sobre un total de 154.302.

En consecuencia, Julieta Lanteri fue la única mujer incorporada al padrón para votar en las elecciones municipales que se desarrollaron el 26 de noviembre de 1911 y ejerció su derecho en la Mesa 1 de la segunda sección electoral de la Capital Federal en el atrio de la iglesia parroquial de San Juan Evangelista, del barrio de La Boca. Adolfo Saldías fue el presidente de mesa y le manifestó “su satisfacción por haber firmado la boleta de la primera sufragista sudamericana”, según consta en la Revista Nuestra Causa, Nº 10, del 10 de febrero de 1920. La lucha por los derechos cívicos de la mujer, más allá de este hito, siguió impulsando la vida de Lanteri.

Ciudadana convencida y comprometida

En abril de  1919 se constituyó el comité ejecutivo provisional del Partido Feminista Nacional, del que Julieta Lanteri fue nombrada secretaria. Lanzó entonces su candidatura con una plataforma electoral altamente progresista que incluía la licencia por maternidad, el subsidio estatal por hijo, la protección a los huérfanos y la prohibición de la producción y venta de bebidas alcohólicas, la abolición de la prostitución reglamentada, el sufragio universal para los dos sexos, igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos; horario máximo de seis horas de trabajo para la mujer; salario igual para trabajos equivalentes para los dos sexos; jubilación y pensión para todo empleado u obrero; abolición de la pena de muerte, divorcio absoluto y representación proporcional de las minorías en los órdenes nacional, provincial y municipal.

Cuando se asimiló el padrón electoral al registro de la conscripción, Lanteri llegó a ofrecerse como voluntaria para el servicio militar, buscando reafirmar el derecho de las mujeres al sufragio.

En las elecciones de Diputados de 1919, donde sólo votaban hombres, Julieta obtuvo 1.730 votos sobre un total de 154.302 sufragios emitidos.

Julieta continuaría imparable con su lucha, incluso una vez producido el golpe de Estado de 1930. En la tarde del 23 de febrero de 1932, mientras caminaba por el centro porteño, fue atropellada por un auto que se subió a la vereda marcha atrás. Al volante estaba un miembro de la Legión Cívica. Murió dos días después, en el Hospital Rawson, a los 59 años.

En este tiempo de cambio de época, cuando vamos comprendiendo cada vez más la igualdad de derechos y la dignidad de toda persona humana, la memoria de esta luchadora cabal atesorada en esta casa salesiana tendría que ser para nosotros aliciente y ejemplo para ser audaces y creativos defensores de estos derechos.

En el templo parroquial de San Juan Evangelista, presencia salesiana en La Boca (Buenos Aires), un bajorrelieve y una placa recuerdan el voto de la primera sufragista latinoamericana, hace cien años.

BOLETÍN SALESIANO – NOVIEMBRE 2021

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