“María se levantó y se puso en camino”

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La disponibilidad de un corazón habitado por Dios.

Ilustración: Carlos Julio Sánchez

María se levantó y se puso en camino con prontitud –Lc 1,39–. Pocas palabras, y sin embargo llenas de significado. En estos gestos simples y decididos se revela la estructura interior de un corazón que ha dejado que Dios lo habite de verdad. La de María no es una partida cualquiera: es la respuesta de una vida recogida, de un alma que, porque ha aprendido a escuchar y a discernir, llega después a responder. María, tras vivir la experiencia de la Anunciación, no se detiene a elaborar lo que le acaba de suceder. No se encierra en la intimidad de su propia experiencia, extraordinaria y profunda, guardándola para sí. Al contrario, se deja moldear y guiar por la Palabra. Y se pone en movimiento hacia el otro.

El de María es un movimiento espiritual: ha acogido al Verbo, y ahora es el Verbo que habita en ella quien la orienta hacia el prójimo. Quien ama de verdad, como consecuencia de saberse amado por Dios, se olvida de sí mismo y se pone al servicio del prójimo. María nos enseña que la disponibilidad del corazón no es una virtud accesoria, sino el modo en que el amor de Dios toma forma en la vida de quien cree en Él.

Estar para los demás

Habitados por Dios, como María, nos vemos a nosotros mismos como llamados y enviados. La acción de María contrasta con una visión de la vida construida sobre un “yo” no disponible, cerrado en sí mismo. Cuando decidimos observar el mundo solo desde un punto de vista limitado, corremos el riesgo de concluir que nuestra opinión contiene toda la verdad. Es la tentación de siempre: reducir la realidad a lo que ya hemos visto, medido o programado. Nuestro modo de pensar y de ver se convierte en la única medida.

María nos muestra que la apertura del corazón es, ante todo, un vaciamiento del propio egoísmo. Cuando uno permanece cerrado, en lugar de dejarse conducir por la caridad, pierde ese movimiento del corazón que recibe el don de Dios para luego acercarse al prójimo. La verdadera disponibilidad del corazón no es una decisión meramente humana, es, ante todo, una gracia que hay que invocar, recibir libremente, custodiar y ejercitar cada día. No se va hacia el otro de forma plena, libre y gozosa si no dejamos que Dios viva en nuestro corazón. Que sea Él quien nos haga abiertos, ensanchando nuestra mirada más allá de nuestra pequeña y pobre lógica humana.

Vaciarse es la primera forma del amor

En una cultura como la nuestra existe el sutil riesgo de la autorreferencialidad: creer que la propia identidad se construye mirándose a uno mismo, como en un espejo cada vez más pequeño. María nos muestra otra manera de mirar la vida: sitúa toda su existencia en la presencia de la Palabra en su corazón y, después, en la necesidad de Isabel. Una elección que convierte la necesidad del prójimo en llamada, fruto de la relación con Dios. Y por eso se pone en camino con prontitud hacia quien lo necesita.

La verdadera disponibilidad tiene en su raíz el valor de cuestionarse, de renunciar a uno mismo, incluso cuando esto parece una pérdida. No se trata de una generosidad exhibida, sino de una libertad interior que nace de haber descubierto que solo puedo ser yo mismo entregándome radicalmente al otro. Aquí el corazón abierto y disponible no es un trofeo conquistado, sino abandono en la voluntad del Padre.

Es Dios que habita el corazón

María no va a ver a Isabel solo porque humanamente considere que su prima anciana necesita ayuda. La Visitación no es un simple gesto de bondad: es la presencia del Hijo, que en su seno va configurando a la Madre. El camino de María hacia Isabel es la misma misión de Dios que toma forma como un camino hacia el otro.

La visita de María es misión, fruto de la venida del Hijo en ella. Porque cuando Jesús entra verdaderamente en nuestra vida, todo lo que somos y hacemos brota de esa fuente única. Del encuentro personal con Cristo nace la misión.

Ante esta elección libre y generosa de María, nuestro deseo de imitarla está marcado por una tentación sutil pero constante: querer ver qué resultados tienen nuestras decisiones. María, que se pone inmediatamente en camino, nos comunica la decisión de un corazón que ya está lleno y no busca seguridades fuera de sí. Porque la medida de la misión y de su éxito está en su viva relación con la Palabra que la habita.

María, icono del corazón libre

El cardenal Martini nos ofrece una reflexión breve pero densa y esencial: la Palabra es la semilla, la fe es el seno que acoge, la caridad es el fruto que nace. María es la mujer que ha vivido esta dinámica en plenitud: con humildad acoge la Palabra, con fe se levanta con prontitud, con caridad se entrega. Su “ponerse en camino con rapidez” expresa ese gesto de caridad que refleja un corazón libre y liberador, iluminado por la Palabra que sostiene su fe.

Un corazón abierto y disponible no es un corazón simplemente bueno en sentido sentimental: es un corazón que ha aprendido a vivir en la tensión entre el anuncio recibido y asumido, y el hermano o la hermana que esperan; entre la gracia interior y el camino que hay que recorrer; entre el misterio de Dios y la concreción de la necesidad humana.

María nos enseña que no hay que esperar a haberlo comprendido todo para ponerse en camino.

Don Fabio Attard, Rector Mayor

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MAYO 2026

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