Entrevista a don Fabio Attard, Rector Mayor de los salesianos.

Por Redacción Boletín Salesiano
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“Don Bosco tenía un mapamundi en su cuarto, en su despacho. Mas tenía uno en su corazón. Él contemplaba el mundo a través del carisma salesiano. Y no podía hacer otra cosa sino lo que hizo: pensar al mundo”.
Así explica don Fabio Attard, Rector Mayor de los salesianos, el proyecto misionero de Don Bosco.
“Don Bosco estaba involucrado y llevando adelante casi al mismo tiempo la fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, el sueño de los cooperadores salesianos, la creación del Boletín Salesiano, y preparando la partida de misioneros a Argentina y a Niza en Francia. Cuando todo el mundo le decía a Don Bosco que había que fortalecer lo que tenían, el desafío para él no era ese. Es decir, hay una dimensión misionera que no es algo pragmático, eficientista, sino una manera de pensar, de contemplar la realidad fuera del perímetro físico o metafórico de la presencia salesiana”.
Hoy, cuando la Congregación y el carisma se encuentran presentes en más de 130 países en todo el mundo, la figura del Rector Mayor sigue siendo un signo de unidad y cercanía. Don Fabio Attard, quien antes de prestar este servicio como superior de Congregación Salesiana, fue misionero en Túnez y Consejero General para la Pastoral Juvenil, sabe bien lo que significa su visita a cada uno de los países en los que los salesianos están presentes.
En diciembre estuvo en Argentina para sumarse a las celebraciones por los 150 años de la llegada de los primeros misioneros a estas tierras, y en ese marco, conversó con el Boletín Salesiano.
Las constituciones salesianas nos invitan a ser “signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes”, ¿hoy qué significa eso?
Es una pregunta siempre muy actual. Porque estamos hablando no de un mensaje ideológico o filosófico, sino de una llamada. Una llamada de Jesucristo, que propone, que invita.
Nosotros cuando vemos el ejemplo de Don Bosco, vemos no tanto lo que hizo sino lo que fue. La insistencia en los últimos años es conocer a Don Bosco como una persona que descubre el plan de Dios. Nuestro contexto cultural no es el mismo que el suyo, pero, ¿eso quiere decir que el mensaje no tiene más sentido?
Tenemos que encontrar la dimensión profunda del carisma, que es la capacidad de encontrar a la persona. El desafío hoy no es tanto qué queremos o qué necesitamos hacer, sino que es redescubrir nuestra identidad. Y todo lo que encontramos en las Constituciones tiene sus raíces en el Evangelio.
La Argentina que conocemos hoy no es la misma que la de ayer y la de mañana va a ser sin duda diferente a la de hoy. En este sentido, tenemos una oportunidad para comprender, meditar y contemplar lo que es el carisma salesiano.
En este momento particular, los salesianos nos encontramos presentes en 137 países, en contextos bien diferentes. Pero en todos esos lugares “algo pasa” cuando hay salesianos que tienen muy en claro su sentido y una comprensión profunda del carisma. Y ese “algo” tiene que ver con el encuentro buscado, querido, de los educadores, los salesianos, los laicos y todos los miembros de la Familia Salesiana. Entonces el primer desafío hoy es no olvidar que tenemos el talento, que es el carisma salesiano, el Sistema Preventivo.
Entonces claro que la invitación a ser signos y portadores del amor de Dios sigue siendo válida. La necesidad que existe es muy evidente. Y si una persona tiene de verdad el corazón de educador, que significa estar disponible para escuchar, para acompañar sin juzgar, para acoger sin poner condiciones, los jóvenes ahí están.

¿Cuál es el aporte que este tiempo le hace al carisma y cuál es el aporte que el carisma puede hacerle a este tiempo histórico?
Podemos hablar del carisma como “una cosa”, pero yo personalmente prefiero escuchar y hablar de personas. Entonces es bueno pensar la pregunta desde una dimensión personal, el carisma salesiano es la experiencia. En la medida que buscamos comprenderla vamos a ver cómo Don Bosco la vivía en su tiempo, y cómo nosotros necesitamos interpretarlo hoy.
En el Sistema Preventivo cuando nosotros decimos razón, no es algo filosófico, no es algo ideológico, es algo muy práctico. Lo primero que Don Bosco propuso en su tiempo fue encontrar a la persona. En una cultura anónima, individualista, con mucha fragmentación, en todos los sentidos, en todas las formas, Don Bosco nos invita a mirar a la persona. La persona no es un número, la persona busca ser reconocida, y también está buscando conocerte.
En una cultura anónima e individualista, Don Bosco nos invita a mirar a la persona.
Es importante reconocer que en la persona del joven hay una búsqueda de sentido. Vivimos en un contexto donde hay menos práctica de la religión, pero más búsqueda de espiritualidad de sentido. Esto es una cosa que necesitamos estudiar bien, porque hay fenómenos en Occidente, y por consecuencia en Argentina, que nos invitan a fortalecer la esperanza, no la desesperación.
Por otro lado, tenemos un problema con la traducción de la palabra “amorevolezza”. No significa solo “amor”, sino que tiene dos actos: la dimensión del deseo, yo quiero, y la voluntad, la elección de amar. Es decir, que es un amor lleno de voluntad.
¿Por qué es importante eso? En la cultura actual donde los jóvenes son clientes y no personas, nosotros ofrecemos escuela, oratorio, parroquia, centros, obras sociales, donde la persona siente que allí lo esperan, que esa es su casa.
En la cultura actual donde los jóvenes son clientes y no personas, nosotros ofrecemos espacios donde se sienten que allí los esperan, que es su casa.
Entonces hoy, este contexto, es un clima muy favorable porque es un clima que necesita la dimensión de la persona, donde los jóvenes están buscando sentido y donde falta amor. Por ejemplo, la familia hoy, ¿es un hogar o es más un lugar? Las relaciones más profundas, significativas, ¿se encuentran en la mayoría de las familias o los jóvenes están buscando otros lugares?
Estamos viviendo un momento muy interesante, con oportunidades. En el momento que empezamos una experiencia que humaniza a los jóvenes, ellos contestan inmediatamente. Necesitamos redescubrir la dinámica, la experiencia de Don Bosco, no como algo arqueológico, sino como algo vivo, que ofrece y comunica vida.
Apuestas online, medicalización, salud mental… ¿Son problemas solamente de los jóvenes de Argentina o es una situación global?
En mi experiencia de los últimos años visitando muchos países y escuchando a los jóvenes, las preguntas que encontré en Vietnam son las que escuché en Madrid; las que encontré en Francia, las mismas que en Ecuador. La pregunta para nosotros es, ¿por qué están estos desafíos? ¿De dónde vienen? El papa Francisco hablaba de una indiferencia globalizada.
Los chicos que piden ayuda en su salud mental está creciendo de una manera muy preocupante, y no solamente en Occidente, en todo el mundo. Hay un modelo cultural, hay un modelo social que cada vez crece más. El cambio demográfico, hay muchas familias más pequeñas, hay mucha más fragmentación en las relaciones humanas, anonimato, individualismo. Es importante favorecer el conocimiento de los problemas porque tenemos padres, adultos, que no se dan cuenta de cómo el mundo digital está afectando a sus chicos.
En nuestros ambientes los jóvenes se sienten acogidos, escuchados, sienten que hay adultos que los tratan como personas. No sé si tenemos todas las respuestas, pero sin duda tenemos una propuesta, y es lo que Don Bosco nos ha dejado como herencia.
Tenemos una gran responsabilidad, el desafío de acompañar a los educadores y las educadoras para que la comunidad educativa siga siendo un espacio humano, que fortalece la búsqueda del sentido, y con la convicción de que cuando uno se encuentra en dificultad no es la falta de esperanza lo que debe llenar mi vida, sino la posibilidad de encontrar sentido, la esperanza que distintas personas me ayudan a que crezca en mi vida, en mi corazón.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MARZO 2026
