Cuaresma: ¿Tiempo de sacrificios?

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Hay quienes piensan que Dios está enojado con la humanidad, pero Jesús nos enseña otra cosa.

Crédito: Freepik

Por Jorge Tournour, sdb
jtournour@donbosco.org.ar 

– ¡Buenas padre! ¿Cómo está?

– ¡Anita! ¡Bien! ¡Tanto tiempo! ¿Qué andas haciendo?

– Aquí ando, bien… Estoy haciendo un trabajo para la facu y quiero ver si me puede dar una mano.

– A ver si te puedo ayudar. Decime.

– En teología estamos viendo el tema de la cuaresma y salió hablar sobre la palabra sacrificio. Como que es una palabra muy propia de este tiempo y la verdad cuesta entenderla. ¿Usted sabe algo de eso?

– ¡De qué palabrita vinieron a conversar!… Algo te puedo contar, pero no sé qué es lo que te interesa saber.

– Y… de todo un poco…

– Bueno.. veamos. En la historia de la espiritualidad la palabra sacrificio ha tenido muchas acentuaciones. En la Biblia viene asociada al culto. Eran rituales y ofrendas que se hacían a Yahveh, que iban variando según si se quería pedirle perdón o si se quería conseguir algún favor especial de Dios. Se creía que haciendo un «sacrificio», la inmolación de un animal en el templo, se podía obtener el perdón sobre acciones malas o injustas que se habían hecho y que quebrantaban la Ley o que a través de este sacrificio se podía ganar el favor de Dios ante algunas necesidades que tenían, ya sea personales o de la comunidad.

– O sea que había que derramar la sangre de un animal para aplacar la ira de Dios o sacarle algún favorcito.

– Exacto. Eso se creía. Si tenías buena posición eran animales más grandes, corderos por ejemplo, si eras más pobre alguna paloma o algún otro animal pequeño. ¿Te acordás que la familia de Jesús ofrecieron dos pichones de paloma cuando lo presentaron en el templo?

– ¡Claro! ¡Me acuerdo! 

– Y bueno, cuando vino Jesús y decidió vivir entre nosotros para anunciar la Buena Noticia del Reino, la idea de sacrificio tomó otro carácter. 

– Ah sí… mira… ¿Y qué cambió?

– A ver.. no es fácil porque primero tenemos que deshacernos de la idea anterior, la del Antiguo Testamento. Aún hoy hay mucha gente, que le cuesta hacer ese “click” que hizo Jesús y sigue cayendo en la trampa de identificar el sacrificio sólo como el derramamiento de la sangre de Jesús por nuestros pecados. Esas personas siguen creyendo que Dios estaba muy enojado por nuestros pecados y maldades, y lo único que podía aplacar su enojo y su ira contra nosotros, era la sangre de su Hijo, Jesús.
Nada más lejos de la verdad. Porque el Dios que nos vino anunciar Jesús está muy lejos de ser ese Dios que vive enojado por nuestros pecados. Es un Dios, por sobre todas las cosas, misericordioso. Si lees la parábola del hijo pródigo te vas a dar cuenta que es así.

– Y entonces… ¿Cómo se entiende esto del sacrificio que propone Jesús?

– Mirá Anita, el sacrificio ha sido toda la vida de Jesús y no sólo su muerte. Esa vida en la que pasó haciendo el bien, curando a los enfermos, dando de comer a los hambrientos, anunciando el Reino de Dios.
En el sacrificio de Jesús entran las opciones que fue haciendo a lo largo de su caminada entre nosotros, la de estar del lado de los pobres, de enseñar un Dios rico en misericordia, ponerse en contra las autoridades de Israel echándoles en cara sus incoherencias e injusticias. 
Sacrificio ha sido todo eso que Jesús sabía y sentía como voluntad de Su Padre y que se empeñó en vivir tercamente siendo fiel a ella hasta la muerte en cruz.
Pero hay que tener en cuenta Anita que Dios Padre no envió a su Hijo para morir, sino para anunciarnos el Reino. El anuncio del Reino de Dios, con total coherencia por parte de Jesús, hizo que las autoridades judías decidieran su muerte.
Lo esencial de la cruz no ha sido la sangre derramada por Jesús, ni el dolor por el que tuvo que pasar, que sin duda fue inmenso. Lo esencial de la cruz ha sido el amor.
Amor de Jesús a su padre Dios, siendo fiel al mensaje que le envió a comunicarnos y amor de Jesús a nosotros y especialmente a los últimos, a los marginados, a los pobres de este mundo que han puesto su confianza en Él.
No sé si pude serte claro…

– ¡Sí Padre! Creo que entendí. O sea, cuando hablamos de sacrificio no es sumarnos dolor, sino sumar en amor, a Dios y a los demás. Buscar realizar en nosotros y en el mundo la voluntad de Dios. Porque la voluntad de Dios es que nos amemos de verdad unos a otros. Nuestro sacrificio, el que nos enseñó Jesús, pasa por ahí…

– ¡Excelente Anita! Has entendido muy bien.
El máximo sacrificio de Jesús ha sido el hecho de pasar su vida anunciando el Reino que viene y aceptando las consecuencias de anunciarlo, en una sociedad y en una religión que había caído en un ritualismo y en un legalismo vacío y sin sentido; y por otro lado en un contínuo movimiento de amor hacia los quedaban fuera del sistema social, político y religioso en Israel: los más pobres, marginados y excluidos.
Es el sacrificio que estamos invitados a vivir los cristianos en cada cuaresma y a lo largo de la vida.

– ¡Gracias Padre! De verdad me aportó mucha luz y me ayuda a no caer en el vicio de andar buscando sufrimientos para parecerme a Jesús. Porque lo que más nos asemeja a Él es el amor concreto que nos tengamos unos a otros.

BOLETÍN SALESIANO – MARZO 2022

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