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Sobre el uso de celulares y otros dispositivos.

Por: Franco Toffoli

fraatof@gmail.com

Desde hace una década asistimos a una transformación de nuestra vida cotidiana: las formas de socializar, de divertirnos, de comprar y vender, de estudiar y de trabajar han cambiado radicalmente en pocos años. Estos cambios fueron tan rápidos que todavía no llegamos a entenderlos, a valorarlos correctamente y mucho menos a adaptarnos. Recién desde hace dos años contamos con investigaciones que evidencian  las consecuencias que tienen en nuestra vida, y especialmente en la de los adolescentes, el uso masivo y permanente de los celulares.

Probablemente no haya habido otro dispositivo tecnológico en toda la historia de la humanidad que hayan usado todas las personas adultas de forma tan continua y con tanto impacto directo en nuestra subjetividad –ni el auto, ni la televisión, ni el reloj, ni el arado, ni la ropa, ni el fuego–.

Los adolescentes lo usan en promedio más de siete horas diarias. A este dato hay que sumarle la cantidad de veces que se consulta el dispositivo en el día –desbloqueos–. El promedio en adolescentes es de 150 veces diarias. Esto significa que consultan el celu, en promedio, cada siete minutos durante todo el día –aquí es clave el control de las notificaciones–. Está claro que el uso es permanente. Y este es el promedio, no los casos más problemáticos.

“La generación ansiosa”

En su libro “La Generación Ansiosa” (2024) el psicólogo social Johnatan Haidt hace una síntesis de las consecuencias negativas del uso excesivo de celulares:

  • Falta de sueño: el uso de celulares por la noche dificulta el descanso y reduce la cantidad de horas de sueño. Las consecuencias en el aula son conocidas: falta de motivación, incapacidad para concentrarse e irritabilidad, entre otras.
  • Privación social: reducción de la cantidad de tiempo que se pasa en relaciones cara a cara. Las relaciones en presencia física son fundamentales para el aprendizaje de muchas habilidades sociales. Las relaciones digitales son cómodas, se adaptan a  nuestras necesidades y deseos, no requieren mayor compromiso. Pero también son mucho más riesgosas: la exposición a una cantidad infinita de opiniones de gente anónima es imposible de manejar. Y cuando se vuelven nocivas, muchos adolescentes optan por abandonarlas en vez de enfrentar el problema y resolverlo, agudizando así el aislamiento y la fragilidad afectiva.
  • Fragmentación de la atención: tanto los dispositivos, como las aplicaciones, están diseñadas para captar y secuestrar nuestra atención –patrones oscuros–. El tiempo de atención a las publicaciones promedio de los usuarios de Tik Tok es de entre tres  y cuatro segundos. Exponerse de forma continua a estímulos cambiantes todo el día sin hacer el esfuerzo de mantener la conciencia en una única actividad tiene graves consecuencias. El multitasking no es una habilidad, ni siquiera existe. La habilidad que se aprende con esfuerzo y práctica es la de concentrarse a pesar de las distracciones externas e internas. Es la habilidad que requiere la lectura, el estudio, la escucha atenta, el trabajo manual y todas las formas superiores de la cultura humana.
  • Adicción: en algunos casos el uso problemático termina en adicción. Esto no es casual: las aplicaciones explotan al máximo los mecanismos de recompensa variable para generar en los usuarios la necesidad de consultar su dispositivo a cada rato. Los estímulos proveen una satisfacción inmediata que anestesia incomodidades como la frustración, la soledad, el vacío, la tristeza o la incertidumbre. En los adolescentes también juega un papel importante la constitución de la propia identidad y  la necesidad de pertenecer. Por eso no es tan sencillo dejar el celular. Quizás se trate de hacer un  uso más consciente y crítico. Y allí los adultos tenemos un rol clave.

Celular en la escuela, ¿sí o no?

La tendencia actual a nivel mundial es ir hacia la restricción del uso en las escuelas e incluso a la prohibición. 

Ya no hay dudas respecto de los problemas que genera el celular sobre el pupitre o en el bolsillo. No podemos ser ingenuos, no es como una calculadora o cualquier otra herramienta de trabajo. No está hecho para que lo usemos, está hecho para usarnos. Cabría aquí reflexionar sobre la responsabilidad de diseño que tienen las empresas fabricantes pero excede a este artículo. Según un estudio de 2022 Argentina está entre los tres países del mundo en los que los estudiantes más se distraen en la escuela por el uso de su celular o el de un compañero.

Argentina está entre los tres países del mundo en los que los estudiantes más se distraen en la escuela por el uso de su celular o el de un compañero.

En este sentido, la prohibición podría ser muy positiva. Ya hay estudios de casos a nivel mundial respecto de los efectos positivos en la atención, la  motivación y los resultados sobre todo en disciplinas como la matemática que requieren de un mayor nivel de concentración. Sin duda esta sería la mejor opción si pudiéramos prohibirlo de la vida entera. Pero no es el caso. 

La escuela es un espacio privilegiado para educar: no solo en la transmisión de ciertos contenidos y valores culturales básicos para la vida en sociedad, sino también en habilidades como la capacidad de observar, dialogar, decidir, crear y desarrollar un pensamiento crítico. 

Quienes abogan por la prohibición total consideran que el aula es un espacio de oportunidad para practicar y  aprender todo lo que el celular nos está robando: el silencio y la pausa, la concentración en una tarea, la lectura y la escritura a mano, el diálogo respetuoso, racional y reflexivo, la práctica del arte, la contemplación de la naturaleza y el perfeccionamiento de la técnica manual. La presencia del celular atenta activamente contra estas iniciativas.

Una responsabilidad compartida

Sin embargo, también es cierto que si desde la escuela no enseñamos a hacer un uso seguro, responsable, ético y creativo de las nuevas tecnologías, es probable que nadie lo haga. En este sentido, el aula también es un espacio educativo privilegiado. Es fundamental abordar en la escuela temas como el grooming, el ciberacoso, la adicción, los diseños manipuladores en videojuegos y redes sociales, la identidad, la amistad, la violencia y el compromiso en los entornos digitales. Y no solo abordarlos de forma teórica, sino trabajar el uso responsable en la práctica, propiciando la observación y la reflexión sobre lo que nos va pasando en los entornos digitales, generando hábitos de uso y capacidad de autocontrol. Los adultos tenemos los criterios claros y somos referentes, podemos educar poniendo límites y haciendo pensar, pero tenemos que conocer cómo funcionan estos entornos para poder guiar con mayor claridad

Los adultos podemos educar poniendo límites y haciendo pensar, pero tenemos que conocer cómo funcionan estos entornos para poder guiar con mayor claridad.

La realidad es compleja. No es lo mismo el nivel primario que el secundario. No impacta de la misma manera a varones que a mujeres. Tampoco podemos proponer las mismas estrategias en escuelas de escaso acceso a las nuevas tecnologías que en aquellas que disponen de todo. Además los cambios son vertiginosos y no dan tregua. Lo qué sí es ineludible es una reflexión institucional profunda sobre esta nueva situación que por momentos sentimos que nos excede. Y, a partir de la reflexión, hacerse cargo de la situación: regular, educar y proponer alternativas. 

Desde la escuela y desde el hogar

La revolución digital no solo está cambiando nuestras costumbres, está moldeando a las nuevas generaciones. Nuestros alumnos no son los mismos que hace diez años. No tienen la misma capacidad de atención, los mismos problemas, los mismos  intereses ni las mismas necesidades. En este sentido, es preciso replantearse cuál es el diferencial que la escuela ofrece hoy. La innovación educativa no implica necesariamente sumar tecnología sino renovar las formas de enseñar y aprender para que la escuela resulte más significativa y valiosa para nuestros estudiantes actuales. 

Algunas pistas:

  • Aprender haciendo: aprendizaje basado en proyectos, artes manuales, escritura creativa manual, lectura en voz alta, experimentación.
  • Aprender a dialogar racionalmente: debates y/o  discusiones colectivas en base a ideas –y no a reacciones–. Aprender a expresar con claridad los propios pensamientos y a fundarlas racionalmente, a escuchar puntos de vistas distintos y respetarlos.
  • Aprender jugando: favorecer la actitud lúdica, la retroalimentación rápida, los juegos analógicos y un ambiente escolar amigable.
  • Aprender a ser críticos con los propios hábitos de consumos digitales y a no ser ingenuos con la manipulación a la que nos someten las empresas tecnológicas
  • Aprender a usar las nuevas herramientas como la IA de forma que potencie las propias capacidades en vez de atrofiarlas.

Sin duda la escuela tiene mucho por hacer, pero la educación en el hogar es fundamental para lograr un cambio. Para muchas familias es una tranquilidad que su hijo esté en la casa y no jugando en la calle. Esa sobreprotección respecto del espacio público convive con una desprotección en los entornos digitales. ¿Qué rol asumimos como padres a la hora de poner límites en el uso de celulares? ¿Sabemos cuánto tiempo diario lo usan? ¿Qué aplicaciones tienen y para qué las usan? ¿Ponemos límites de uso en el hogar –durante las comidas, en el baño, al acostarse o levantarse, durante el tiempo de estudio–? ¿Dialogamos en la mesa sobre cómo les va en los entornos digitales? ¿Con quiénes se relacionan? ¿Cómo? ¿Sabemos si hay algo que les esté molestando allí? ¿Reflexionamos sobre el propio uso de los dispositivos y lo que generan en nosotros? ¿Reconocemos con humildad los propios límites y usos problemáticos o los justificamos?

La revolución digital es tan masiva que podemos estar tentados de dejarnos llevar por la corriente. Pero cuando observamos algunos de los estragos que está generando en la juventud sentimos que no podemos rendirnos sin luchar. Si bien no hay recetas dejamos aquí algunas pistas:

  • Entender que los entornos virtuales son muy reales.
  • Confiar en la propia experiencia y criterios como adultos a la vez que reconocemos con humildad la ignorancia sobre los nuevos dispositivos y aplicaciones.
  • No tener miedo a preguntar y a poner límites.
  • Dialogar con sinceridad en familia.
  • Investigar, leer y formarse sobre los riesgos e impactos de los entornos digitales.
  • Proponer actividades y pasatiempos analógicos alternativos (lectura de cuentos, salidas en bici, juegos de mesa, paseos en familia).
  • Dar ejemplo de uso responsable.

Bibliografía:

  • Haidt, J. (2025) “La Generación Ansiosa”, Paidos, Barcelona
  • Raspall, L., Vigo, C. (2025) “Educación Digital Integral en la escuela”, Homo Sapiens, Rosario
  • Gijón. M. (2026) “Tú puedes dejar tu móvil si sabes cómo”, Penguin, Barcelona
  • Han, B. (2022) “La expulsión de lo distinto”, Herder, Buenos Aires
  • Baricco, A., (2019) “The Game”, Anagrama, Barcelona
  • Márquez, et al (2025) “Infancia, adolescencia y bienestar digital”, Madrid: UNICEF España
  • Goldin, A.P., Alzú, M.S. & Sáenz Guillén, L. (2024). “Celular en la escuela: uso, distracción y aprendizajes”. Observatorio de Argentinos por la Educación. 

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JUNIO 2026

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