“He venido para servir y dar la vida”

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 A cincuenta años del martirio de Rodolfo Lunkenbein y Simon Bororo.

Por: Fernando Arce, sdb

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Los fazendeiros y sus matones irrumpieron en el patio de la Misión Salesiana y abrieron fuego con sus armas. Era el 15 de julio de 1976, en Meruri, corazón del Mato Grosso brasileño. Cayeron abatidos el joven sacerdote salesiano Rodolfo Lunkenbein, y el catequista Simon Bororo, originario de esas tierras. Hacía tiempo que los terratenientes avanzaban con violencia sobre los territorios indígenas, y los misioneros ayudaban a defenderlos activamente.

Los terratenientes avanzaban con violencia sobre los territorios indígenas, los misioneros Rodolfo Lunkenbein, y Simon Bororo ayudaban a defenderlo. Ambos fueron asesinados en el Patio de la Misión Salesiana.

Se cumplió así el lema sacerdotal del padre Rodolfo que dos años antes se lo había repetido a su madre en su última visita a Alemania, cuando ella le rogó que se cuidara: “He venido para servir y dar la vida”.

Este año se cumplen cincuenta años de aquel martirio, y hace diez comenzó la causa de beatificación de estos hermanos, que vivieron su santidad hasta el final. Este 15 de julio se realizará una gran celebración en Meruri, recordando y relanzando el espíritu misionero del carisma salesiano.

El grito del Evangelio

¿Qué pasa en nuestro corazón cuando tomamos una decisión? ¿Cuál es la fuerza y la claridad que nos guía? ¿Qué dificultades encontramos en nuestras opciones de vida? Muchas  preguntas surgen ante un hecho extremo como este, que nos invita a pensar en nuestra propia vida y opciones. Los hechos heroicos no se improvisan, sino que se van construyendo con nuestras pequeñas decisiones cotidianas.

Hoy, en pleno siglo XXI, sigue siendo actual como hace cincuenta años, y como lo fue en toda la historia de la Iglesia, el grito del Evangelio y la resistencia de los cristianos ante la injusticia. La avaricia humana sigue tan firme como siempre, y los vulnerables que la sufren siguen siendo los mismos.

En las zonas rurales, de pueblos campesinos e indígenas, esta injusticia pasa por la apropiación de las tierras, del agua y de otros recursos naturales por parte de los poderosos. 

A continuación comparto algunos hechos actuales, que pude presenciar y acompañar desde mi pequeño lugar en el mundo y desde mi participación en el Equipo diocesano de pastoral aborigen de Neuquén –EDIPA– . Basta con abrir la Agenda Latinoamericana o las noticias mundiales para encontrar muchos más.

  • Cordillera del Chachil, centro de la provincia de Neuquén, donde nacen los ríos Catan Lil y Picun Leufu, zona de pastoreo de varias comunidades mapuches (Felipin, Paineo, Cayupan). Diciembre del 2013. Un empresario turístico alambra varias hectáreas, desconociendo el derecho ancestral, la Constitución Nacional (art. 75, inc 17) y la Ley Nac 26.160 de relevamiento de tierras indígenas. Llegan los crianceros –más de cien– con sus animales. Hubo armas, agresiones e insultos. Gracias a Dios no pasó a mayores. Con el padre Martín Gottle, en nombre del EDIPA, estuvimos allí acompañando y después de varios tironeos, avanzaron los paisanos con sus animales, y el empresario se retiró con su gente y sus alambrados. 
  • En las mismas sierras del Chachil, en la naciente de estos ríos, dos años más tarde, a mitad del 2015. Una empresa minera canadiense, con un guiño del gobierno, llegó dispuesta a comenzar un mega emprendimiento de extracción de cobre, utilizando químicos altamente contaminantes, prohibidos en el primer mundo; obviando por supuesto el derecho indígena a la consulta previa, libre e informada. Otra vez nuestro equipo del EDIPA, acompañando a las comunidades en su defensa, y con un recurso de amparo logró frenar el avance a tiempo.
  • Año 2008, territorio de la comunidad mapuche Mellao Morales, cerca del pueblo de Loncopué, Noroeste de la provincia de Neuquén. Una empresa china, mismos objetivos y mismo procedimiento. Esta vez el EDIPA, animando la articulación de comunidades criollas y mapuches, junto con vecinos del pueblo, lograron frenar el proyecto en la justicia, y promover un Referendum popular que aprobó una ordenanza en defensa del medio ambiente. Por supuesto hubo amenazas, intentos de coimas y de compra de voluntades. Se transformó en un hito y un ejemplo de resistencia y organización popular.
  • Año 2025, territorio de las comunidades Melo y Kintrikeu cerca de Villa La Angostura, en el turístico Sur neuquino, otra vez los poderosos, junto con un juez, intentan desalojar la gente mapuche que además tiene sus papeles hace 80 años. El EDIPA y nuestro Obispo fueron a acompañar y ofrecer su ayuda. Este conflicto aún está sin resolverse.
  • Y así tantos otros…

El cristiano no puede quedarse callado ante la injusticia, especialmente cuando afecta a los más pobres. Ya lo grita el profeta Amós en la Biblia: “Ay de ustedes que roban al pobre y pisotean al necesitado, que compran por dinero al desvalido…”. “El que oprime al pobre, afrenta a su Creador” repiten los Proverbios.

El cristiano no puede quedarse callado ante la injusticia, especialmente cuando afecta a los más pobres.

El llamado es para todos y todas. Y nos hacen mucho bien esos “faros” de coherencia porfiada, que llegan incluso a ofrecer su vida. Así fue el padre Rodolfo y Simón Bororo, así fueron nuestros cuatro mártires en La Rioja, así fue Monseñor Romero en El Salvador.

Especialmente, cuando los “pisoteados” son nuestros queridos hermanos y hermanas de los pueblos indígenas, recordamos al Papa Francisco, que en el año 2015 en Bolivia, los reconoció “por su sabiduría invaluable y por ser quienes mejor cuidan la tierra y el agua”, ideas que luego retomaría en la Laudato Sí.

Ayúdanos Padre Dios, a poner nuestro granito de arena para que el Mundo sea más justo. Para que nuestros campesinos e indígenas dejen de ser oprimidos. Gracias por el testimonio de tantos hermanos y hermanas que nos muestran el camino.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JULIO 2026

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