El Movimiento Juvenil Salesiano de Fontana, Chaco.

Por Coordinadores y animadores del MJS de Fontana
En Chaco, donde el barrio y los sueños se mezclan en un ritmo tranquilo y alegre, la presencia salesiana en Fontana es un signo vivo de esperanza. Aquí, la misión se centra en una casa que acoge, patios que reúnen y una parroquia que acompaña. Y en ese entramado de vida, el Movimiento Juvenil Salesiano late con la fuerza de Don Bosco, con la frescura y el compromiso de tantos jóvenes que eligen servir con amor.
Signos de esperanza
La comunidad salesiana de Fontana acompaña al MJS en todas sus propuestas: los grupos, los oratorios y cada espacio donde un joven puede encontrarse con Dios a través de la alegría y del servicio. En torno a la parroquia Jesús de la Buena Esperanza, con sus doce comunidades distribuidas en varios barrios, los animadores del MJS sirven durante todo el año, sábados y domingos, allí donde más se los necesita.
El servicio tiene un gesto simple y profundo: llegar a los chicos, regalarles una catequesis cercana, juegos que despiertan la amistad, una merienda compartida, un espacio de encuentro donde se respire dignidad, respeto y cariño. Es el patio de Don Bosco reencarnado en cada barrio, en cada ronda de mate, en cada abrazo sincero.
Cada año, los animadores de los distintos servicios, acompañados por aspirantes, pre-novicios, y salesianos cooperadores, planifican juntos las actividades para conducir a niños, adolescentes y jóvenes en su crecimiento humano y espiritual. Desde la formación en valores y la fe, hasta el conocimiento de la vida de los santos salesianos, todo apunta al mismo horizonte: ser signos de esperanza en medio de la vida cotidiana.
“Después de tantos años en los patios, no me imagino mi vida sin el carisma de Don Bosco. Formó parte de mi crecimiento, de mis valores y de mi forma de ver el mundo”, expresa Cecilia, animadora del Oratorio Santa Margarita, quien hace más de diez años participa de la propuesta oratoriana.
“No hay nada más lindo que ver a Dios a través de los pibes y sentirse feliz, recibida y cómoda en esta gran familia”.
Por su parte, Guadalupe de quince años, quien forma parte del Batallón y del Oratorio Santa Margarita, comparte: “La salesianidad cambió mi vida para bien, las sonrisas de los pibes, los chistes en las evaluaciones, las charlas entre talleres y mates, el abrazo que salva, el camino en sí, cada día me demuestran que es por acá, y no hay nada más lindo que ver a Dios a través de los pibes y sentirse feliz, recibida y cómoda en esta gran familia”.
Un ejemplo real
La obra de Fontana cuenta con cinco oratorios, además de Exploradores, ALVI y CAM.RE.VOC. Allí llegan niños muy chiquitos. Llegan solos, o con hermanos, o con amigos del barrio. Llegan corriendo, riendo, llenando la obra con las primeras sonrisas de santidad del día. Llegan sabiendo que ahí encontrarán algo bueno. Que serán recibidos. Que alguien los va a saludar por su nombre. Que hay un lugar para ellos.
Los animadores los esperan con la misma ilusión, con juegos preparados, con materiales simples pero pensados, con una merienda que siempre sabe a hogar, con una catequesis dinámica, cercana y creativa. Cada encuentro es una fiesta, aunque esté marcado por la sencillez. Y en el fondo, cada encuentro es también un acto profundo de evangelización.
“Llegué a los 11 o 12 años, y hoy tengo 22, tuve el honor de acompañar en la coordinación a mi grupo que me vio crecer”, comparte Germán del grupo ALVI. “Creo que si no fuese por el patio no sería ni la mitad de la persona que soy hoy, me enriqueció mucho en lo social y en lo afectivo, me ayudó mucho a ser extrovertido y a mirar siempre a mi alrededor las diferentes realidades que me interpelan”.
Los testimonios se multiplican. Jóvenes que hoy estudian, trabajan, forman una familia o lideran proyectos recuerdan que los oratorios y el MJS fueron la casa donde aprendieron a confiar, a ser responsables, a amar la vida, a descubrir sus dones y a caminar con Dios
“El patio no solo me recibió: me formó, me dio comunidad, fe y un panorama claro de cómo quiero ser y cómo quiero estar para los demás”.
Josefina, de veintidós años, llegó al patio cuando tenía quince. Hoy afirma: “Me transformó profundamente. Aprendí a descubrir a Dios en lo cotidiano, en lo simple, en los gestos de todos los días. Empecé a ver en Don Bosco un ejemplo real, cercano. El patio no solo me recibió: me formó, me dio comunidad, fe y un panorama claro de cómo quiero ser y cómo quiero estar para los demás”.
Conocerse y conocernos
Este año, desde el MJS local, implementamos el “Espacio Alternativo”, un encuentro mensual que se realiza los terceros miércoles en el playón ubicado en la comunidad Virgen del Rosario, en el Barrio Güemes, pensado como un corte a mitad de semana y como una forma de fortalecer el compartir salesiano entre los animadores. Al tratarse de una localidad compuesta por diversos grupos, el propósito de este espacio era que los distintos movimientos pudieran conocerse, encontrarse en un mismo ámbito y mostrarnos su modo particular de vivir la fe según su identidad y pertenencia.
Cada encuentro era preparado por un grupo diferente –oratorios, exploradores, cam.re.voc, ALVI, Coro–, quienes tenían la libertad de proponer actividades siguiendo los lineamientos de su servicio. Algunos nos ofrecieron tardes de juegos, otros talleres formativos, pero todos coincidieron en finalizar con un momento de oración. Esto permitió que tanto los animadores participantes como quienes animaban el espacio pudieran acercarse al encuentro con Dios.
“Conocí lo que es el camino de Dios en el patio, que hay una familia en la Iglesia, que los hermanos también pueden ser esas personas que no son de tu sangre, me enseñó lo que es el amor a los chicos y sobre todo a Dios”, concluye Tobías del grupo cam.re.voc
En Fontana, el sueño de Don Bosco sigue iluminando. Arde en el servicio que busca amar como nos pide Jesús, en el compromiso silencioso, en la sonrisa de los chicos y en la entrega generosa de los animadores y cooperadores. Aquí, servir con amor no es solo una frase: es un modo de vivir, un modo de evangelizar, un modo de construir esperanza.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – DICIEMBRE 2025



