“Donde el Señor me planta tengo que florecer»

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Entrevista al cardenal Ángel Fernández Artime.

Por: Redacción del Boletín Salesiano

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Hace 150 años a los primeros salesianos les llegaba una propuesta de Don Bosco que cambiaría el rumbo de sus vidas: ir a las misiones en América. Si bien la convocatoria fue voluntaria, ellos  que ya habían tomado una opción de vida a pesar de que en su mayoría eran jóvenes, aceptaron despedirse de todo lo conocido para iniciar una nueva aventura del otro lado del océano. ¿Qué es lo que lleva a alguien a tomar esta decisión? 

En el mes de noviembre el cardenal Ángel Fernández Artime visitó Argentina y participó del Retiro de Jóvenes de América realizado en Junín de los Andes. Durante cuatro años el padre Ángel fue Superior de la Inspectoría Argentina Sur. Luego, en 2014 fue elegido como Rector Mayor de la Congregación Salesiana, servicio que prestó hasta el año pasado, cuando fue nombrado Cardenal de la Iglesia Católica por el papa Francisco

Distintos servicios, contextos, responsabilidades que al igual que ocurrió con los primeros misioneros implican una gran disponibilidad en pos de un servicio que no conoce de fronteras. 

La llegada de los primeros misioneros supuso una despedida a todo aquello que conocían… ¿Qué puede decir usted que también tenía su rutina, sus proyectos, que estaba rodeado por lo conocido, y de repente llega una llamada que lo cambia todo?

Bueno, una primera misión fue venir aquí. Yo estaba muy bien allá, era el mundo que conocía, y me llamaron para pedirme si podía venir a compartir la vida en la nueva Inspectoría de Argentina Sur.

Dios ha acompañado y guiado los pasos de mi vida. Cuando hay un mínimo de disponibilidad en la fe, te lleva a lo más inesperado. Bendigo todo lo que ha enriquecido mi vida Argentina Sur, y mi conocimiento de América Latina, que seguramente en los planes de Dios me llevó después a verme en mi servicio de Rector Mayor, un regalo de vida precioso que tanto me hizo gozar de la misión salesiana, y que ahora me ha llevado a estar donde nunca pensé estar.

Cuando el Santo Padre Papa León XIV me preguntó cómo estaba, le respondí: «Padre, estoy bien. He aprendido en mi vida que donde el Señor me planta tengo que florecer». Es decir, dar lo que puedo dar de mi persona.

Fagnano, Costamagna, Milanesio, en nuestros días el padre Antonio Mateos… son nombres heróicos que con el paso de los años nos siguen conmoviendo e inspirando. ¿Existen hoy ese estilo de proezas o la misión está más en lo pequeño, en lo cotidiano?

Lo acontecido 150 años atrás hoy es impensable, e incluso no deseable, porque el mundo ha cambiado vertiginosamente. Es verdad que es heroico aquello de los primeros hermanos y hermanas nuestras, quienes vinieron para no regresar más. Es de locos, pero de locos de amor, de fascinados por Dios, de personas que entregaron toda su credibilidad a un Don Bosco y a una Madre Mazzarello. Hoy tenemos otra realidad, pero sí sigue habiendo heroicidad.

Me encuentro con testimonios que luego de cuarenta años siguen misionando, con una vida que se ha jugado y entregado totalmente. Quizá tienen la fortuna de viajar para ver a su madre anciana, pero no por eso es “mejor o peor”, solamente es distinto.

La gran necesidad del mundo hoy es la de encontrarnos con espacios y personas donde sea posible el diálogo, la escucha y la comunicación.

Hubo un amor en estas grandes figuras que les llevó a decir «mi vida tiene pleno sentido estando con ellos». Y tenemos a muchos hermanos hoy que viven con esa convicción, hermanos nacidos aquí de la propia tierra que son misioneros entre su gente. Por supuesto que este es un tipo de misión, porque no es menos estar en Zárate con los Hogares de Cristo y estar acompañando la vida de más de 170 jóvenes que tienen dificultades serias con algún tipo de dependencia, o tantas realidades de hogares que tenemos, o tantos lugares donde estamos con los últimos.

¿Cuáles son las dos o tres claves para hablar de esperanza a los jóvenes en un mundo que muchas veces parece ir en el sentido contrario?

Lo primero que tenemos que hacer y la gran necesidad del mundo hoy es la de encontrarnos con espacios y personas donde sea posible el diálogo, la escucha y la comunicación.

Yo estoy convencido de que el gran tesoro que tenemos en la Iglesia y en este nuestro mundo es el de acompañar tantas situaciones de vida. Tenemos todas las realidades, todas las estructuras, todas las redes. A veces nos falta creer más profundamente que podemos hacer camino con los jóvenes, que los podemos acompañar en ese soñarse, en ese formar una familia, su pareja, sus búsquedas de vida, su trabajo, su profesión. No les podemos dar esperanza si no es dándonos la oportunidad y dándoles la oportunidad de encontrarse en lo profundo con Dios. Por supuesto que acogiendo a cada uno de ellos como esté y en la situación en la que se encuentre.

No les podemos dar esperanza a los jóvenes si no es dándonos la oportunidad y dándoles la oportunidad de encontrarse en lo profundo con Dios.

Acojámonos, escuchémonos y acompañémonos en todas las situaciones de la vida… Sigamos haciendo camino con el Señor.

Para el próximo año el Rector Mayor nos invita a retomar las bodas de Caná: «Hagan lo que él les diga». ¿Qué es lo que Jesús le dice hoy?

Yo me imaginaba terminando mi servicio como Rector Mayor, me imaginaba en cualquier Casa Salesiana en cualquier lugar del mundo… y ahora me veo en un mundo donde a veces estoy a un metro del Papa. Otras veces estoy acompañando una reflexión que hacemos en los dicasterios. Y otras acompañando el carisma franciscano para las dos grandes basílicas en Asís. Ahora el Papa me ha pedido un nuevo servicio por un tiempo, sería como juez de la Corte Suprema, algo en lo que yo nunca habría pensado. Entonces, ¿por dónde pasa este “haz lo que él te diga?”.

Pasa por eso de decir, “ahora que estoy aquí, donde el Señor me ha puesto, voy a dar de mí lo que lo que puedo, todo lo que soy”. Y lo estoy haciendo con gusto, nunca pensé en estar en ese mundo, pero estoy feliz de servir.

Tengo la certeza de que el Señor me ha puesto en un servicio, y es como si me hubiera dicho, «Mire, Angelito, amas mucho la congregación y a la Familia Salesiana, pero ahora te toca mirar con ese cariño y misericordia a toda la Iglesia. Y lo mismo que proyectabas para tu amada congregación y Familia Salesiana, aquí te pongo 3200 congregaciones”. Así leo mi presente, y acepto el desafío de “hacer lo que él os diga”.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – DICIEMBRE 2025

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