Cada vez más jóvenes eligen viajar para trabajar de voluntarios

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El deseo de los jóvenes por viajar y conocer nuevas culturas, otros países y a sus habitantes parece ser una constante desde tiempos inmemoriales, sin embargo las motivaciones de dichas travesías han cambiado sobre todo en el último tiempo. Hace algunos años estaban de moda los clásicos “work and travel”, programas donde cientos de jóvenes se inscribían para trabajar en alguna empresa radicada en otro país, así además de conocer otras culturas la experiencia tenía también como objetivo lograr una diferencia económica, por el pago en dólares y por el bajo costo de la misma. Sin embargo en los últimos meses cada vez más chicos y chicas eligen realizar otro tipo de viajes, donde lo que prima es el trabajo voluntario; para ello se inscriben en ONGs de África, India o Latinoamérica. Si bien las experiencias son diversas la mayoría se sintetiza en el deseo de salir de la “zona de confort” y de tratar de sentirse útiles.
Macarena Espinal estudió ingeniería industrial, pero ansiaba contribuir en una realidad totalmente diferente. Por eso, al encontrar fotos de viajeros en África, no lo dudó: se puso en contacto con una ONG y sacó sus pasajes a Kenia. “Ahí les di clases a chicos, participé del armado de un dispensario médico, talleres de agricultura y charlas sobre prevención del VIH en distintas aldeas”, cuenta.
Los datos son contundentes, desde diferentes organizaciones que gestionan viajes internacionales no duda en marcar el crecimiento que han tenido las experiencias de voluntariado. Mientras que en el 2010 alrededor de 150 jóvenes de todo el país habían participado en este tipo en un programa de este tipo, en 2014 la cifra superó los mil cien. “El crecimiento es exponencial y se debe a una mayor conciencia social de los jóvenes. En los últimos años aumentó el número de postulantes que participan en ONGs”, asegura Victoria Mascarenhas, presidenta en Buenos Aires de una de estas empresas que realizan este tipo de viajes internacionales. Allí, los programas duran de 6 a 12 semanas y los voluntarios se deben costear los pasajes y seguros, en algunos casos reciben ayuda para alojamiento y comida.
“Hacía tiempo que quería viajar, pero no como turista. La mejor manera es tener un propósito, una responsabilidad que te haga sentir que vale la pena que estés ahí”, explica Fernando Wierna, que viajó a Rusia y luego a Costa de Marfil. “Muchos dirán que se puede ayudar de la misma manera en tu país, y es cierto. Pero el crecimiento personal al hacerlo en un mundo tan distinto al de uno se multiplica por mil”.
A diferencia de los típicos work and travel en hoteles o centros turísticos, los voluntarios prefieren estar en contacto con una realidad más cruda. Por eso, María López Castell viajó a India apenas se recibió de abogada. “Era hija única, graduada de colegio y universidad privada. El voluntariado me permitió romper esa estructura”, indica. Ramiro Séré, que realizó una estadía en una escuela de un barrio marginado de Brasil, acuerda: “No fui en busca de remuneración, sino a vivir una experiencia intensa”. Lo mismo le ocurrió a Tamarí Martinetti en Colombia.
“Es algo que crece en los jóvenes de hoy: hay una cultura del voluntario, de nutrirse trabajando, más allá del dinero”, explica Elinel Atencio, presidente de Education First en Argentina, una empresa de viajes educativos. “Son jóvenes de entre 17 y 29 años que quieren viajar por el mundo, pero en vez de ser mochileros prefieren conocer mientras aprenden y ayudan”.

 

Fuente: www.perfil.com

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