Buscando su lugar en el mundo

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¿Cuáles son los lugares para el encuentro de los jóvenes con Dios?

Por Gustavo Cavagnari, sdb
cavagnari@unisal.it

Cuando la comunidad cristiana se pregunta sobre la educación de los jóvenes en la fe, probablemente piensa, en primer lugar, en los chicos y chicas que frecuentan sus propios ambientes. Y, por eso, las parroquias, los oratorios y centros juveniles, las universidades y escuelas católicas, son identificados habitualmente como “los” lugares de la pastoral juvenil. ¿Son los únicos?

Mi lugar, tu lugar, nuestro lugar…

Al inicio del camino del Sínodo sobre los jóvenes, el Documento preparatorio llamaba a estos ámbitos los “lugares específicos” de la pastoral juvenil. Sin embargo, luego de dos años de reflexión, el Documento final hizo unos subrayados distintos. Los espacios que nombramos antes pasaron de ser ámbitos propios a ser “lugares relevantes” o “de gran importancia”. Y, junto a ellos, también la web y las redes sociales aparecieron como “lugares cruciales” e irrenunciables para llegar a los jóvenes e implicarlos. 

La pastoral juvenil podrá poner a disposición espacios para los jóvenes. Pero el gran desafío no es tanto que ellos estén ahí ―lo que ya es mucho― sino que los habiten.

Al final del recorrido sinodal, Christus vivit dio un paso más y agregó, junto a los “lugares habituales”, “otros lugares” en los que hacer pastoral con jóvenes, como los monasterios, espacios de silencio y oración, o los ambientes populares por donde ellos se mueven naturalmente.

En conclusión, el camino sinodal nos ha recordado que los lugares de la pastoral con jóvenes son plurales, cada uno con su propio ritmo, estilo, método y grado de incidencia. Junto a ellos, no son menos importantes eventos y experiencias como la Jornada Mundial de la Juventud, el voluntariado misionero, las iniciativas de ciudadanía activa y solidaridad social, etc.

Ofreciendo y construyendo lugares habitables

En este momento, tal vez convenga decir unas palabras sobre los “espacios físicos” que la Iglesia ofrece a los jóvenes: ¿son todavía importantes? ¡Claro que sí! Nuestra vida está ligada a entornos, contextos, escenarios. Pero sobre esto, podemos hacer dos breves consideraciones.

Primero: los lugares que nos definen no son sólo materiales, sino también simbólicos. Son espacios, sitios, obras; pero también personas, historias e interpretaciones. Son un territorio humanizado ―o deshumanizado― del que se tiene memoria, en el que se vive el presente y desde el que se proyecta el futuro. Por ejemplo, si uno se va lejos, cuando vuelve al pago después de un tiempo siente que se regenera por dentro. O, al contrario, aunque uno viva por años en un mismo sitio, puede reconocer que ese nunca será “su” lugar. Obviamente, eso no depende sólo de la “tierra”, sino de la posibilidad de tejer relaciones significativas, de encontrar sentido a lo que se vive, de sentir que pertenece o no.

Con esta lógica, la pastoral juvenil podrá poner a disposición espacios para los jóvenes. Pero el gran desafío no es tanto que ellos estén ahí ―lo que ya es mucho― sino que los habiten. Y habitar es habituarse a un lugar, descubrir su especificidad, asumir el estilo de vida que lo caracteriza, dar una mano para construirlo, hacer de él el propio mundo. 

Con otras palabras, para la pastoral juvenil un lugar es más que un patio, una sala o una canchita; Christus vivit nos recuerda que es un ambiente en el que estamos unidos a otros más allá de vínculos funcionales, nuestra presencia es menos indiferente y anónima, proponemos y construimos un proyecto de vida desde Cristo.

Una red de relaciones

Segundo: hoy los lugares físicos están “atravesados” por lo digital. Hablar de espacios “reales” y de espacios “virtuales” como uno al lado del otro es discutible. Sin separar, podemos tratar sin embargo de pensar el ambiente digital en lo que tiene de original. ¿Cómo habitar ese lugar? ¿Cómo educar y evangelizar en él? 

Hablar de espacios “reales” y de espacios “virtuales” como uno al lado del otro es discutible.

Aunque para algunos “pastorear” este espacio pueda todavía significar saber “usar” ciertos instrumentos de comunicación, sabemos que la cosa es más compleja. Estamos hablando de ser parte de dinámicas y percepciones distintas. Para los jóvenes todo eso es “connatural”. Pero para los adultos, no necesariamente. ¿Cómo estar presentes con estilo evangélico? ¿Cómo despertar en los jóvenes las preguntas sobre el sentido de la existencia e indicar caminos que conduzcan a Jesús como respuesta? ¿Cómo favorecer relaciones humanas “encarnadas” y directas? Algunas preguntas que,quizás, no podemos afrontar en pocos renglones: ¿vos cómo responderías?

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2021

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