Entrevista al hermano Jorge Silanes, director del Cottolengo Don Orione de Claypole.

Por: Ezequiel Herrero y Valentina Costantino
boletin@donbosco.org.ar
El hermano Jorge Silanes conoció a Don Bosco desde muy chico, cuando iba con sus amigos al oratorio. Como parte de esa propuesta quienes la llevaban adelante lo invitaron a comprometerse un poquito más, en alguna actividad que le gustara, que le resultara significativa. Así empezó a entrar en contacto con la Obra de Don Orione, los sábados iba al oratorio y en la semana colaboraba en la atención de personas con discapacidad.
Hoy, varios años después de esa experiencia, es el director del Cottolengo Don Orione de Claypole, una de las iniciativas que León XIV recorrerá en el marco de su próxima visita a nuestro país.
El predio de casi 50 hectáreas –que combina edificaciones con amplios espacios verdes– en principio impacta por su inmensidad en el medio del conurbano bonaerense, pero una vez adentro uno no puede dejar de asombrarse con el servicio que allí se presta. Catorce hogares convivenciales alojan a más de cuatrocientas personas con distintas discapacidades. Además la obra se completa con un servicio de cocina diario, una pequeña sala de cuidados para personas enfermas, diversos talleres y escuelas. Todo esto es acompañado las 24 horas por profesionales, voluntarios y consagrados.
Algo de todo esto es lo que intentarán presentarle al papa León XIV cuando los visite. El hermano Jorge Silanes recuerda aquel primer contacto, donde pusieron en claro las prioridades de dicha visita: “Un día nos llamó el provincial, que lo habían llamado a la Conferencia Episcopal, por la posibilidad de la visita del Papa. Pero nadie lo tenía que saber. Yo dije: ‘Acá tenemos dos parroquias, que tienen doce comunidades. También tenemos una unidad educativa que son seis escuelas; tenemos un Hogar de Cristo…’. Pero enseguida me frenaron y me dijeron: ‘No. Si viene el Papa, viene a encontrarse con las personas con discapacidad’”.
Frente a esta visita, ¿qué les gustaría que el mundo “vea” de la obra?
Una de las preguntas que nos hicieron para prepararnos fue: ¿cuál es la foto que quisieras de este evento? Y la foto que queremos es esa, el abrazo del Papa, que es el padre, el pastor universal de la Iglesia, sucesor de Jesucristo, el dulce Cristo en la tierra. Que venga a hacernos presentes con gestos concretos a Jesús buen pastor. Nos imaginamos eso, un abrazo, una mirada, todo aquello que nos muestre y nos permita vivir ese amor de Jesús buen pastor.
¿Por qué es importante que la Iglesia lleve adelante propuestas como las del Cottolengo?
La Iglesia enseña, pero también vive. Es decir, la Iglesia tiene que enseñar –por eso está el magisterio de la Iglesia– pero también tiene que tener lugares donde vive eso que enseña. Por lo tanto, es un lugar de servicio evangélico. El reconocer dignidad a las otras personas, la que brota del Evangelio, reconocer derechos, la que brota del Evangelio. Todos somos personas, todos somos hijos de Dios. Por eso es importante que la Iglesia tenga estos lugares. Porque se trata también de un lugar social, de reivindicación de derechos, donde la gente pueda tener su casa, amar, ser amado, ser reconocido.
Yo creo que la primera causa es evangélica. “Tuve hambre y me diste de comer, tenía sed, me diste de beber, estaba preso y me visitaste”. Nos preguntamos: ¿qué sociedad queremos construir? Y nosotros queremos construir una sociedad en la cual todos nos reconozcamos y nos encontremos más allá de las diferencias. Y ponernos al servicio, porque la vida es así, inevitablemente algunos tienen más necesidad de apoyo que otros.
¿Cómo atraviesa la situación social, cultural, política, al Cottolengo?
Somos muy reconocidos en el barrio, los vecinos vienen al santuario a rezar ante la reliquia de San Luis Orione, también vienen escuelas, junto con los grupos parroquiales, todo eso ayuda a desmitificar un poco.
A mí me parece que los prejuicios a veces nacen del miedo. Uno no sabe cómo tratar, cómo reconocer, pero no tiene que tener miedo ante eso. Hay que tener confianza. Creo que nosotros aportamos eso también a la sociedad. Recibimos y damos, no es que seamos superhéroes ni nada por el estilo, somos personas, comunidades que estamos movidos por el Evangelio y que queremos dar dignidad, hacer que se manifieste esta imagen de Dios que tenemos.
¿Te acordás de alguna situación que para vos haya sido signo de la presencia de Dios acá?
Sí, son muchas. Pero me acuerdo de una vez que había estado en Capital todo el día, todo me salió mal, no conseguí nada de nada. Y llegué a casa cansado, me fui directamente a la iglesia y me senté en el último asiento. De pronto siento que una persona viene, me da un beso y me acaricia la cabeza. Es el día de hoy que no recuerdo quién fue ni nada por el estilo, pero yo sentí el amor de Dios ahí. Me paré y salí a hacer lo que tenía que hacer.
A lo largo de los años la Obra de Don Bosco y Cottolengo se han relacionado y vinculado, ¿por qué y de qué manera?
Don Orione hizo el secundario en el grupo salesiano. Don Bosco muere en 1888. Don Orione estuvo en el oratorio de Valdocco desde 1886 a 1889. La pedagogía salesiana lo ayudó a desarrollar, a desplegar todas las potencialidades y capacidades que tenía. Finalmente no ingresó en el noviciado, sino en la diócesis, pero siempre reconoció a Don Bosco como su maestro. Incluso ya siendo seminarista va a los primeros encuentros de los cooperadores salesianos como representante de la diócesis de Tortona. Siempre le quedó esa afinidad y esa pedagogía.
Nosotros aca educamos para la inclusión, para que la persona pueda elegir libremente, que elija el bien, pero libremente. Que pueda reconocer y discriminar eso. Es como el Sistema Preventivo de Don Bosco, don Orione le cambió el nombre, pero es lo mismo. Lo llamó “paterno cristiano”, porque es ejercitar ese tipo de relación, de vínculo; reconocer a Dios como un padre.
Y los vínculos acá son bien profundos, se da naturalmente, el ambiente y el estilo de vida va haciendo que las personas que se incorporan vayan desarrollando las habilidades necesarias para reconocer en el otro a otra persona. Entonces, se va generando el respeto, la empatía, el servicio, el perdón. Yo que vivo acá me conmuevo muchas veces por cómo se relacionan quienes trabajan acá con las personas a la cual le prestan servicios de apoyo, como si fueran un hijo. Es todo el sistema que te va llevando.
Podés colaborar con el Cottolengo Don Orione ingresando en este enlace: https://donorione.org.ar/donar/
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – NOVIEMBRE 2026




