Una casa salesiana en el Corazón de la ciudad

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El Sagrado Corazón de Jesús de La Plata.

Por: Redacción Boletín Salesiano

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En noviembre de 1882, a sesenta kilómetros de la actual Ciudad de Buenos Aires, colocaron la piedra fundacional de la ciudad de La Plata, en el lugar que actualmente ocupa la Plaza Moreno. De esta forma comenzaba la fundación de la nueva capital provincial, buscando superar así el recurrente enfrentamiento en el que se hallaba la provincia de Buenos Aires con el gobierno nacional por el control del puerto de Buenos Aires.

Se trataba de una ciudad planificada, soñada, que requería gran cantidad de trabajadores para la construcción de los primeros edificios: la Casa de Gobierno, la Legislatura, la Municipalidad y la Catedral, entre otros. Esos empleados fueron en su mayoría inmigrantes italianos, que buscaban en el nuevo territorio las oportunidades que no habían obtenido en su patria natal y que pronto también buscarían una educación en la fe para sus hijos.  

Motivados por el deseo de responder a ese pedido llegaron en 1885 los primeros salesianos a la incipiente ciudad. En ese entonces se instalaron en una pequeña capilla de madera que les permitía llevar adelante el servicio religioso –sobre todo para los inmigrantes– y al año siguiente comenzaron con algunos cursos de la escuela.  

El paso del tiempo fue transformando la fisonomía de aquella incipiente ciudad planificada, y la fue llenando de vida, de historias, de anécdotas y de encuentros. Con la obra salesiana ocurrió algo similar. La Casa del Sagrado Corazón fue transformando y completando su propuesta. La misma actualmente cuenta con una escuela que contempla los tres niveles educativos –inicial, primaria y secundaria– y que recientemente sumó una nueva extensión horaria; una escuela para adultos en articulación con el estado; diversos espacios juveniles como Oratorio, Mallín, Exploradores, Experiencia de Servicio, Taller de Música, Grupo Universitario; una Basílica que es referencia en la ciudad y donde se encuentran diferentes grupos de la Familia Salesiana, además de Cáritas y de Narcóticos y Alcohólicos Anónimos.

Venimos de todas partes

Así como hace 140 años un pequeño grupo de salesianos consagrados llegaban a la incipiente ciudad hoy las familias, los vecinos y los jóvenes que llegan a esta Casa Salesiana lo hacen motivados por diferentes intereses.

Analía es la directora del nivel secundario y explica que los chicos y chicas vienen de diferentes zonas de la ciudad de La Plata, “no son chicos que vienen solamente de la zona centro donde estamos, y eso enriquece mucho la propuesta y la vida de todos los días”. 

Joaquín es actualmente coordinador del Batallón 10 de Exploradores y recuerda con claridad la primera vez que conoció el patio salesiano:Me encontré con un patio lleno de alegría, de chicos y chicas jugando, interactuando también con los jóvenes que participaban de los juegos, y era algo que no había visto en mi vida; la cantidad de chicos, la alegría, el acompañamiento, era algo muy lindo y muy fraterno y te hacía sentir que era tu lugar”. 

Una experiencia similar atravesó Nancy, quien actualmente se desempaña como docente del nivel inicial, pero que llegó al Sagrado como alumna del nivel secundario:Encontré un patio donde todo el mundo se conocía, donde los alumnos no eran un número y los profes no eran algo inalcanzable, sino que tomaban mate con nosotros, te preguntaban como estabas, si habías podido con la tarea del día anterior, si necesitabas ayuda, o donde simplemente te consultaban, ¿cómo estas?, todas cosas muy diferentes al lugar del que yo venía”.

Otros llegaron porque algún familiar había pasado por esta Casa Salesiana y esa huella fue tan significativa que quisieron que otros también pudieran vivirla. Algunos en cambio llegan conociendo poco la ciudad que los hospedará durante sus años de estudios superiores. Ellos y ellas –que vienen no solo de otras provincias de Argentina, sino también de otros países de América– encuentran en “El Sagrado” y en el grupo de universitarios, una casa lejos de casa.

Queremos vivir alegres

“Maiqui”, como lo conocen cariñosamente en el oratorio –que abre sus puertas todos los sábados en el campo de deportes, ubicado en las afueras de la ciudad– llegó porque un amigo lo invitó a pasar una tarde de juegos. Pero allí, igual que muchos otros chicos y chicas, encontró algo diferente: “Cuando era chico, era muy revoltoso, hasta un poco violento, porque la realidad del barrio es así, gana más fuerte, siempre. Pero acá encontré otra cosa, otra realidad. Y de a poco me fui amoldando a lo que es el oratorio, al compañerismo, a la solidaridad, a la empatía, y esos valores me llevo. Acá me formaron como persona, como hermano, como compañero, como hijo, porque es eso, el Oratorio me cambió la vida«.

Algo similar le pasó a Jerónimo, docente del nivel secundario, él reconoce que en el Sagrado encontró otra forma de vivir su fe: “Acá pude aprender o conocer una fe más liberadora, una fe que te impulsa a seguir tus sueños, a preguntarte quién sos, a ser feliz. Y eso me fue acercando a lo que soy hoy, entendiendo que educando desde el corazón es como se transforma la sociedad. Estoy muy convencido de ese mensaje y es realmente un sueño que tengo y que creo que la mayoría de los educadores tenemos”.

Y este deseo de transformar la sociedad es algo que se palpa no solo entre docentes, sino también entre los jóvenes de esta casa salesiana. Me interesa mucho ayudar al otro y que el colegio me proponga compartir tiempo con chicos más chicos, hacer actividades, participar de las convivencias, animar a chicos de segundo y tercer año, creo que me forma como persona. y todo eso nos ayuda a ver al colegio, no solo como un colegio, sino como una casa”, expresa Malena, estudiante del último año y colaboradora de Cáritas, junto con otros jóvenes –alumnos y exalumnos–.  

Y ahora gritamos con toda el alma y toda la voz

“Estar acá te aporta otra sensibilidad, otra manera de mirar, que no es la que ve todo el mundo. Siempre escuchamos los prejuicios o los preconceptos y acá intentamos mirar desde otros lados las situaciones”, explica Nancy, quien intenta poner esto en práctica no solo en el trabajo, sino también con su familia. “Uno acá se convierte, porque el corazón se educa y uno acá entrena eso, un corazón educador para escuchar, para ponerse del otro lado, para poder ver un poquito más allá de la nariz”. 

Comprometerse con la realidad de quienes están atravesando alguna situación de dolor, ofrecer una mirada empática, solidaria, comprensiva son algunas de las habilidades que se busca desarrollar en los jóvenes, docentes y fieles que transitan “El Sagrado”. Esas enseñanzas trascienden las paredes de la Casa Salesiana y quedan marcadas en el corazón de quienes pasaron por ella. “Ver tantos jóvenes –como yo– que tienen ganas de hacer algo por el otro, de mirar al que tienen al lado, de ayudar, de educar bajo la pedagogía salesiana, eso me lo llevo en el corazón”, comparte Sol, exalumna y miembro del Movimiento Juvenil Salesiano y animadora de diferentes espacios juveniles

El clima de familia, el acompañamiento, la confianza son constantes que atraviesan los distintos espacios y propuestas del Sagrado. La vida siempre es compartida, es con otros y es como nos gusta hacer las cosas y cómo aprendemos a trabajar acá. Y eso para mi es lo más importante. hoy en día donde nos invitan a otra cosa, a pensar un poco más en uno mismo, individualmente, nuestra propuesta es muy diferente y también muy convocante gracias a Dios”, sintetiza Dolores, coordinadora del Batallón de exploradores y docente de la escuela. 

Don Bosco, llegó a leer en las cartas que le enviaba Cagliero sobre el comienzo de esta obra. Hoy su corazón sigue latiendo con fuerza en el corazón de la ciudad de las diagonales gracias a quienes de una u otra manera siguen viviendo y educando fieles a su estilo.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2026

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