Una red que transforma vidas

Compartir

«La Nazaret» de Ludueña, Rosario.

Por Berenice Leguiza

Bereyteo2018@gmail.com 

En una esquina de la ciudad de Rosario, en el barrio Ludueña, pegadita a las vías del tren, allí donde muchas veces la desigualdad parece ganarle terreno a la esperanza, una pared pintada anuncia que algo distinto sucede. Entre colores, rostros e historias que se resisten al olvido, una frase llama la atención de quienes llegan por primera vez: “Una red de hormigas puede más que un elefante”.

No es solo una pintura. Es una declaración de principios. Al atravesar la puerta de la escuela –EEMPA– mejor conocida como “la del padre Montaldo», La Nazaret cobra sentido, con sus dos modalidades: la escuela secundaria para jóvenes y adultos, el centro de formación profesional, y un aula radial de alfabetización de adultos. En el mural de la entrada precisamente a la izquierda, realizado por uno de los profesores, las imágenes de Pocho y Edgardo siguen presentes, acompañando silenciosamente la vida cotidiana de la escuela. Cada tardecita se observa la llegada de estudiantes, docentes y voluntarios que, con sus historias y sueños, continúan escribiendo una obra que comenzó hace casi cuarenta años y que sigue creciendo gracias a la fuerza de la comunidad.

Entre aulas, talleres y encuentros, La Nazaret sigue construyendo comunidad en Ludueña a través de la educación, el trabajo y el acompañamiento a jóvenes y adultos.

“Esta escuela te transforma”

“No somos las mismas, esta escuela te transforma totalmente”, expresan Araceli y Noelia, estudiantes de tercer año de la Escuela de Enseñanza Media para Adultos –EEMPA–. Porque La Nazaret es justamente eso: una red de personas que creen que la educación, el trabajo y el encuentro pueden abrir caminos donde antes parecía no haberlos. “Son todos buenas personas, nos insisten para que estudiemos y buscan la forma de ayudarnos en muchas cosas. Cuando se te complica con una materia te tienen paciencia, te explican, le buscan la vuelta. No te dicen ‘si no lo podés hacer, bueno…’, sino que te insisten en salir adelante”, comparten.

En la escuela se llevan adelante propuestas y actividades para integrar a los estudiantes, para animarlos a desafiarse y a compartir con otros sus conocimientos, sus formas de habitar la escuela, también sus dificultades, sabiendo que es en comunidad la mejor manera de crecer y aprender. No estudiaba hace más de veinte años, no hacía eso de agarrar la carpeta y sentarme en mi casa, es un desafío que superé”, recuerda Araceli, quien también participa de la propuesta junto a su familia. Su marido se encuentra haciendo el taller de Herrería, su hija Semillero y su hijo mayor Electricidad. 

Por su parte, Noelia asiste junto a su hermana y ambas están finalizando la escuela secundaria: “Me gusta porque hay mucho compañerismo, vas aprendiendo muchas cosas. Después de mucho tiempo nos decidimos a terminar la escuela con mi hermana”.

Nadie camina solo

Se escucha el golpe de las maderas que comienzan a tomar forma, el chisporroteo de las soldaduras listas para unir nuevas piezas, las manos que moldean artesanías con paciencia y creatividad, y las luces que se encienden en los talleres de electricidad. Cada espacio tiene su propio ritmo, pero todos comparten el mismo propósito: abrir caminos para que jóvenes y adultos puedan construir nuevos proyectos de vida. 

“Invitaríamos a todo el mundo. Vengan porque es hermoso el espacio, es hermoso cómo enseñan, cómo te acompañan, y cuando estás mal o triste o como estés, ellos siempre están apoyándote en ese momento, y en todo”, afirman Noelia y Araceli.

En cada palabra de ellas, Don Bosco nos anima recordándonos que: “alegría, estudio y piedad: es el mejor programa para hacerte feliz”. Y quizás allí, esté el verdadero sentido de esa frase que recibe a quienes cruzan la puerta por primera vez: “Una red de hormigas puede más que un elefante”. Porque en La Nazaret nadie camina solo. Entre todos y todas se va tejiendo una comunidad que sostiene, acompaña y anima a seguir adelante. Una comunidad donde cada persona encuentra un lugar, una oportunidad y alguien dispuesto a tenderte una mano.

Y es también en esos gestos cotidianos donde cobra vida una de las enseñanzas más profundas de Don Bosco: “No basta amar a los jóvenes, es necesario que ellos se den cuenta de que son amados”.

Quizás por eso, cuando cae la noche sobre Ludueña y las luces de La Nazaret siguen encendidas, la escuela se convierte en mucho más que un espacio educativo. Se vuelve una casa que recibe, acompaña y abraza a una comunidad que sigue apostando por la educación, el trabajo y el encuentro como caminos para construir futuro.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2026

Noticias Relacionadas

«Misión que abraza»: Argentina unida por Venezuela

Don Bosco Por Los Jóvenes. Desde el mes de agosto, la Procura Salesiana de Argentina impulsa una campaña solidaria tras los sismos en Venezuela.

 Una casa salesiana en el Corazón de la ciudad

Obra de Don Bosco en Argentina. El Sagrado Corazón de Jesús de La Plata.

La cocina de Mamá

Obras y servicios sociales. El “Comedor Mamá Margarita” del barrio porteño de La Boca.

Una casa, lejos de casa

Obra de Don Bosco en Argentina. El Grupo Universitario: una propuesta del Sagrado Corazón para los jóvenes que llegan a estudiar a la ciudad de La Plata.