
Te llevo tatuada
Quise que supieras
Que entre tanta duda
Tanta piel cansada
Entre tanta púa
Y tanta alambrada
Te llevo tatuada
Te llevo tatuada
Pero no en la piel
Mucho más afuera
Mucho más adentro
Te llevo tatuada en el pensamiento
Tinta negra
Sobre lienzo
Que dice lo que no diría
Pero pienso
Tinta ajena en un cuerpo que juraba mío
Y tu voz, tu voz, tu voz, tu voz, tu voz en el oído
Un poco de suerte, y a ver si me olvido
(fragmento)
Artista: Jorge Drexler y Young Miko.
Album: Taracá (2026)
Por Julián Moya
julimoya123890@gmail.com
“Te llevo tatuada, pero no en la piel. Mucho más afuera. Mucho más adentro”.
Esta frase pertenece a la canción “Te llevo tatuada”, interpretada por Jorge Drexler y Young Miko. La misma expresa algo que todos, en el fondo, sabemos: hay personas que no necesitan estar cerca para seguir estando presente.
Hay personas que no ocupan un lugar físico ni aparecen todos los días en nuestra rutina, pero habitan en nosotros de una manera más profunda. Están en lo que pensamos, en las decisiones que tomamos, en la forma en que miramos a los demás. Están en las palabras que repetimos casi sin darnos cuenta; y en gestos, que sin saber bien el momento, incorporamos a nuestra vida. Incluso muchas veces están presentes en silencios que se nos escapan y tienen nombre propio. Todos llevamos nombres escritos por dentro.
La canción habla de una marca que no se ve, de algo que está “mucho más adentro”. Y quizás ahí está la clave: lo más importante de nuestra vida no es lo visible, sino lo que permanece, aquello que no necesita mostrarse para ser verdadero.
En ese interior, casi siempre, hay rostros. Un amigo, alguien de la familia, un educador, una persona que en un momento dijo algo justo cuando lo necesitábamos. Tal vez no recordamos cada palabra, pero sí lo que nos hizo sentir. Y eso queda como una tinta invisible que sigue escribiendo en nosotros, aun cuando el tiempo pasa y las circunstancias cambian.
En la experiencia educativa esto se vuelve evidente porque la misión no es solo “enseñar contenidos”, sino quedarse en el corazón del otro. Dejar una huella que acompañe, que sostenga, que aparezca incluso cuando ya no estamos, como una voz que orienta en el momento justo.
Y también reconocer que nosotros estamos hechos de esas huellas. No somos solamente lo que elegimos ser, sino también quienes pasaron por nuestra vida y dejaron algo en nosotros, muchas veces sin saberlo. Por eso, tal vez, la pregunta no sea solo a quién llevamos tatuado, sino también en quiénes dejamos una huella.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JUNIO 2026
