Entrevista a los nuevos inspectores salesianos de Argentina.

Por Redacción Boletín Salesiano
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Julio Boffelli y Manuel Cayo, son los salesianos encargados de animar la vida de las Inspectorías Argentina Norte y Argentina Sur, respectivamente, por los próximos seis años.
Ambos cuentan con una vasta trayectoria en servicios de animación inspectorial. Manolo fue el primer inspector de Argentina Norte y prestó ese mismo servicio en Perú. Anteriormente también se desempeñó como vicario y delegado de la Pastoral Juvenil. Julio, por su parte también prestó servicio como delegado de Pastoral Juvenil y vicario inspectorial.
“Yo me defino como salesiano pastor, que trata de acompañar, de estar, de cuidar, de conducir cuando es necesario, de entusiasmar, siempre con bondad y amabilidad. Una palabra que me acompañó durante toda mi vida salesiana fue ‘servidor’, instrumento para construir el Reino de Dios”, sintetiza Julio. Manolo por su parte expresa: “‘Cara alegre, corazón en mano, acá tenes a un salesiano’. Es una definición que me parece muy plástica. Yo me entiendo como una persona que trata de seguir el Evangelio de Jesús con el espíritu salesiano, con cercanía, que acompaña, con un trato simple, sencillo, cotidiano”.
¿Cuáles son los desafíos y oportunidades de la realidad inspectorial de este tiempo?
Julio: Que nuestras propuestas acompañen a los jóvenes en las nuevas fragilidades en las que se encuentran. Generar comunidades que acojan, que reciban, que generen lazos fraternos, y que juntos lleven adelante la misión. Es hermoso el compromiso que hay de tantos educadores y es una gran oportunidad para enfrentar esos desafíos que tenemos. Creo que otra oportunidad son los espacios formativos que tenemos, que orientan, recrean, entusiasman y ayudan a soñar en una realidad cada vez más desafiante.
Manolo: En un tiempo en el que parece que gana más el descarte de lo productivo por encima de lo que vale la dignidad, apostar por las posibilidades que tienen los jóvenes es una de las características del carisma salesiano. Cuando se intensifica el tema de la confrontación, cuando todo se contabiliza y tiene precio, hay que apostar a la ternura, a lo comunitario, al espíritu de familia. Hoy más que nunca son necesarias aquellas propuestas que ayuden a los jóvenes y a nosotros a descubrir la propia identidad como camino de fe, actividades que ayuden a los pibes a descubrir quiénes son, para qué están. Y darse cuenta de que en el fondo ser ellos mismos es lo que Dios espera de ellos.
Para todo salesiano Don Bosco es un modelo. Además de él, ¿qué otra figura es una referencia para ustedes?
Julio: Me siento desafiado por la figura de Don Zatti, esa santidad sencilla, cotidiana, que busca servir siempre desde la misión. Además rescato la entrega incondicional, la siento como un desafío personal. Y finalmente me gusta también la imagen de Zatti como vecino cercano. Cuando uno está con un servicio que ya no implica una continuidad en una comunidad, me parece importante ese gesto de seguir andando en bicicleta como la oportunidad de seguir viendo, saludando, escuchando a los vecinos, estando cerca.
Manolo: Yo entré a la congregación por Don Bosco y él me llevó a Jesús. Ahora también me parece interesante rescatar la figura de Ceferino como pacificador entre dos culturas enfrentadas, que se planta frente al conflicto desde la verdad y ayuda a tender puentes de reconciliación. También su dimensión de la espiritualidad. Él no renuncia a su cultura, sino que desde ella vive la fe del Evangelio. La figura de Ceferino como joven nos interpela. Me lleva a esos jóvenes que te cuestionan con sinceridad y que te ayudan a darte cuenta de las cosas que hay que cambiar.
Tanto Manolo como Julio llevan un largo tiempo siendo parte de la Congregación Salesiana. El primero fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1995, en su ciudad natal, General Roca, Rio Negro. Julio, nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, e hizo los votos perpetuos el 17 de octubre de 1992 en Resistencia, Chaco.
“Cuando entré en la congregación lo hice con el entusiasmo de trabajar con los jóvenes más pobres. Yo soñaba con una misión que trasciende las obras concretas, que se abre a nuevos desafíos, a nuevas realidades, que tiene propuestas nuevas. Y la congregación en estos últimos años ha caminado en ese sentido”, recuerda el padre Julio Boffelli.
Manolo da cuenta de que un momento significativo en su vocación se dio aproximadamente cuatro años después de su ordenación sacerdotal: “Tuve una crisis que me ayudó mucho. Hasta ese momento lo que sostenía mi vocación era lo que hacía, las actividades”. Hoy su mirada es diferente: “Más que el qué, lo que importa es el cómo, el estilo, la manera. Eso fue cambiando en mí, de una mirada muy centrada en lo que hago a una mirada en cómo lo hago, con otros, escuchando a los jóvenes, tratando de no imponerme, de responder a lo que el carisma salesiano espera”.
¿Qué consejo le darían a ese Manolo o Julio que recién entraban a la congregación?
Manolo: Que no mida todo por los resultados, que no se ponga en el centro, que apueste siempre por escuchar, por trabajar con otros y que se deje evangelizar por los jóvenes. Que nunca se olvide de confiar en Dios y en María Auxiliadora. Cada vez más voy descubriendo que la lógica detrás de nuestras propuestas es una lógica mariana, femenina, maternal, servicial, diaconal, auxiliadora.
Julio: El primero es animarse a vivir intensamente, y descubrir en la intensidad de cada día la vocación, el llamado, sentirse feliz de eso. Lo segundo, animarse a vivir la experiencia con un corazón abierto: dejarse acompañar, dejarse ayudar, y no solamente por los formadores, sino por todas las personas. Por último la confianza en Dios, que nos llama, que nos acompaña. Me da mucha paz dejar que Dios me vaya indicando los distintos servicios, te libera enormemente y te ayuda a proyectarte.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MAYO 2026


