Los Salesianos Cooperadores, comunidad de creyentes que viven su fe en el camino de Don Bosco.

Por Roberto Monarca //
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Don Bosco piensa, ante todo, que lo esencial es ser santos. Que la principal responsabilidad de cada quien en su vida es estar en amistad profunda con Dios. Todas sus iniciativas tienen esta orientación, al punto de llamar Oratorio a su obra inicial en Valdocco, y no tanto hogar, hospicio, u otra denominación.
La santidad de Don Bosco tiene algunas características particulares, que toma de San Francisco de Sales. Es una santidad que es propuesta para todos, y que es posible vivirla “haciendo bien lo que tenemos que hacer”, esto es, lo cotidiano es el espacio donde se desarrolla.
Otra característica de esta propuesta de santidad es que no se vive en solitario, sino en comunidad, y tampoco encerrados, sino haciendo que otros conozcan y vivan la propuesta de Jesús, haciendo así que toda la sociedad sea cada vez más Reino de Dios.
En lo de todos los días
Esta propuesta de santidad –cotidiana, comunitaria, apostólica–, es vivida desde cada opción vocacional por los diferentes grupos que se identifican con Don Bosco.
Para los salesianos cooperadores, este crecimiento en el camino evangélico planteado por Jesús es vivido en las situaciones ordinarias de la vida –familia, trabajo, etc–, con las características propias del espíritu salesiano.
Es allí donde los salesianos cooperadores están invitados a llevar el espíritu de Don Bosco a todos los ámbitos de su existencia. En donde se encuentren, tienden a suscitar relaciones de confianza y de amistad para crear un clima de familia modelado con sencillez y afecto, creen en los recursos interiores de las personas, suscitan la paz y buscan el diálogo.
En sus actividades cotidianas, la vivencia de estos rasgos los convierte no pocas veces en una presencia profética y contracultural en una sociedad que muchas veces desdeña el valor fundamental de la persona y donde la competencia exacerba el individualismo.
A su vez, está invitado a desarrollar su vocación a través del compromiso político y social, no sólo a través del voto o la participación política partidaria, sino en las múltiples instancias de la sociedad que tratan de construir un mundo más humano, con especial atención a los jóvenes más pobres: asociaciones de familias, clubes, sociedades vecinales, cooperativas, gremios, y no porque haya un mandato reglamentario, sino porque es consciente de que nadie se salva solo.
Vivir según el Evangelio
Esta esencial dimensión apostólica, que es vivir según el Evangelio de Jesús cada aspecto de la vida, se vio plasmada en los textos ya en el primer reglamento escrito por Don Bosco en 1876. Luego, profundizando las intuiciones iniciales, en el “Reglamento de Vida Apostólica” en la revisión de 1986, de modo de acentuar la orientación de la propuesta de vida, para transformarse, en una segunda revisión, en el año 2013, en el “Proyecto de Vida Apostólica de la Asociación de Salesianos Cooperadores”, explicitando que, más que una regla a cumplir, es una vida a desarrollar, en una triple dimensión: santificación personal, ayuda a una sociedad mejor, sobre todo pensando en los jóvenes, y aporte a la obra salesiana, ya sea en diversas iniciativas, la oración o la colaboración material.
La Asociación les ofrece a todos sus integrantes la posibilidad de crecer en esta vivencia intensa de la propia vocación, a través de la vida de comunidad, que se da en los centros locales y en las provincias asociativas, que agrupan a diversos Centros, de modo de poder compartir alegrías y penas, y de continuar la propia formación y crecimiento en la fe. Todo esto con requisitos mínimos, como es el de renovar periódicamente la promesa, con la que se integra a la Asociación, de querer vivir como buen cristiano y honrado ciudadano como proponía Don Bosco, ligado a una comunidad de creyentes que quieren caminar juntos en la misma dirección.
Verdadero cristiano
¿Para trabajar como Don Bosco por el bien de los jóvenes, hace falta ser cooperador? No
¿Para crecer en la propia vida de fe, hace falta ser cooperador? No
Lo que sí hace falta es vivir la propia fe en una comunidad, y unirse todos aquellos que quieren hacer algo de bien a los jóvenes y por la sociedad, en el espíritu de Don Bosco. Y es esto lo que ofrecen los salesianos cooperadores: un camino seguro, posible de ser recorrido por cualquiera que se sienta llamado a construir, como Don Bosco, una comunidad de personas que hacen su aporte para que el mundo sea un poco mejor cada día, atendiendo con mayor preferencia a los jóvenes pobres y abandonados.
Hace falta vivir la propia fe en una comunidad, y unirse todos aquellos que quieren hacer algo de bien a los jóvenes y por la sociedad
Lo dirá el entonces Rector Mayor, Egidio Viganó, al aprobarse el Reglamento de Vida Apostólica, en 1986: “El futuro de la Asociación depende en buena medida de la comprensión actualizada, realista y renovada del don apostólico dado por Dios a la Iglesia por medio de Don Bosco.” Es decir, no pensarse como “cooperadores de la obra salesiana”, “o de los fines de semana, cuando voy al Oratorio o al Grupo”, sino, en sintonía con la amplitud de miras de Don Bosco, reconocerse como “cooperador del crecimiento del Reino de Dios”.
Una vocación que no se vive a solas o de forma aislada, sino como miembros de una Asociación, que trata de favorecer en todos y en cada uno identidad, vitalidad, apoyo, revisión, alegría y esperanza de una profunda fraternidad evangélica, con el espíritu de Don Bosco.
De esta manera, se podrá ir haciendo realidad lo que Don Bosco les decía a los cooperadores en 1886, a “¡Vendrá un tiempo en el que el nombre de cooperador querrá decir verdadero cristiano! (Memorias Biográficas, XVIII, 146)
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – ABRIL 2026
