Película: Elio (2025)
Dirigido por: Domee Shi, Madeline Sharafian y Adrian Molina
Disponible en: Disney+
Por Joaquín Mercado //
mercado.joaquin.nicolas66@gmail.com
“Elio” es una película que cuenta la historia de un niño que vive con la sensación permanente de no encajar, de no pertenecer. Elio es creativo, sensible y solitario, y observa el mundo como si siempre estuviera un paso afuera. Mira la realidad con distancia, como si no terminara de encontrar su lugar en ella, y su deseo no es cambiarla sino escaparse de ella, huir a un lugar donde lo vean y elijan sin condiciones.
La historia cambia cuando, por una confusión, Elio es llevado al espacio y presentado como el representante de la humanidad ante una comunidad intergaláctica. Lo importante no es la aventura en sí, sino el conflicto que surge a partir de ese momento. Él no se siente capaz de ocupar ese lugar. No fue elegido por mérito, ni por preparación, ni por confianza: fue elegido “por error”, y esa idea lo incomoda, lo desestabiliza.
Lejos de presentar a un héroe seguro de sí mismo, la historia se detiene en la duda, el miedo y la resistencia a asumir una responsabilidad que no pidió. A medida que avanza la película, notamos que el protagonista no busca “ser especial” ni destacarse por encima de los demás, sino más bien, que inicia un proceso de aceptación y encuentra un ser valioso en sí mismo.
Hay una pregunta que atraviesa toda la película y que nos invita a reflexionar: ¿qué pasa cuando otros confían en nosotros más de lo que nosotros confiamos en nosotros mismos?
Desde una mirada salesiana, esa pregunta encuentra un eco claro en la figura de Miguel Magone. Miguel no fue un chico ejemplar desde el comienzo ni llegó al oratorio con un proyecto de vida definido. Llegó con límites, con impulsos y con una historia frágil. Llegó siendo lo que era, sin garantías ni promesas de cambio inmediato. Y una mirada se posó sobre él. Don Bosco vio todo el bien y todo el valor que había en Miguel incluso antes de que él lo percibiera, y lo acompañó sin exigir perfección. Esa confianza concreta, cotidiana y paciente fue construyendo su identidad y le permitió crecer.
Elio es elegido por una confusión cósmica; Magone, por una confianza profundamente humana. Pero el efecto es similar. Por diferentes motivos llegaron a lugares que no buscaron, y en ese recorrido encontraron su lugar y comenzaron a encontrar su propósito, y no porque encontraron algo perfecto, sino porque alguien creyó, se quedó y acompañó.
Elio y la experiencia salesiana coinciden en lo esencial: el crecimiento personal no comienza cuando nos sentimos suficientes ni cuando nos creemos “perfectos”, sino cuando alguien nos acepta como somos, nos invitan a vernos como ellos nos ven y nos ayudan a dar un paso más.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MARZO 2026
