Tienen necesidad de todos

Compartir

De cómo nacieron los salesianos cooperadores en la mente y el corazón de Don Bosco.

Por: Roberto Monarca

boletin@donbosco.org.ar

Es 1848. Tiempos de profundos cambios políticos y sociales en Italia. La primera etapa de la revolución industrial ha arrojado una gran cantidad de jóvenes campesinos a las ciudades, donde se alojan en las incipientes fábricas con jornadas de trabajo abusivas. No pocos caen en las cárceles.

Don Bosco, ya sacerdote, junto con otros eclesiásticos van dando origen a diversos oratorios, para atender a estos niños y jóvenes. Se estudia organizarlos en una especie de Comisión de los Oratorios, pero en una reunión tendiente a esta organización, surgen divergencias en cuanto a sus objetivos y orientación. Las Memorias Biográficas nos traen el contenido de esa reunión.

Don Bosco se va dando cuenta que necesita de más personas para llevar adelante su sueño. Y así lo manifiesta. A lo que uno de los presentes, le dice: “Lo que usted quiere es fundar una congregación”. Don Bosco le responde: “Congregación o lo que fuere; yo necesito crear Oratorios, capillas, iglesias, catecismos, escuelas, y sin personas no puedo hacer nada”. (MB III, 353)

En ese “no puede hacer nada”, está una de las claves de la dinámica de Don Bosco de involucrar cada vez a más personas en sus tareas, dando lugar a lo largo del tiempo a instituciones más formalizadas como los Salesianos, las Hijas de María Auxiliadora, los Salesianos Cooperadores, ADMA, y una multitud de personas que, sin están formalmente unidas, son parte de la Obra de Don Bosco.

Y un “no hacer nada” que no parte de una visión egoísta, en el sentido de que lo importante es que me ayuden, sino de la constatación de que estos niños y jóvenes abandonados y en peligro tienen necesidad de todos, y que no alcanza con lo que yo puedo ofrecerles por mí mismo. 

Sin estas otras personas, la acción de Don Bosco hubiese quedado reducida a un puñado de buenas intenciones que no hubiese ido más allá de lo que él personalmente pudiese haber hecho. 

Y es una experiencia que el propio Don Bosco constató a lo largo de su vida, ya que, desde niño y joven, para poder estudiar tuvo necesidad de todos.

En bien de los jóvenes

Es así que desde sus inicios en 1841 concurrían al Oratorio otros sacerdotes para ayudar. En 1846, cuando se establece en Valdocco, le pedirá a su madre, Margarita, que lo acompañe. Luego se le sumarán otras mujeres para cuidar a los niños huérfanos alojados en Valdocco.

Unos años después, en 1854, da los primeros pasos para la conformación de la Congregación Salesiana, fundada formalmente en 1859. Al redactar en 1864 las primeras Constituciones que le dan forma, considera la posibilidad de existencia de “salesianos externos”, que formen parte de la Sociedad pero que no están compartiendo la profesión religiosa, ni la vida comunitaria. Esta propuesta de “salesianos externos” es sistemáticamente rechazada por el Dicasterio romano que debe aprobar las Constituciones. Esta aprobación se logra en 1874, pero ya no aparecen los “socios externos”.

A la par, en 1872, junto con Don Pestarino y María Mazzarello, funda las Hijas de María Auxiliadora, y en 1874 se edita el reglamento de una “Unión Cristiana”, que no prospera, y luego, en 1875, otro texto reglamentario creado por Don Bosco habla de la “Asociación de Obras Buenas”, que tampoco progresa. En ese mismo año 1875, envía a los primeros misioneros a Argentina.

Finalmente, el 9 de mayo de 1876, en un decreto, el Papa Pío IX, al otorgar diversos favores, habla de que “como nos ha sido referido, ha sido canónicamente erigida una Pía asociación, denominada Asociación o Unión de los Cooperadores Salesianos. Es el primer reconocimiento oficial de la Asociación. Y en el mismo texto se deja en claro que el origen de este grupo está ya en los primeros colaboradores que se acercaban a Don Bosco para ayudarlo de muchas maneras en sus iniciativas en bien de los jóvenes más desfavorecidos.

“Buenos cristianos y honrados ciudadanos”

Don Bosco escribe el Reglamento definitivo el 12 de julio 1876 bajo el título “Cooperadores Salesianos, o sea un modo práctico de promover la honestidad de las costumbres y el bien de la Sociedad”. El mismo título nos expone con claridad que Don Bosco no reduce a los Cooperadores a simples ayudantes, sino que son protagonistas de una amplia red de colaboración en bien de la sociedad y especialmente de los jóvenes.

Para Don Bosco los Cooperadores son protagonistas de una amplia red de colaboración en bien de la sociedad y especialmente de los jóvenes.

Junto con esta dimensión apostólica, Don Bosco constata también que el estar unidos a otros nos ofrece la posibilidad de crecer en la propia fe en una comunidad. Estará consignado así, al indicar que “el primer fin de esta asociación es la santificación de sus integrantes”. 

Don Bosco constata que el estar unidos a otros nos ofrece la posibilidad de crecer en la propia fe en una comunidad.

Para los cooperadores, la propuesta inicial es ser “buenos cristianos y honrados ciudadanos” en el lugar en donde desarrollen su vida cotidiana, ayudando así en la construcción del Reino de Dios. Es la dimensión apostólica de la propuesta, indispensable en la vida de todo salesiano cooperador.

Don Bosco no pensaba que la comunidad y la vida de cada cooperador se pudieran crear y crecer solamente con reglamentos y discursos. Para la Asociación de los Cooperadores eran, ciertamente, agregativos los encuentros prescritos. Pero la fraternidad salesiana se formaba sobre todo con las relaciones personales, hechas de atención, de reconocimiento, de compartir la fe. Una auténtica vida de comunidad. Y para ello crea en 1877 el Boletín Salesiano.

Hasta el final de sus días, Don Bosco continuará invitando a todos a sumarse a su sueño, ya que sigue constatando que los jóvenes más pobres y desfavorecidos, para crecer y desarrollarse, tienen necesidad de todos.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MARZO 2026

Noticias Relacionadas

Don Bosco juega su mejor carta

Primer tiempo. Juan Cagliero, el responsable de llevar el carisma a tierras desconocidas.

Me llamo Magdalena Martini

En primera persona. Un relato en primera persona de misionera Magdalena Martini.

Me llamo Juan Cagliero

A cien años de su fallecimiento. Un relato en primera persona del misionero salesiano Juan Cagliero, quien guió la primera expedición a Argentina.

Me llamo José Caranta

En primera persona. Un relato en primera persona del misionero José Caranta.