Elogio a la inactividad

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La riqueza de habitar en el presente.

Por: Azucena Martínez Ruiz

Boletín Salesiano de España

Vivimos sin tiempo, corriendo por realizar una lista interminable de tareas que no nos deja parar y apreciar todo lo que nos rodea y nos da paz. 

¿Y si el secreto para sobrevivir al mundo actual no fuera hacer más, sino detenernos un instante?

Vivimos atrapados en la inmediatez, con el modo “exceso” activado. Productividad, redes, multitarea, objetivos, exigencias… Todo nos empuja a estar siempre activos, conectados, “haciendo deprisa”. Pero… ¿y si justo ahí estuviera el problema? 

Byung-Chul Han, ese filósofo que parece atravesar el alma de nuestra época, lo suelta sin anestesia en su libro “Vida Contemplativa. Elogio de la inactividad”: estamos tan ocupados viviendo hacia afuera, que se nos olvida habitar nuestra vida.

En vez de una existencia acelerada, él propone recuperar algo que parece de otro siglo: la contemplación y la calma. Pero no te confundas, no se trata de volverse ermitaño ni apagar el celular para siempre. Es algo mucho más profundo y, a la vez, más sencillo. El autor lo expone sin vueltas: en lugar de vivir a mil, nos propone quedarnos un rato en el ahora. Nos invita a dejar de ser “máquinas de rendimiento” y volver a ser personas. Es elegir estar presentes.

No se trata de volverse ermitaño ni apagar el celular para siempre, sino de en lugar de vivir a mil, quedarnos un rato en el ahora.

¿Ejemplos? Levantas la vista del teléfono mientras esperas el colectivo o micro y simplemente disfrutas del movimiento de la ciudad. Vas a caminar sin auriculares, sin podcasts, solo con tus pensamientos. Cocinas sin apuros, disfrutando el olor del ajo dorándose. Lees un libro sin escanearlo con la vista. Disfrutas de una serie sin consultar tu celular al mismo tiempo. Te sentas a tomar un café con alguien y lo escuchas de verdad, sin interrumpirlo, sin mirar el reloj ni pensar en lo que tienes que hacer después. Estás ahí, presente. Esa calidad de presencia —que antes se daba casi sin pensar— hoy es un acto revolucionario.

Las pausas conscientes reducen la ansiedad, mejoran el enfoque y previenen el estrés. Pero más allá de eso, nos devuelven humanidad en un mundo que la está perdiendo a fuerza de prisa. Porque no basta con estar en un lugar: hay que habitarlo con atención plena.

Las pausas nos devuelven humanidad en un mundo que la está perdiendo a fuerza de prisa.

¿El resultado? Descanso mental, vínculos reales, salud emocional. Y, sobre todo, una vida que no se nos escapa entre notificaciones. Una vida que se siente vivida y disfrutada, no simplemente ejecutada.

Así que, si estás cansado de correr y de la multitarea, tal vez puedas probarlo. No necesitas hacer más, sino mirar distinto. Porque contemplar no es escaparse del mundo: es volver a él con otra mirada.

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