La Escuela Agraria Salesiana Concepción G. de Unzué en La Trinidad – Ferré, provincia de Buenos Aires.

Por Ezequiel Herrero
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Dejar toda una semana la casa, la familia y las comodidades conocidas a los doce años no supone una decisión sencilla para ningún adolescente. Tampoco para su familia. Imaginarse que eso se repetirá todas las semanas de un año, lo hace todavía más complejo e incluso se vuelve más llamativo cuando esa será una constante los próximos siete años.
Algo de eso es lo que experimentan los casi ciento treinta estudiantes que viven y estudian en la Escuela Agraria Salesiana Concepción G. de Unzué, ubicada en Ferré, una pequeña localidad rural de la provincia de Buenos Aires. A ellos se suman unos sesenta estudiantes más, que por estar radicados en las inmediaciones del colegio pueden ir y venir a su casa todos los días.
Ante este panorama bien vale preguntarse qué es lo que motiva a estos chicos a emprender este desafío tan grande. Sin dudas el amor por el campo y las experiencias de familiares que pasaron antes por la escuela son dos grandes impulsos. Pero tal vez el más importante es el que expresa Nicolás, y que además es el sentir de varios de sus compañeros: “Esto es una gran familia, y esta pasa a ser tu segunda casa”. Y este vínculo no se refiere solamente a lo que se va gestando con otros estudiantes, sino también con los educadores de los diferentes espacios, quienes con su presencia, disposición al diálogo y acompañamiento favorecen este clima tan particular que se vive en la escuela y se palpa apenas se ingresa.
Denis es alumno de primer año, y si bien está haciendo sus primeros pasos en la EAS, reconoce que compartir con amigos el estudio, los almuerzos y las cenas, el trabajo, el tiempo de juego y las buenas noches son de las cosas que más disfruta de su escuela.
Una propuesta integral
Habitar todos estos espacios, junto con otras propuestas y proyectos resulta una oportunidad privilegiada para ofrecer una educación integral, que excede ampliamente los contenidos escolares.
“Nuestra propuesta educativa tiene al estudiante como centro de una formación integral que tiene en cuenta sus capacidades como alumno, como técnico, pero sobre todo como persona, y todo eso acompañado por lo que significa ser una Obra de Don Bosco, donde buscamos transmitir valores como a solidaridad, la ayuda mutua y la fe”, explica la licenciada Mariana Fornari, quien actualmente se desempeña como directora del nivel.
Esto mismo lo perciben quienes transitan las aulas de la EAS: “Acá aprendí a convivir con otros, y sobre todo aprendí que de todos aprendemos un poquito. Todos somos iguales, y me enseñaron que hay que ser muy humilde y eso lo voy a conservar a lo largo de toda la vida”, explica Nicolás. Por su parte Agustín está transitando el sexto año de la escuela y remarca que en la EAS aprendió a convivir con otros compañeros; al mismo tiempo, el hecho de estar lejos de su familia, también le permitió asumir otras responsabilidades que son enriquecedoras para la vida.
Hábitos de convivencia, de higiene, de estudio; la preparación para el mundo del trabajo; la posibilidad de ir paulatinamente asumiendo diferentes responsabilidades, son algunos de los aspectos que tanto alumnos, como exalumnos y docentes destacan como propios de la propuesta integral que ofrece la escuela.
Aprender haciendo
Para llevar a cabo esta formación la EAS cuenta con espacios diferenciados, que se articulan y complementan entre sí. Durante una parte de la jornada los chicos tienen clases de las materias curriculares en las aulas, donde se busca que los contenidos a desarrollar se presenten en estrecha vinculación con el mundo agropecuario. Durante otra parte de la jornada –que puede ser por la mañana o la tarde, dependiendo del curso–, se desarrollan una serie de talleres que contemplan el trabajo en la huerta, la industria láctea –que incluye la fabricación de dulce de leche y quesos–, la elaboración de chacinados, la industria cárnica y el trabajo con máquinas agrícolas, por citar solo algunos ejemplos.
La posibilidad de poner en práctica los contenidos teóricos es otro de los aspectos que más rescatan los estudiantes de los últimos años. “Ahí es donde aprendés mucho más, porque esta escuela te enseña lo que es el trabajo; es una manera de comprobar si realmente aprendiste lo que estudiaste, esa es la parte más linda para mí”, afirma Nicolás. Realizar estas prácticas en un entorno cuidado, seguro y con todos los elementos necesarios es también una manera de asegurar un aprendizaje significativo.
Y para quienes son internos la jornada se completa con dos espacios igual de importantes y complementarios: por un lado el momento del deporte, espacio privilegiado para compartir con compañeros del mismo curso y también de otros años, para hacer amigos, y disfrutar del aire libre. Y por otro lado el tiempo de estudio, entendiendo que la práctica, la constancia y la perseverancia son aspectos en los que también es posible educar y herramientas válidas para el desarrollo personal y comunitario.
Antes de finalizar la jornada llega la cena y las buenas noches, espacio privilegiado para agradecer a Dios por el día, rezar por las intenciones que cada uno tenga y de hacer síntesis de lo vivido.
Una actualización constante
Preparar a los estudiantes para continuar sus estudios en el nivel superior es una de las prioridades de la escuela secundaria. Y en el entorno agropecuario esto solo es posible con una inversión y renovación constante de la propuesta educativa y de los recursos disponibles para llevarla a cabo. Mauricio Longo es contador y desde hace poco menos de dos años se encarga de la administración de la Obra. “Uno de los cambios más significativos de los últimos años fue el hecho de modernizar las experiencias y las unidades para que el aprendizaje del alumno sea con una herramienta moderna y salga de la escuela preparado para insertarse al mundo laboral o para la experiencia universitaria”, explica.
“El ayornarse a las nuevas épocas es prioritario para nosotros. Si bien uno tiene que respetar cosas de la historia que fueron muy buenas, tenemos que estar permanentemente actualizándonos y actualizando nuestra propuesta, porque los procesos productivos así lo van requiriendo”, completa el hermano César Arribillaga, director general de la obra.
Al mismo tiempo esta actualización y modernización le permite a quienes transitan por la EAS conocer el proceso productivo en su totalidad, pasando por las diferentes etapas del mismo.
Con la fuerza de la historia
Los primeros salesianos llegaron a Ferré en 1925, cuando la señora María Unzué de Alvear pensó que ellos –por el prestigio y trayectoria que ya tenían en el país– serían los más adecuados para hacerse cargo de la escuela que ella había mandado a construir. César explica que esos primeros años no deben haber sido nada fáciles “porque era un lugar bastante inhóspito, con una producción incipiente. Esos primeros salesianos han sido héroes, se hicieron cargo de este lugar y poco a poco comenzaron a educar y a evangelizar a la población de la zona”.
Con el paso de los años muchas cosas fueron cambiando: la convivencia, el vínculo entre estudiantes y docentes, los talleres, las formas de producir, los planes de estudio… Sin embargo uno de los aspectos identitarios más significativos y que perdura en el tiempo es educar en “el valor que tiene ganarse el pan con el propio sustento, con el propio esfuerzo, que las cosas no te las van a regalar y que uno tiene que trabajar y esforzarse. Esos son algunos de los aprendizajes más valiosos”, destaca César.
Además, eso se produce desde una manera particular de entender la educación, que tiene su raíz en la identidad salesiana. Transmitir que Dios está presente en lo de todos los días, en medio de la naturaleza, del trabajo y del estudio cotidiano, ser agradecidos por la vida que uno tiene, por los amigos… son algunas de las características y enseñanzas que no cambian y que desde hace más de cien años hacen de la EAS una referencia en toda la región. Porque como dice el Evangelio “la semilla cayó en tierra fértil y dio fruto”.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2025