«Volá alto»

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Algunas expresiones cotidianas miradas desde la fe.

Por Susana Billordo
susana_billordo@yahoo.com

Siendo niña, una catequista en la escuela nos preguntó si creíamos en la casualidad. Fuimos levantando la mano, recuerdo haber sido del grupo que dijo que sí. Luego de escuchar atenta, tachó la palabra ‘casualidad’ que estaba escrita en el pizarrón, la reemplazó por ‘Providencia’ y sentenció: “La casualidad no existe. Existe la Providencia”.

La catequista realizó una breve explicación sobre la presencia de Dios en todo y en todos. Expresó que es Dios quien está en cada una de esas situaciones que nos parecen casuales. Aquella explicación me impactó.

Hoy me pregunto, ¿cómo hacer sintonía y encontrar que hay de mi fe en lo que el otro vive?

El valor de lo trascendente

En nuestra sociedad hay una sed de más. A través de distintas prácticas muchas personas buscan el contacto con algo profundo, con un trascendente que dé sentido a lo que se vive cada día. Da gusto escuchar relatos de cómo allí se encuentran en paz, se sienten habitados por “algo” especial. Desde la fe, es el sentirse habitado por la Trinidad: verdad en la que creemos, pero que no siempre experimentamos. “En ti vivimos, nos movemos y existimos” –Hechos 17,28–. Dios dentro nuestro y nosotros como nadando en Dios, sumergidos en su grandeza.

En este sentido existen algunas expresiones que se fueron incorporando a nuestro vocabulario cotidiano y que son más profundas de lo que parecen. Por ejemplo: “entregalo al universo”, una expresión que necesariamente implica reconocer “otro espacio más grande”, donde entregar lo que vivo, desde mi propia pequeñez, lo que me está movilizando hoy.

A través de distintas prácticas muchas personas buscan el contacto con un trascendente que dé sentido a lo que se vive cada día.

En la misma línea la palabra “Soltá” también invita a entregar. No dice cómo ni a quién, sólo soltarlo, libérate de eso que te pesa y no te deja avanzar. Recuerda aquellas palabras tan hermosas de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” –Mateo 11, 28–. Ponerle fe al “soltar” es descansar en el corazón de Dios, entregarse completamente a Él. Nos recuerda la jaculatoria que también nos enseñaron nuestros catequistas de niños: “Sagrado Corazón de Jesús en vos confío y espero”. Confiar que estamos en las manos de Dios, que son las mejores manos.

Cuando un ser querido parte se escucha desde el fondo del corazón: “Volá alto”. No se precisa a dónde, pero se intuye nuevamente
que es algo que está por encima de todos, más arriba, algo grande. Estas palabras dan mucho consuelo y esperanza a quienes seguimos volando bajo. Para el cristiano, volar alto es volver a Dios, de Él venimos y a Él vamos. “Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo” –Lucas 24, 51–. Dejamos de ser peregrinos del suelo para llegar a la meta del cielo, la perfecta felicidad que tanto anhelamos en el camino de cada día.

Por Jesucristo creemos en la promesa de la Resurrección. Tenemos la certeza que los que pasaron por este mundo haciendo el bien regresan a Dios y que de continuar nuestro camino hacia la santidad, nos encontraremos con ellos.

“Vive el momento presente, vívelo con amor”

¡Así decía Madre Mazzarello! Invitaba con sencillez a la contemplación en la acción.

Hoy sobreabundan los espacios terapéuticos que intentan ayudarnos a concentrarnos sólo en el tiempo presente. Y ¡cuánta falta nos hacen! No se trata de evadirse, sino de de elevar la mirada. La contemplación en la acción, que es clave en la vida salesiana, es respuesta a la multitarea y la exigencia de múltiples demandas que vivimos en el cotidiano. Pero sobre todo, es la invitación a vivir en la certeza de que Dios está en lo cotidiano, en lo de todos los días. Él habita en lo que estoy viviendo.

Don Bosco también era una especialista en ofrecer todo lo que hacía a Dios y de encontrarlo también en medio de las labores y responsabilidades cotidianas. El desafío para nosotros sigue siendo el mismo: encontrarlo allí, escucharlo y dejarnos guiar. Quizás este sea el mayor aporte del carisma salesiano en medio de la aceleración que nos acecha día a día, ejercitarse y formar en la contemplación puede hacer la diferencia a lo largo de la vida.

Aunque no estemos en la Atenas politeísta, el mundo que tantas veces duele, se abre en busca de “Alguien”, “Algo” que le dé sentido. Allí está nuestra fe como lo más valioso que podemos entregar hoy y frente al desafío de encontrar las semillas del Verbo que el Creador sembró. Con la misma convicción de Pablo, Dios nos sigue invitando a una conversión personal donde nuestra fe madure por su Gracia para testimoniarlo en cada encuentro, a veces sin palabras, sólo acogiendo lo que de Dios hay en el otro, eso que para mí es anuncio. Él es y está. Ama locamente a la humanidad y sigue creyendo en ella. Nos invita a incluir. En su infinita misericordia, no tacha, suma. En palabras del papa Francisco, haciendo sentir que nuestra Iglesia escucha, dialoga y tiene lugar para todos, todos, todos.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2025

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