«Era extranjero y me recibiste en tu casa»

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24 de septiembre: Jornada Mundial del Migrante.

Por Juan Carlos Romanín, sdb //
redaccion@boletinsalesiano.com.ar

A lo largo de su historia, la Iglesia se ha ido enriqueciendo con una abundante enseñanza y acciones de acompañamiento a los hombres y mujeres que, por diversas circunstancias se han visto forzados a convertirse en migrantes, refugiados e itinerantes.  

La Iglesia considera los movimientos migratorios no sólo como fenómenos sociales, sino que los mira a la luz de la fe y propone líneas de acompañamiento pastoral, basadas en la caridad, la solidaridad, la justicia, la fraternidad y el respeto de la dignidad humana. En Argentina, esto se desarrolla a través de la Comisión Episcopal de Migrantes e Itinerantes (CEMI). 

La misión de esta Comisión es promover, a la luz de la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia, la atención integral de los migrantes y refugiados en las diócesis del país.

La misión de esta Comisión es promover, a la luz de la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia, la atención integral de los migrantes y refugiados en las diócesis del país.

Sus principales destinatarios son hombres, mujeres y familias migrantes en situación de vulnerabilidad social, solicitantes de asilo y refugiados, personas en situación de trata, tráfico y explotación.

Es así que la Pastoral de Migrantes acompaña a las distintas colectividades que trabajan organizadas en nuestro país: paraguaya, boliviana, peruana, italiana, española, venezolana, entre otras.

En cada necesidad

Desde su sede –ubicada en la calle Libertad 257, de la ciudad Autónoma de Buenos Aires– se desarrollan diversas actividades agrupadas en diferentes áreas de atención:

Área legal: Ofrece asesoramiento jurídico gratuito y acompañamiento ante dependencias públicas, administrativas y judiciales.

Área laboral: Colabora para el armado de Curriculums, asesora sobre los requisitos para trabajar en Argentina y propone la realización de talleres de capacitación laboral.

Área documentación: Brinda asesoramiento y orientación en la comunidad de acogida, facilitando la obtención de la documentación requerida y su presentación ante el organismo competente, la solicitud de turnos a las diferentes entes del estado nacional, consulados, ministerios, casas de las provincias y policía federal argentina.

Área idioma: La Comisión cuenta con un convenio con el Laboratorio de Idiomas de la Universidad de Buenos Aires, para el dictado de clases de los primeros 3 niveles de la lengua castellana para personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo. 

Área trata de personas: Desarrolla campañas de sensibilización y concientización, realiza proyectos en diversas diócesis del país apoyando a los delegados y participa en mesas de trabajo conjunto por ejemplo con el equipo “No a la Trata” de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, entre otras.

Área socio educativa: A través del programa “Construyendo un Nosotros” brinda acompañamiento y tutorías educativas para la convalidación del título secundario, e ingreso a la universidad de personas migrantes, refugiados y solicitantes de asilo provenientes de países extra-Mercosur y Estados no Asociados que no tienen convenio con Argentina, con especial énfasis en los jóvenes de 18 a 25 años de edad.

La Pastoral de Itinerantes abarca también el acompañamiento directo de diferentes realidades: turistas y trabajadores de este sector; estudiantes extranjeros; gitanos –una comunidad históricamente discriminada que necesita contención y ayuda–; las personas que pasan por los aeropuertos cada día y que necesitan de una palabra de contención o asesoramiento; los trabajadores del mar en sus distintos lugares; a quienes se desplazan por las carretera – “Luchemos por la vida” pertenece a la Comisión y busca concientizar sobre el valor y el cuidado de la vida– y a quienes trabajan en los circos, que deben desplazarse periodicamente por no estar en un lugar fijo de residencia. 

Cada una de ellas tiene su específica misión y sus respectivos Delegados, Asesores y Capellanes.

Francisco, “hijo de inmigrantes”

El papa Francisco, desde el inicio de su pontificado, ha tomado como uno de sus pilares pastorales la preocupación y cercanía por los migrantes y refugiados. 

Su primera salida del Vaticano el 8 de julio de 2013, fue a Lampedusa . Allí tuvo un gesto contundente hacia los refugiados, que habían muerto en el mar Mediterráneo. Volvió a denunciar lo que antes ya había denunciado, con las mismas palabras, en Buenos Aires. Ahora, para todo el mundo: “¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como éste? ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de ‘sufrir con’: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar!”

En su visita a los Estados Unidos, el 24 de septiembre de 2015, en el Capitolio, inició su discurso partiendo de su misma experiencia de vida: “Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes”. 

Ha tenido expresiones fuertes y valientes para cuestionar, movilizar y sensibilizar, sobre quienes tienen que afrontar la difícil situación de la migración o la desesperación de tener que dejar compulsivamente su propia tierra y buscar refugio en otros países. “Los migrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias.” –Lesbos, Grecia, 16 abril 2016–. 

En el caso de los refugiados no hay una libertad de elegir si emigrar o quedarse, muchas veces peligra la vida propia y de los seres queridos por causas políticas, sociales y también ambientales.

En su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado del 2018, afirmó que ante “la triste situación de tantos migrantes y refugiados que huyen de las guerras, de las persecuciones, de los desastres naturales y de la pobreza… nuestra respuesta común se podría articular en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar”. 

Son muchísimas las homilías, conversaciones, mensajes, catequesis, en las que están siempre presentes los migrantes y refugiados. Cada año aporta un nuevo escalón para profundizar en esta realidad, dando, con sabiduría, elementos concretos para ir al abordaje de los migrantes más necesitados.

Este año, 2023, el lema del mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado es “Libres de elegir si migrar o quedarse”. Francisco nos habla de de tener la oportunidad de elegir donde estar. Migrar nunca ha sido una decisión fácil de tomar. No lo es para millones de migrantes y refugiados que tienen que dejar su tierra, familiares y amigos, en la búsqueda de un mundo mejor, un mundo donde puedan crecer, donde reciban la retribución de su trabajo y esfuerzo, donde se refleje en la calidad de vida y la dignidad personal. 

En el caso de los refugiados no hay una libertad de elegir si emigrar o quedarse, muchas veces peligra la vida propia y de los seres queridos por causas políticas, sociales y también ambientales. 

Esto motiva a preguntarnos, dice el Papa, ¿cuándo acabarán estas motivaciones injustas que hacen a las personas salir de su patria? Francisco afirma que para “acabar finalmente con las migraciones forzadas es necesario el trabajo común, cada uno de acuerdo a sus propias responsabilidades… Dondequiera que decidamos construir nuestro futuro, en el país donde hemos nacido o en otro lugar, lo importante es que haya siempre allí una comunidad dispuesta a acoger, proteger, promover e integrar a todos, sin distinción y sin dejar a nadie fuera”.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2023

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