De 1884 a nuestros días

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Una reescritura de la carta de Don Bosco frente a la situación que nos toca vivir como país.

El 10 de mayo de 1884, desde Roma y para el oratorio de Valdocco, Turín, Don Bosco envió una carta que buscaba enriquecer a los educadores y transmitirle un mensaje de fe a los chicos y chicas del oratorio. 

La comunidad educativa de Ramos Mejía nos acerca una reversión de esta misma carta con el fin de representar un mensaje de fe y de esperanza a los jóvenes y adultos de dicha comunidad, frente a la situación que nos toca vivir como país.

Mis queridos amigos de Ramos: 

Cerca o lejos siempre pienso en ustedes, pero hace unos días los extrañaba especialmente y quise venir a visitar esta Casa tan querida. 

Como era una tarde de sol preciosa me senté debajo de uno de los tilos del parque de la entrada. ¡Qué hermosa se ve la Casa desde ahí! Me la estaba imaginando llena de chicos y chicas, con ustedes en medio de ellos, y me fui quedando medio dormido… Entonces, soñé que algunos de ustedes se me iban acercando y se iba formando una rueda en la que las palabras brotaron naturalmente. Una y después, otro, y otra más iban abriendo su corazón para mostrarme lo que llevan en lo más profundo. Pude reconocer algunos rostros y vi que había docentes, algunos papás y mamás, educadoras de la Casa del Niño, animadores de los grupos juveniles (no se ofendan los otros, pero ¡Ellos son mis preferidos!)… ¡Ah! ¡Qué hermoso fue estar ahí escuchándolos! En esa ronda pude saber de sus preocupaciones y de sus sueños, de sus desalientos y sus esperanzas y, sobre todo, de esos lugares del ser educador en los que cada uno y cada una de ustedes siguen descubriendo un brillo particular que aún los convoca. 

Quiero decirles, queridísimos hijos e hijas de Ramos, que no son fáciles los tiempos que les tocan. Mis pibes de Valdocco estaban solos porque la guerra, las enfermedades y la necesidad de migrar en busca de mejores condiciones los habían dejado huérfanos; los pibes de hoy -y los adultos también – ¿Para qué engañarnos?- se sienten solos porque no hay tiempo ni energía disponible para sentarse a conversar y compartir la vida sencilla de cada día. La incertidumbre por lo que vendrá, la creciente inseguridad y los estándares de rendimiento que exige el mundo de hoy los tiene a todos muy ocupados y ensimismados, dejándolos con poco resto para cuidar y escuchar a los más pequeños, que quedan medio «huérfanos de adultos». Les aseguro que esta soledad no es menos dura que aquella y hace especialmente valiosa la tarea que ustedes llevan adelante cada día. 

Volviendo al sueño, algunos me contaban que les toca «atajar» algunas situaciones para las que no se sienten preparados y que eso los llena de tristeza, de impotencia y, a veces, hasta les compromete la salud. No es para menos combinar la vida familiar y las exigencias del trabajo, escuchar a los chicos y las chicas llorar porque no encuentran sentido a la vida, ver a los niños pequeños desplegando una violencia de la que no pueden dar cuenta, comprobar que los pibes están metidos en las redes sin control, expuestos a material que los daña y les quita la paz, más tantas otras situaciones que fueron contándome… ¿Cómo no estar preocupados? Esa preocupación habla también de Amor. Pero yo les digo: 

¡No se desalienten! ¡No dejen que nada les quite la alegría de la vocación que los trajo a esta Casa! Cuando algo los inquiete o les haga sentir que no tienen respuesta, no las busquen muy lejos, céntrense en el corazón del muchacho, la niña, o el jovencito que tienen delante de ustedes. Cierren los ojos y piénsenlo, piénsenla… Traigan su rostro a la memoria … Cuando lo tengan, pregúntenle: «¿Qué hay en tu corazón?» Les aseguro que van a encontrar las pistas que andan buscando. Y encomiéndenselo a María, todavía no puedo decirles cómo hace -y eso que ahora la veo en vivo y en directo- pero les aseguro que Ella se ocupa de todo. 

También algunos de ustedes me contaban que ya casi no tienen oportunidad de reunirse a conversar o a disfrutar un rato juntos… Eso sí me dió mucha tristeza… Una Comunidad que no tiene tiempo para compartir la vida ¿Qué vida puede compartir con los que vienen detrás? Nuestra tarea como educadores no es solo transmitir conocimientos, nuestra tarea es enlazar generaciones, construir pertenencia, hacer espacio para que los que llegan se sumen a este mundo que ya viene rodando. Ser familia que recibe. Por eso, háganse uno, encuentren espacios para reunirse y conocerse. Si no están previstos en el calendario invéntenlos, pero no dejen de encontrarse y ser familia. 

Sin embargo, la transmisión de conocimientos es una manera privilegiada de caminar hacia ese horizonte, porque quien conoce bien el mundo puede elegir mejor dónde y cómo habitarlo para hacer su aporte. Por eso los aliento a seguir trabajando como lo están haciendo, con la mirada puesta en encontrar caminos para cada uno, para cada una, tanto en las aulas como en el patio. Es posible que esa sea la parte más difícil de la tarea: estar para todos y para cada uno a la vez. Lo fue también en el Oratorio, donde convivían los Miguel Magone con toda su sabiduría de la calle y su mente rápida como un rayo, los Domingo Savio, con el corazón puesto en estudiar y ayudar a sus compañeros a salvarse del Mal y los Bartolomé Garelli, que apenas si sabían silbar y llegaban con el alma más desnutrida que el estómago. 

Pero les cuento un secreto: estar para todos y para cada uno no es tarea de uno solo, es siempre con otros. Les repito lo de antes: encuéntrese, conózcanse, valoren la diversidad que hay entre ustedes porque es la herramienta más valiosa para responder a la diversidad que habita todos los rincones de nuestra Casa 

Los aliento a seguir caminando y resistiendo como lo vienen haciendo… Que en este mundo tan agrietado, nuestra política siga siendo la del Padrenuestro, y cada acto educativo sea nuestro grito de humanidad. Ustedes y quienes los precedieron han hecho de esta Casa un lugar de redención, de conjuro de la soledad, de construcción de sentido. Cada pibe, cada piba, que entra en ella hace experiencia del Amor de Dios que salva y revitaliza. ¿Qué más se puede pedir? 

Bueno, hijos queridos. Fue un regalo hermoso estar entre ustedes tan vívidamente. Para terminar, les cuento que cuando me desperté -creo que fue el fresquito de esa hora de la tarde- el sol caía por detrás de los pinos que dan a la calle. Tanta belleza encajaba perfecto con la grandeza de lo que acababa de experimentar. No pude más que contemplar y agradecer por toda la Vida que circula en estas galerías, en estos parques, en esta Casa. Quiero que les llegue a todos y a cada uno mi Gracias más sincero por todo lo que hacen para que cada uno y cada una de quienes nos son confiados sean felices en el tiempo y en la eternidad. Me llevo los nombres de cada uno y de cada una en el bolsillo para presentárselos al Verdadero Director General y les aseguro que «nada de lo que hagan por uno de estos pequeños quedará sin recompensa». 

Su padre que los ama, 

Sac.Giovanni Bosco.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2023

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