Educación Salesiana Integral

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A veinte años de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, una mirada desde el carisma salesiano.

Este año la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral -ESI- cumple veinte años. Sancionada en octubre de 2006, hoy vuelve a estar en el centro del debate público entre quienes plantean que no es necesaria o que carece de validez y quienes sostienen que es una oportunidad para –entre otras cosas– acompañar de manera activa y responsable el desarrollo de la sexualidad y prevenir violencias en los niños, niñas y adolescentes. El aniversario de su sanción presenta una posibilidad para poder releer la ley desde algunas claves propias del carisma salesiano.

La centralidad de los jóvenes

La ley de Educación Sexual Integral reconoce a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho, es decir, personas que tienen la capacidad de desarrollar su autonomía de forma progresiva, así como el derecho a ser escuchados. Estos dos aspectos reflejan, directamente, la mirada salesiana sobre los chicos y chicas que habitan los patios: la forma de acompañar su vida es escuchándolos, reconociendo sus voces, dándoles lugar, invitándolos a ser protagonistas y no meros destinatarios pasivos.

La ESI, al igual que la pedagogía de Don Bosco, propone habilitar escenarios de diálogo, de escucha sincera y cercana, alojar preguntas, inquietudes, historias, reconociendo, además, a los niños, niñas y adolescentes como protagonistas de sus procesos de aprendizaje y de su desarrollo. Darle lugar a la voz de los y las jóvenes implica, sin dudas, abandonar lógicas adultocéntricas, sin que eso implique desentenderse de la tarea propia de los educadores, por el contrario, es una oportunidad de asumirla desde los sentidos más profundos de este carisma. Busca educar y brindar información científica que permita a niños, niñas y adolescentes tomar decisiones en torno a su sexualidad y sus vínculos desde lógicas de cuidado y responsabilidad, reconocer situaciones que pueden representar un riesgo para ellos y/o para otras personas, así como conocerse y reconocerse a sí mismos.

Darle lugar a la voz de los y las jóvenes implica, sin dudas, abandonar lógicas adultocéntricas, sin que eso implique desentenderse de la tarea propia de los educadores.

Esta perspectiva se vincula con el Sistema Preventivo del cual habla Don Bosco, ya que uno de sus pilares es la razón. Que los jóvenes realmente comprendan es la llave que permite reflexionar y decidir con autonomía a la hora de actuar. Lejos de reprimir, castigar o juzgar por decisiones erradas o dolorosas, la ESI busca que los y las jóvenes tengan acceso a información que les permita comprender, conocer y elegir desde marcos válidos, científicos y confiables. Garantizarles este acceso implica, sin dudas, acompañarlos en clave preventiva.

No basta amar, es necesario que se sientan amados

Uno de los sentidos centrales de la espiritualidad salesiana y de la tarea de educadores y animadores es que los chicos y chicas se sientan amados. Esto, sin dudas, se juega en el acompañamiento de la vida de cada uno de ellos. En el reconocer el valor de cada historia, en el acompañar sus decisiones con una mirada amorosa y de cuidado, que no juzga sino que busca comprender y orientar.

La ley de Educación Sexual Integral pone en el centro la dignidad de todas las personas y de todas las vidas, más allá de sus características propias, convocando a los educadores a acompañarlas y reconocerlas.

Además invita a valorar la diversidad y reconocer a cada persona con su identidad, su historia y opciones, entendiendo que todo esto se inscribe de maneras únicas en cada uno. Esto dialoga con el carisma salesiano ya que en los patios hay lugar para todos, sin distinción.

Aprender a convivir desde el respeto y la empatía es parte de esta propuesta educativa, y es además una experiencia concreta que invita a los jóvenes a pensarse como “buenos cristianos y honrados ciudadanos” que buscan construir una sociedad más justa, empática y solidaria, libre de discriminación y violencias, donde todos y todas son importantes y valiosos y están invitados a ser parte de esa vida comunitaria compartida.

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