Una cuestión que importa

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Desafíos y oportunidades de la economía en favor de los jóvenes.

Por: Ricardo Díaz

boletin@donbosco.org.ar

Durante los últimos años se ha permitido una mayor intensidad en el comercio de nuestro país con otros. Esto se traduce desde el fenómeno de la “importación puerta a puerta” –gracias a las novedosas plataformas chinas–, pasando por un “boom” de alimentos importados en las góndolas de nuestros supermercados, hasta la entrada en vigencia del acuerdo Mercosur – Unión Europea.

Obviamente, estas novedades impactan en nuestra vida cotidiana y en los horizontes educativos. Desde nuestro lugar de educadores, parece que hay sectores de actividad en las que podemos seguir formando a los jóvenes, al tiempo que sumamos la inquietud por identificar posibles nuevos destinos externos de nuestros productos, ganando escala y volumen, generando encadenamientos productivos, especializando estudiantes, trabajadores y proveedores, difundiendo conocimiento y consolidando un ambiente innovativo. 

Un balance positivo

En principio, se entiende que el comercio internacional es bueno, en términos globales, más allá de los impactos particulares en tal o cual agente económico puntual, atendiendo el beneficio para los consumidores, la introducción de productos nuevos, o de mejor calidad, o, siendo similares estos bienes, al obligar a una competencia virtuosa, con los beneficios que trae en términos de contención de precios locales, de estímulo para mejorar los procesos y los productos que se llevan adelante en el propio territorio.

Sin embargo, los lazos comerciales merecen una mirada más sofisticada que el saldo superavitario o deficitario de la balanza comercial, es decir, el mero cálculo contable del balance entre exportaciones e importaciones

  • ¿Qué es lo que importamos? ¿Bienes de consumo hogareño más sofisticado o suntuario, o bienes necesarios para una producción más moderna, con métodos más actuales? 
  • ¿Qué es lo que exportamos? ¿Bienes extraídos gracias a nuestros abundantes recursos naturales, sin mayor elaboración posterior, o incorporamos productos con mayor valor agregado, con más trabajo local, con más conocimiento aplicado, menos dependientes de la coyuntura o circunstancias fortuitas?
  • ¿Quiénes son nuestros socios comerciales? Parece conveniente una apertura al comercio internacional, pasando en primer lugar por un fortalecimiento de los vínculos con los países hermanos y vecinos de América Latina, donde es más probable una confluencia de intereses y un alineamiento de los incentivos.

Por otro lado, no debe soslayarse el impacto de las importaciones de bienes de consumo final en la industria nacional, con las consecuencias esperables, pensando en la destrucción del entramado productivo, del abandono de la infraestructura de generación de energía, de los cambios en la red de transporte o en la de comunicaciones, y, desde luego, la pérdida de puestos de trabajo, el desbalance en la distribución del ingreso, etc.

Atender el futuro

Entre 1930 y 1970, aproximadamente, se intentó el camino de la industrialización sustitutiva de importaciones, alcanzando logros notables en sectores como la industria metalmecánica, la automotriz, la electrónica, la farmacéutica. Sin embargo, ya hace algunas décadas que no es viable una estrategia de simplemente cerrarse al mundo, teniendo en cuenta la tecnología, la globalización, los intercambios culturales y demás.

Pero sí sigue siendo válido el criterio de retener el control del propio rumbo y las decisiones que vamos tomando como Nación. En ese sentido podemos pensar en la necesidad de al menos cuidar determinados sectores, estimular la producción en los mismos, incentivar la exportación y la inserción en mercados externos. Esto requeriría medidas de distinto tipo, desde facilidades tributarias, subsidios puntuales, hasta el cuidado por la realización de obras públicas –energía, transporte, comunicación, etc–, la inversión en educación, capacitación, formación de recursos humanos, etc.

La educación de los jóvenes con el horizonte de una futura inserción laboral es tradicional en la Argentina, y la Obra de Don Bosco ha sido protagonista en el pasado de la misma.

La Argentina ya ha sabido exportar tecnología nuclear y satelital, tiene un gran potencial turístico todavía por aprovechar, crece la posibilidad de exportar servicios –diseño y programación de software, servicios profesionales calificados, y demás–. Obviamente, una política de protección a industrias inmaduras debe ir acompañada de plazos de protección, mientras, efectivamente, van madurando, con metas e indicadores previamente estipulados, sin aprovecharse fácilmente de consumidores locales sin alternativas extranjeras a disposición. Debemos reconocer que no siempre se ha cumplido con este aspecto. 

La educación de los jóvenes con el horizonte de una futura inserción laboral es tradicional en la Argentina, y la Obra de Don Bosco ha sido protagonista en el pasado de la misma. El desafío presente pasa en parte por entender los desafíos y oportunidades que comporta la actual economía global y local, para responder con fidelidad carismática y creatividad histórica, atendiendo al futuro de nuestros jóvenes y de la sociedad. 

Educar para el trabajo…

…pero qué trabajo

¿En qué mundo trabajarán los chicos que hoy concurren a nuestras escuelas técnicas? ¿Cómo será la inserción laboral de los estudiantes del Centro de Formación Profesional donde trabajo? ¿Por qué tener una escuela en el medio de un ambiente rural sigue siendo una propuesta válida y necesaria? ¿Cómo será el mundo cuando este estudiante que hoy está en primer año egrese de la escuela secundaria?  ¿Serán estos los temas que “debemos” enseñar para ofrecer las mejores herramientas a nuestros estudiantes?

Parece difícil encontrar respuestas certeras a todas estas preguntas, incluso la tentación puede ser dejar las mismas exclusivamente en manos de quienes diseñan las políticas públicas. El desafío es no dejar de reflexionar sobre las mismas, como profesor, como cuerpo docente, como seguidores de Don Bosco.  

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2026

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