¡Quiero que los misioneros vayan solos, sin ser escoltados por las armas!

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El deseo de Don Bosco y la acción misionera salesiana entre los pueblos originarios.

Por María Andrea Nicoletti e Iván Ariel Fresia, sdb1 //
mariaandreanicoletti@gmail.com y afresia@donbosco.org.ar 

Los salesianos e hijas de María Auxiliadora proyectaron una labor misionera de carácter religioso, educativo y social hacia la población local, tanto indígena como los colonos, mediante obras destinadas a la educación de la juventud, evidenciando una gran capacidad de adaptación al tiempo histórico y a las circunstancias particulares del inmenso territorio argentino. La acción misionera encontró nuevos caminos y sentidos de realización marcando una fuerte preocupación por los más marginales y pobres, los desheredados de la tierra y las víctimas de las campañas militares.

Don Bosco apuntaba a que sus misioneros se establecieran en zonas consideradas de frontera para ingresar cautelosamente en la Pampa y Patagonia, observando el mejor modo de hacerlo y permitiendo que los indígenas se acostumbraran a la presencia misionera con el ingreso de los religiosos a las tribus. La finalidad era acoger a los niños en escuelas, orfanatos y otras actividades y de esa manera llegar a sus padres. Él era consciente de los propósitos del Estado argentino de eliminar a los pueblos originarios mediante el avance inexorable del ejército como parte de la estrategia de la construcción del Estado moderno2.

Por eso, si bien admitió inicialmente el ingreso de los misioneros con las tropas, luego fue reacio a que las misiones se vincularán con la acción violenta de la campaña militar. “¡Quiero que los misioneros vayan solos, sin ser escoltados por las armas! Sino es así será infructuosa su predicación. ¡Sería mejor no ir que hacerlo de esa manera!3, exclamaba Don Bosco en sus Memorias Biográficas

La tensión entre la aceptación y la imposición

La “Campaña del Desierto” como “experiencia histórica compleja” no puede restringirse a una acción específica sino a la suma de “campañas de conquista”4. La ocupación violenta del territorio contó con una serie de dispositivos a fin de borrar la huella de los sobrevivientes tales como la desvalorización de las prácticas culturales indígenas y la sobrevalorización de las de la inmigración europea

El énfasis puesto en los indígenas muertos en el combate por sobre otras muertes -enfermedades, hambre o frío- que diezmaron la población indígena, el cambio de identidad en los registros de nombre en las bases censales y libros parroquiales, la desestructuración de sus propias redes sociales, familiares y tribales, y su reestructuración mediante mecanismos de confinamiento o separación de sus miembros o distribución para el servicio de familias acomodadas, fueron algunas de las medidas. Igualmente, la pérdida de tierras aptas, la legislación, la expansión del mercado de tierras y distribución arbitraria entre miembros prominentes del ejército o entre políticos o comerciantes allegados a la logística de la campaña militar5

El Estado, por medio de la violencia del ejército, sometió a los pueblos originarios con obligaciones y sin derecho alguno. También la Congregación contribuyó indirectamente tanto por medio de sus programas religiosos y los discursos normativos, como a través de la instalación y reiteración de ciertas prácticas misioneras, como el adoctrinamiento catequístico, la administración sacramental y la erradicación de prácticas religiosas indígenas consideradas idolátricas -poligamia, embriaguez, rogativas, entre otras- a subyugar a los pueblos y culturas originarias, ya vencidas.

Don Bosco fue reacio a que las misiones se emparentaran con la acción violenta de la campaña militar.

En este campo se cruzaron las tensiones generadas entre la imposición y la aceptación libre como medio para alcanzar el objetivo de la “conversión” y la “salvación”, bajo un modelo cultural y religioso marcadamente eurocéntrico. Sin abandonar el estereotipo del “salvaje”, los misioneros resignificaron esta imagen, aunque sosteniendo el núcleo duro del modelo, inclinando la balanza hacia la protección, el paternalismo y acción mediadora reforzando la subalteridad aborigen. 

Una voz crítica

Las acciones violentas y los discursos enfrentados entre diversos actores sociales, entre ellos, la Iglesia, el Estado y los empresarios atravesaron los planes de los salesianos y de las Hijas de María Auxiliadora y la puesta en marcha de las misiones en la Pampa central y Patagonia. La imposición religiosa y cultural fue un hecho innegable que ocasionó consecuencias aún hoy palpables. El paternalismo misionero no fue menor al estado de minoridad que pregonaba el Estado Nacional. No sin diferencias y tensiones entre los misioneros, éstos dejaron oír su voz crítica ante la militarización de los territorios, el ejercicio sistemático de la violencia y la muerte cruel de indígenas en combate o por enfermedades, por hambre y frío, que diezmaron la población existente.6

La ocupación violenta del territorio contó con una serie de dispositivos a fin de borrar la huella de los sobrevivientes tales como la desvalorización de las prácticas culturales indígenas y la sobrevalorización de las de la inmigración europea.

El acompañamiento a los pueblos originarios existió y está documentado, como también la intervención de los misioneros y misioneras para salvar vidas7. Lo cierto es que la acción misionera y las técnicas de organización misional en el territorio patagónico muestran que los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora no fueron los causantes del exterminio ni sus ejecutores. Antes bien, los misioneros y misioneras procuraron por todos los medios disponibles la denuncia pública como también ocuparse del cuidado y protección de los sobrevivientes8.


  1. María Andrea Nicoletti es doctora en Historia (Universidad Complutense de Madrid), docente e investigadora superior del CONICET y miembro de ACSSA-A. Iván A. Fresia es doctor en Historia (UNCuyo) y postdoctorado en Ciencias Humana y Sociales (UBA), miembro de ACSSA-A y miembro asociado del Istituto Storico Salesiano (ISS).
  2.  j. bosco, Memorias Biográficas, Tomo XVIII, p. 345
  3. m. a. nicoletti, “La conflictiva incorporación de Patagonia como tierra de misión (1879-1907)”, en: Boletín Americanista 54 (2004): 145-167. 
  4.  d. escolar; c. salomón tarquini y j. e. vezub, “La ‘Campaña del Desierto’ (1870-1890): notas para una crítica historiográfica”, en: f. lorenz (coord.) Guerras en la historia argentina, Buenos Aires: Ariel, 2015, 224.
  5. c. salomón tarquini, Largas noches en La Pampa. Itinerarios y resistencias de la población indígena (1878-1976). Buenos Aires: Prometeo, 2010, pp. 51-52.
  6. m. martinic, En la tierra de los fuegos. Historia. Geografía. Sociedad. Economía, El Porvenir (Chile): Artegraf, 1982, p. 32.
  7. m. a. nicoletti, “Los misioneros salesianos y la polémica sobre la extinción de los selk’nam de Tierra del Fuego”, en: Anthropologica, AÑO XXIV, N. 24, diciembre de 2006, pp. 153-177
  8.  m. a. nicoletti – i. a fresia, “Breve relación de las misiones de la Patagonia hecho el 29 setiembre de 1887. El militarismo patagónico. El General Villegas por el salesiano Antonio Ricardi”, en: Corpus, Vol 4, No 1 (2014) [En línea: http://corpusarchivos.revues.org/688; DOI:10.4000/corpusarchivos.688]

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – OCTUBRE 2023

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