La acción salesiana por la paz en Medio Oriente.
Por Ezequiel Herrero y Valentina Costantino
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“Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar. (…) Suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin. Esto es un mundo al revés, una distorsión de la creación de Dios que toda conciencia recta debe denunciar y repudiar, eligiendo una vuelta en “U” –la conversión– que conduce en la dirección opuesta (…). El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios. Son la descendencia de Abraham, tan incontable como las estrellas del cielo y los granos de arena en la playa del mar.” Así se expresaba el papa León XIV en su reciente visita a Camerún, donde además recordaba que según en Evangelio son “Bienaventurados los que trabajan por la paz”.
El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios.
Una vez más, como desde el inicio de su pontificado, León XIV realizaba un llamado a la paz. Y lo hacía en un contexto internacional atravesado por una creciente espiral de violencia que parece no detenerse, particularmente en Medio Oriente.
Poder ver casi en vivo a través de los medios de comunicación y las redes sociales misiles cayendo sobre edificios, devastando ciudades enteras, al tiempo que miles de familias son obligadas a abandonar sus hogares, nos acerca más a la realidad de una guerra que impacta no solo por el precio del petróleo.
Puede ser que en estas latitudes resulte difícil imaginar la vida en esos contextos. Sin embargo, la Obra de Don Bosco también está presente en Medio Oriente, y su director, el cooperador salesiano Joe Atallá, compartió un breve testimonio sobre lo que él y tantos otros están viviendo por estas horas.
La Obra de Don Bosco en Medio Oriente
“Cuando los niños deben huir de su hogar, no es solo un país el que está en guerra, es la humanidad entera la que se pone a prueba –escribe Atallá desde el Líbano, un país que una vez más, se encuentra atravesado por la guerra–. Desde que esta comenzó nuestro día a día ha cambiado. Las noches son más largas, las noticias son más pesadas y la incertidumbre forma parte ahora de la vida de cada familia”.
Pero en medio de todo esto, también hay algo extraordinario. “Cada día recibimos llamadas de todo el mundo: amigos, socios, comunidades salesianas, cooperadores salesianos que nos escriben, nos llaman, nos envían mensajes y nos preguntan simplemente: ¿cómo están? ¿Qué podemos hacer por ustedes?”.
Él, al igual que tanta gente alrededor del mundo, se hace una pregunta sencilla, pero profunda: “si la humanidad es capaz de tanta solidaridad, ¿por qué existe aún la guerra?”.
“En nuestro centro, donde acogemos constantemente a personas desplazadas, hay entre ellas más de treinta niños que han dejado sus casas, sus escuelas, sus pueblos y que llegan aquí con nada. Pero cuando les miras a los ojos, todavía se ve algo inestimable: la alegría de vivir. Juegan, ríen, corren a pesar de todo. Y al mirarlos, uno se pregunta cómo explicarle la guerra a un niño. Cada día paso tiempo con nuestro equipo, –profesores, educadores, profesionales, equipo psicosocial– y a menudo surge la misma pregunta: ¿por qué otra vez? ¿Por qué nuestro país debe revivir estas pruebas? ¿Por qué nuestros sueños deben detenerse de nuevo? Desde principios de año habíamos empezado a construir muchos proyectos. Hoy, muchos están suspendidos, detenidos por una guerra que carece de sentido humano”.
La guerra siempre trae consigno el desplazamiento forzado de miles de personas, sobre todo niños y mujeres que deben dejar sus hogares. “Detrás de estas cifras hay rostros, historias, vidas trastornadas. –comparte Joe Atallá, quién conoce esas historias de primera mano– Madres que buscan un lugar seguro para sus hijos, personas mayores que dejan una casa que construyeron durante toda una vida. Jóvenes que se preguntan qué futuro les puede ofrecer todavía su país.
Mientras queden manos para acoger y corazones para esperar, la guerra nunca tendrá la última palabra.
La situación es compleja. Las opiniones están divididas. Las posiciones políticas son a veces confusas. Las tensiones atraviesan la sociedad. Pero más allá de todo eso, queda una realidad simple: hay compatriotas que necesitan ayuda. Necesitan ser acogidos, protegidos, acompañados. Reaccionamos de inmediato a pesar del miedo, de las preguntas, del cansancio. Porque mientras queden manos para acoger y corazones para esperar, la guerra nunca tendrá la última palabra”.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MAYO 2026



