Toda mi vida está en Vos

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La contraseña

Son dos o tres momentos
en que vengo distraído
y me animo a bajar la guardia.

Son como esos regalos
los más lindos, de sorpresa,
que te aflojan las piernas y el alma.

La contraseña (la contraseña)
del corazón (tu corazón)
es esa llave… que abre tu don.

En silencio frente a Vos
con todo lo que llevo adentro.
Ya no hay palabras: sólo siento
que toda mi vida está en Vos.

Volvemos cada tanto
como la voz vuelve al canto
a lugares que nos dieron vida.

A tiempos de encuentros,
a los llantos que liberan,
a las manos que curan heridas.

(…) En silencio frente a Vos
con todo lo que llevo adentro.
Ya no hay palabras: sólo siento
que nunca más ya sólo estoy.

Te miro desde el patio
te rezo cada mañana
te encomiendo mi día y mi vida.

Y se que entre las risas
pelotazos y mateadas
das tus vueltas, como suave brisa…

(fragmento)

Autor: Alejandro Fernández

Por Mariana Montaña
marianammm@gmail.com

Todos sabemos que olvidar la contraseña de alguna aplicación digital, correos o bancos es un problema complejo de solucionar porque, principalmente, lleva tiempo recuperarla. Están los que se anotan todo en la tradicional agenda de papel, y los que la pierden cientos de veces y la vuelven a modificar aún bajo amenaza de que no volverá a suceder. Parecería que las contraseñas son muy difíciles de retener. Algo tan sencillo nos representa, tiene que ver con nuestras elecciones y gustos, aunque lleve letras y números aparentemente incoherentes, es un código fácil. De tan sencillo, nos descuidamos y confundimos la clave.

Algo así nos puede pasar con la oración, aún habiéndola practicado cientos de veces, llega un momento en el cual nos olvidamos cómo ingresar. ¿Cuál era la clave para empezar? ¿Cómo arranco?

Esta canción menciona a alguien que sabe todas las maneras de ingresar a nuestro corazón, al de cada uno, en la oración o en la acción desmedida, en el momento de paz o de más ruido. Esa persona que me refresca el código cuando estoy un poco perdido, un poco descuidada. Durante la primera parte de la canción podemos ubicar allí a la persona amada, cada uno sabrá a quién. Pero después se nos revela Ella, la que aparece como “suave brisa”, la que veo desde el patio, María Auxiliadora.

Es esa llave que abre tu don. Veníamos acostumbrándonos a un mundo donde todo se aceleraba cada vez más. Cada vez se hacía más difícil identificar nuestro potencial en cada uno de esos lugares. Quizá un espacio de encuentro era en la oración. Tal vez hoy, en otras condiciones socioculturales, tenemos más posibilidades de abrir nuestro tesoro, ese don que nos fue dado para multiplicar nuestras habilidades y ponerlas al servicio.

En silencio frente a vos. El misterio de ese “silencio fértil” nos provoca a quedarnos donde el acercamiento es mayor, donde me sienta próximo a otros, donde cada vez se reafirme mi “yo”, esos pequeños momentos de lazos profundos son quizá los más fecundos en tiempos de confinamiento y dudas. Tengo “la contraseña”: ahí me quedo.

BOLETÍN SALESIANO – MAYO 2021

Toda mi vida está en Vos

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La contraseña

Son dos o tres momentos
en que vengo distraído
y me animo a bajar la guardia.

Son como esos regalos
los más lindos, de sorpresa,
que te aflojan las piernas y el alma.

La contraseña (la contraseña)
del corazón (tu corazón)
es esa llave… que abre tu don.

En silencio frente a Vos
con todo lo que llevo adentro.
Ya no hay palabras: sólo siento
que toda mi vida está en Vos.

Volvemos cada tanto
como la voz vuelve al canto
a lugares que nos dieron vida.

A tiempos de encuentros,
a los llantos que liberan,
a las manos que curan heridas.

(…) En silencio frente a Vos
con todo lo que llevo adentro.
Ya no hay palabras: sólo siento
que nunca más ya sólo estoy.

Te miro desde el patio
te rezo cada mañana
te encomiendo mi día y mi vida.

Y se que entre las risas
pelotazos y mateadas
das tus vueltas, como suave brisa…

(fragmento)

Autor: Alejandro Fernández

Por Mariana Montaña
marianammm@gmail.com

Todos sabemos que olvidar la contraseña de alguna aplicación digital, correos o bancos es un problema complejo de solucionar porque, principalmente, lleva tiempo recuperarla. Están los que se anotan todo en la tradicional agenda de papel, y los que la pierden cientos de veces y la vuelven a modificar aún bajo amenaza de que no volverá a suceder. Parecería que las contraseñas son muy difíciles de retener. Algo tan sencillo nos representa, tiene que ver con nuestras elecciones y gustos, aunque lleve letras y números aparentemente incoherentes, es un código fácil. De tan sencillo, nos descuidamos y confundimos la clave.

Algo así nos puede pasar con la oración, aún habiéndola practicado cientos de veces, llega un momento en el cual nos olvidamos cómo ingresar. ¿Cuál era la clave para empezar? ¿Cómo arranco?

Esta canción menciona a alguien que sabe todas las maneras de ingresar a nuestro corazón, al de cada uno, en la oración o en la acción desmedida, en el momento de paz o de más ruido. Esa persona que me refresca el código cuando estoy un poco perdido, un poco descuidada. Durante la primera parte de la canción podemos ubicar allí a la persona amada, cada uno sabrá a quién. Pero después se nos revela Ella, la que aparece como “suave brisa”, la que veo desde el patio, María Auxiliadora.

Es esa llave que abre tu don. Veníamos acostumbrándonos a un mundo donde todo se aceleraba cada vez más. Cada vez se hacía más difícil identificar nuestro potencial en cada uno de esos lugares. Quizá un espacio de encuentro era en la oración. Tal vez hoy, en otras condiciones socioculturales, tenemos más posibilidades de abrir nuestro tesoro, ese don que nos fue dado para multiplicar nuestras habilidades y ponerlas al servicio.

En silencio frente a vos. El misterio de ese “silencio fértil” nos provoca a quedarnos donde el acercamiento es mayor, donde me sienta próximo a otros, donde cada vez se reafirme mi “yo”, esos pequeños momentos de lazos profundos son quizá los más fecundos en tiempos de confinamiento y dudas. Tengo “la contraseña”: ahí me quedo.

BOLETÍN SALESIANO – MAYO 2021

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