El trabajo de los salesianos para asegurar el acceso a un bien indispensable para la vida.

Por: Alberto López Herrero
Boletín Salesiano de España
Las intensas lluvias que a lo largo del año han marcado a distintos países del mundo han vuelto a situar el agua en el centro de nuestras conversaciones y preocupaciones.
Los episodios de lluvias persistentes ocasionan crecidas de ríos, inundaciones en zonas urbanas y rurales y alteraciones en la vida cotidiana de miles de personas. En algunos casos, incluso, es necesario desalojar viviendas por seguridad. El agua, cuando se desborda, muestra toda su fuerza y su capacidad de causar graves daños.
Sin embargo, mientras en ciertas regiones tratamos de gestionar el exceso, en gran parte del mundo el problema sigue siendo justo el contrario: la escasez extrema de agua limpia y segura. Una necesidad silenciosa que también causa sufrimiento, enfermedades y muerte.
Esta realidad nos invita a reflexionar, porque el acceso al agua potable no debería ser un privilegio, sino un derecho humano esencial. Aunque el 70% de la superficie del planeta está cubierta por agua, solo el 2,5% es dulce y apenas una mínima parte está disponible para el consumo humano. Hoy, más de dos mil millones de personas no tienen acceso seguro a agua potable en sus hogares y cerca de tres mil millones carecen de servicios básicos de saneamiento e higiene.
Más de dos mil millones de personas no tienen acceso seguro a agua potable en sus hogares y cerca de tres mil millones carecen de servicios básicos de saneamiento e higiene.
Romper el círculo
Las consecuencias de la falta de agua son devastadoras, especialmente para la infancia. Cada día, alrededor de mil niños y niñas menores de cinco años mueren en el mundo a causa de enfermedades relacionadas con el consumo de agua insalubre. Pero el impacto va mucho más allá de la salud: la escasez de agua roba tiempo, oportunidades y futuro.
Amina y Safiya, de 11 y 12 años, lo saben bien. Viven en una pequeña aldea de Togo y, como millones de niñas en el mundo, dedican varias horas cada día a caminar kilómetros para conseguir agua. Cargan baldes de hasta veinte litros sobre la cabeza y regresan exhaustas a casa. Ese esfuerzo cotidiano les impide asistir con regularidad a la escuela y las condena a repetir el mismo ciclo de pobreza que afecta a sus familias. La falta de agua potable no solo pone en riesgo su salud: les arrebata el derecho a la educación y a una infancia plena.
La falta de agua potable no solo pone en riesgo su salud: les arrebata el derecho a la educación y a una infancia plena.
“Cuando no llueve, los animales mueren, las cosechas se pierden y las familias se quedan sin recursos. La situación se vuelve crítica, especialmente para los bebés”, explican los misioneros salesianos desde Chad. Un testimonio que, por desgracia, se repite con distintos rostros y acentos en numerosos países.
Sin agua no hay salud, pero tampoco educación ni desarrollo. Por tanto, garantizar el acceso al agua potable es una condición imprescindible para romper el círculo de la pobreza.
Una red que construye
Por eso, el trabajo en favor del acceso al agua potable es una prioridad constante para la Familia Salesiana. En los últimos años se han impulsado proyectos de perforación de pozos, sistemas de canalización, tratamiento de aguas, construcción de letrinas, mejora de las condiciones sociosanitarias. Estas iniciativas han permitido a miles de familias, en más de un centenar de países, acceder por primera vez a agua limpia y segura.
En los últimos años la Obra Salesiana ha impulsado en distintos lugares del mundo, proyectos de perforación de pozos, sistemas de canalización, tratamiento de aguas, construcción de letrinas y mejoras de las condiciones sociosanitarias.
Namibia, Tanzania, Burundi, Togo, Etiopía, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo, Haití o Vietnam son solo algunos de los lugares donde estos proyectos se han hecho realidad. Con inversiones relativamente pequeñas se salvan vidas, se reduce la mortalidad infantil y se facilita que niños y niñas puedan ir a la escuela en lugar de pasar el día buscando agua.
Y es que el origen de la vida se encuentra en el agua y es clave para el desarrollo humano. En un mundo marcado por fenómenos extremos –sequías prolongadas en unos lugares, lluvias torrenciales en otros– resulta urgente avanzar hacia una gestión más justa y sostenible de este recurso, porque el agua no puede ser un lujo, sino un derecho universal.
Acompañar, proteger, educar y ofrecer esperanza también pasa por algo tan concreto como garantizar que ningún menor tenga que recorrer kilómetros para beber agua limpia y potable. Y en ese camino, la colaboración de todos sigue siendo imprescindible.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JUNIO 2026
