“¿Qué espera la vida de mí?”

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La vocación: el sentido único que da coherencia a todas nuestras acciones.

Por: Federico Calleja, sdb

Boletín Salesiano de España

Vivir la vida como una vocación implica emprender un viaje de autodescubrimiento

para encontrar ese sentido único que da coherencia a todas nuestras acciones.

La palabra vocación proviene del latín vocare, que significa ‘llamar’. Lejos de limitarse a una elección profesional, la idea de “la vida como vocación” nos invita a una comprensión mucho más profunda y radical de nuestra existencia. No se trata de lo que hacemos, sino de quiénes estamos llamados a ser en el mundo. Es la conciencia de que nuestra vida no es una simple cadena de eventos o una tarea impuesta, sino una respuesta personal a una llamada inherente a nuestro ser.

El descubrimiento del sentido único

Vivir la vida como una vocación implica emprender un viaje de autodescubrimiento para encontrar ese sentido único que da coherencia a todas nuestras acciones. El filósofo Viktor Frankl, en su logoterapia, nos ayuda a ver que la principal motivación humana es la búsqueda de significado. Esta perspectiva vocacional transforma la existencia: pasamos de preguntarnos “¿qué me ofrece la vida?” a cuestionarnos “¿qué espera la vida de mí?”.

El objetivo es alinear nuestra identidad más auténtica con la contribución que ofrecemos al mundo.

Esta llamada no es estática; se revela y evoluciona a lo largo de los distintos aspectos de nuestra vida. Puede manifestarse en una profesión, sí, pero también en la dedicación a la familia, en un compromiso social, en el desarrollo de un talento, o en la simple manera en que elegimos afrontar las dificultades cotidianas. El objetivo es alinear nuestra identidad más auténtica con la contribución que ofrecemos al mundo.

Un proceso de resistencia y entrega

Abrazar la vida como vocación requiere valentía y escucha. Valentía para ir a veces a contracorriente de lo que la sociedad o las expectativas externas nos dictan. Y escucha para sintonizar con esa brújula interior que señala el camino de la plenitud.

La vocación es el punto de encuentro perfecto entre aquello que nos hace sentir más vivos y aquello que el mundo más necesita de nosotros.

Implica un compromiso continuo con el crecimiento personal y la entrega. Cuando una persona vive su vocación, no sólo encuentra satisfacción y alegría, sino que también ejerce la forma de servicio que le es más natural y apropiada. La vocación, al final, es el punto de encuentro perfecto entre aquello que nos hace sentir más vivos y aquello que el mundo más necesita de nosotros. Es el arte de vivir, no solo consumiendo la vida, sino creándola en cada momento.

¿Qué espera la vida de vos?

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – ENERO 2026

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